The Encounter, 2011



Adrian Paci (1969) irrumpió en la escena del arte contemporáneo internacional a finales de los años noventa tras estudiar en Tirana bajo la tutela del profesor Edi Rama, un personaje que debemos considerar fundamental en la formación de no pocos artistas en Albania pues también contribuyó a modelar los primeros pasos de quien es quizá el artista más reconocible del país, Anri Sala. Paci empezó fuerte, pues representó a su país en Venecia en 1999, y desde entonces se ha mantenido en la vanguardia del mejor arte europeo desde el cambio de siglo. Hoy, afincado en Milán, pasea su trabajo por los mejores foros de las dos orillas del Atlántico y tiene obra en colecciones de prestigio como las del MoMA, el Pompidou o la Kunsthaus de Zurich. Ahora se presenta en el Jeu de Paume de París una exposición retrospectiva que cubre toda su trayectoria con algunas de sus piezas tempranas más emblemáticas y nuevos trabajos, uno de ellos realizado de forma específica para esta cita parisina.



The Column, 2013

Su trabajo es uno de los mejores reflejos del arte realizado en la Europa del Este, aunque el suyo no está siempre ligado de forma explícita a la deriva política de los países comunistas. Es, más bien, un tratamiento tangencial y metafórico que apela más a las consecuencias vitales del desplazamiento forzado, al trauma de la memoria, a la necesidad de forjar una identidad en el marco del desmembramiento ideológico... En la línea que separa la tradición de la apertura hacia los rigores del presente, el individuo y el colectivo definen la frágil realidad de la existencia. Es una obra de contenido biográfico, pues él mismo vivió la amarga experiencia del éxodo a finales de los noventa, cuando su familia se trasladó a Italia huyendo del turbio clima sociopolítico de su país.



El recorrido de la muestra no atiende a parámetros cronológicos. La primera obra que recibe al visitante es de 2011, The Encounter, un trabajo en vídeo de unos veinte minutos de duración en el que el propio artista se sienta en una silla en la plaza de un pueblo siciliano, Scicli, fuertemente connotado arquitectónicamente (hay una iglesia clásica y el aspecto del pueblo permite pensar que en él se han librado las grandes gestas de una cultura milenaria). Paci aguarda la llegada de los vecinos, a quienes saluda individualmente en un gesto de lo más corriente que, sin embargo, no puede resultar más enigmático. ¿A qué se debe esta procesión en la que el individuo se enfrenta fugazmente a la comunidad en tan tenso e hipnótico ritual? Hay algo de desnudamiento en el acto performativo de Paci, como un empezar de cero en el que se cifran las expectativas del recién llegado.



La segunda sala en la exposición muestra trabajos de diferentes momentos de su trayectoria, enhebrados también por la poética del ritual. Ya en 2002, al comienzo de su carrera, flirtea con la muerte en el vídeo Vajtojka, una ficción que representa el funeral del propio artista y su posterior resurrección (sobrevuela el trabajo la sombra de Gino de Dominicis, artista conceptual italiano que simuló en repetidas ocasiones su propia muerte). En la mayoría de las obras de Paci asistimos a la impertérrita centralidad del sujeto, ya sea individual o colectivo, asunto obsesivo y turbador. ¿Cómo no liberarse de esta idea frente al vídeo Centro di Permanenza Temporanea, una escalera de avión llena de pasajeros que tratan de acceder a ninguna parte y que permanecen anclados en un limbo espaciotemporal sin solución aparente? Es este uno de los trabajos emblemáticos del artista, uno de los que mayor atención ha concentrado desde su presentación en 2007. Esa idea de tránsito que evoca el título de la exposición, Vies en transit (Vidas en tránsito), es evocada aquí con claridad meridiana, elevado a la categoría de icono.



Los extraordinarios trabajos en torno a la Trilogía de la Vida de Pier Paolo Pasolini pueden verse en la siguiente sala. Dos son las principales características de este conjunto de obras. La primera es la identificación de Paci con el cineasta italiano a través de un interés de corte antropológico por la especie humana, por la propensión de Pasolini a la descripción minuciosa de los personajes, en su mayoría grotescos y marginales, que ocupan en sus películas esa idea de centralidad, esa naturaleza icónica a la que Paci es igualmente afín. La segunda es la relación entre la pintura y la imagen en movimiento. Paci se formó en el ámbito de la pintura, disciplina que, si bien no es del todo frecuente en su obra de los últimos años, sí ocupa un lugar importante en su imaginario estético. El diálogo entre la bidimensionalidad y la organización espacial del lenguaje pictórico y las cualidades narrativas del vídeo y el cine se encuentran en el centro de los intereses del artista albanés.



Centro di Permanenza Temporanea, 2007

También en esta sala puede verse otra de sus obras más aclamadas, el vídeo Electric Blue, de 2010, que nos sitúa, de nuevo, en un escenario de tintes biográficos en el que la alusión al declive político de su país está presente, sí, pero en el que se imponen cuestiones de más hondo calado como el deambular familiar en la asfixiante pobreza albanesa y la urgencia por superar la precariedad reinante, asuntos que enraízan en lo vital y lo universal.



Tras una sala en la que conviven trabajos de diferentes épocas y medios diversos como las acuarelas de la serie Passages, que vuelven a explorar la relación entre pintura e imagen en movimiento (están realizadas a partir de capturas de la televisión), o los vídeos Piktori y Klodi, llegamos a la sala final de la exposición en la que se muestra el trabajo que Adrian Paci ha realizado ex profeso para el Jeu de Paume. Se trata de un video titulado The Column que narra el tránsito de un bloque de mármol desde una cantera en China hasta Italia, adonde llega ya convertida en columna tras ser desbastada en el trayecto. La columna resultante puede verse en el exterior del edificio del Jeu de Paume. Paci narra una idea de desplazamiento que es central en toda su obra, pero además vierte nociones relativas a la economía globalizada y a la tradición y la historia, un recorrido en el que se adivinan, también, patrones pertenecientes a una historia con minúsculas, la suya, que corre paralela a esa otra, normativa y excluyente, que ha modelado la carrera de Paci y de tantos otros artistas de su generación y contexto geográfico.