Bear, 1993, de Steve McQueen



Schaulager, situado en el barrio de St. Jakob, a las afueras de Basilea, comenzó a gestarse en torno al año 2002 para albergar los fondos de la fundación Emanuel Hoffmann. La propia institución pronto quiso dejar claro que no se quería crear un nuevo museo, aunque tampoco sería un mero almacén de obras de arte. Vendría a ocupar más bien un lugar fronterizo entre la investigación y gestión de los fondos y los dispositivos de exposición, algo que pudo confirmarse en 2003, cuando echó a andar lo que hoy se considera uno de los programas de exposiciones más memorables de cuantos se han dado en Europa en la última década. Schaulager se colocó muy pronto a la vanguardia de las instituciones europeas por su manera de concebir estos proyectos, por los montajes extraordinarios que urdieron y por la calidad de sus publicaciones.



La primera exposición fue la dedicada a Dieter Roth y a ella siguieron proyectos extraordinarios dedicados a artistas como Jeff Wall, Rober Gober (maravilloso), Tacita Dean, Francis Alÿs o Matthew Barney. Ahora, tras el proyecto algo dubitativo del pasado año (Schaulager salió al encuentro del publico en Messeplatz, el lugar donde tiene lugar la feria de Basilea), vuelven por sus fueros con una exposición que se prevé absolutamente epatante, la organizada en torno al artista londinense Steve McQueen (1969), uno de los creadores que con mayor tino viene reflexionando sobre la imagen en movimiento. Organizada junto al Arts Institute de Chicago, donde ha podido verse este invierno, la exposición es la más amplia realizada hasta la fecha en torno al artista y reúne una veintena de trabajos entre vídeos y películas así como fotografías y material documental.



Deadpan, 1999

La carrera de McQueen ha tenido varios momentos álgidos. En 1999 ganó el premio Turner por su obra Deadpan, un vídeo en el que traza un homenaje a Buster Keaton (precisamente estos días se ha inaugurado en Hamburgo la exposición Fail better, siguiendo a Beckett, en la que está Deadpan incluida). Es una oda al cine de los años veinte, sin sonido y sin color, en el que el personaje sale sorprendente ileso de una situación rocambolesca y absurda que tiene su eco en la mítica Steamboat Bill Jr. de Keaton.



Apenas rebasada la treintena, Documenta 11 le encumbró definitivamente con la inclusión de otras dos películas, Carib's Leap y Western Deep, que funcionan muy bien juntas ya que versan sobre el espinoso asunto de la opresión aunque se centran en momentos históricos muy distintos. Si la primera se remonta al siglo XVII cuando indígenas caribeños prefirieron regalar sus vidas a caer en manos de los colonizadores franceses, la segunda se centra en los explotados de una mina de oro surafricana, la más profunda del mundo. A ese fondo irrevocable desciende también la mirada, cautivada ahora por un lenguaje visual y sonoro (la música es, sencillamente, estremecedora).



El cine de McQueen abraza los modelos documentales y narrativos con elocuencia y naturalidad. Toda su obra está dirigida a explotar la experiencia. Pero no todo es cine en esta estupenda retrospectiva. También incluye el proyecto que realizó cuando fue designado artista oficial de guerra (oficcial war artist) por el ejercito británico en Irak. El proyecto contiene un poso de fracaso pues lo que quería hacer McQueen era una película, pero la circunstancias, el escaso tiempo que permaneció "empotrado" en el frente abierto por los británicos no le permitieron realizarla. Presentado más tarde en la Biblioteca de Manchester, For Queen and country es un gran mueble del que se extraen vitrinas con sellos que conmemoran a los caídos en Irak, una obra imponente en su forma y en la poderosa épica de su contenido.



Western Deep, 2002

McQueen realiza alternativamente intervenciones en el ámbito del cine comercial y participa en grandes exposiciones de arte contemporáneo. Buen ejemplo de esto es lo producido entre 2008 y 2009. En su primer feature film, Hunger, el británico obtuvo el aplauso internacional en el Festival de Cannes por una película sobre los presos del IRA en los ochenta. El ritmo de la narración, la poética de las imágenes, la exploración del espacio fílmico, el tempo… Comprendimos que no nos hallábamos ante un cineasta al uso.



El año siguiente, El British Council lo designó para representar a Gran Bretaña en la Bienal de Venecia y el resultado fue una sensacional pieza de 40 minutos en la que se pregunta qué ocurre en los Giardini de Venecia cuando no ocurre la Bienal, el evento al que en cada edición acuden hordas de profesionales, aficionados y turistas. McQueen se desmarca de toda la pompa y proyecta una imagen melancólica y lánguida de los Jardines. Perros abandonados recorren el recinto, crece la mala hierba, que trepa por los muros de los pabellones desconfigurando la imagen emblemática que atesoran durante la Bienal. Es una imagen romántica, en las antípodas de esa de la plaza de San Marcos, atestada de turistas hambrientos de imágenes complacientes.



Exodus, 1992-1997

La exposición que inaugura en Schaulager tiene, como todas las anteriores, un estudiado montaje para acoger un tipo de obra que siempre entraña una dificultad añadida, pues el cine de McQueen, tan pendiente siempre de extraer el mayor nivel de experiencia del espectador, no puede obviar que no deja de ser un dispositivo de narración. Así, los tamaños de las pantallas y su relación con las proporciones de las salas son asuntos que McQueen cuida con detalle. No hay que olvidar que no es lo mismo asistir a ese plano eterno de Hunger en el que los dos personajes mantienen una vibrante conversación en la sala de visitas de la cárcel, que ver la caída a ese infierno de oro en la mina surafricana, apoyado en la enorme carga estética de las imágenes.



La exposición podrá verse hasta el próximo mes de septiembre y será una de las visitas obligadas para los que vayan a la feria de Basilea en junio.