Molde en yeso de la silueta de una víctima de la erupción.
La muestra recrea una de las mayores catástrofes naturales de todos los tiempos -de ello se encargan, por ejemplo, las 36 pantallas de vídeo que envuelven al espectador con una simulación audiovisual o la reconstrucción de la "Via dell'Abbondanza", que atravesaba la ciudad- y la vida cotidiana de los habitantes de Pompeya en la época del desastre -año 79 d.C.-, porque, paradójicamente, lo que no fue destruido por el fuego y la lluvia de toneladas de piedra volcánica en 48 horas de agonía, fue perfectamente preservado para la posteridad por una capa de siete metros de ceniza, incluyendo a muchos de los 5.000 habitantes que perecieron, "inmortalizados" en su última pose.
Lo que apenas se conoce es que diecisiete siglos después de la erupción del Vesubio, fue Carlos III -y VIII de Nápoles- el artífice del descubrimiento y estudio de los restos sepultados por la catástrofe en el área de Campania -Herculano y Estabia, además de Pompeya-. Apodado el "rey arqueólogo", impulsó y financió las excavaciones así como la creación de academias y museos para el estudio y divulgación de lo que sigue siendo el mayor yacimiento arqueológico del mundo, y propició que las piezas se conservaran en su lugar de origen. También enfocó su pasión por la arqueología a la España romana -bajo su reinado se inició el estudio del yacimiento de Itálica, en Sevilla- y árabe y a los yacimientos americanos.
Anillo de Carlos III hallado en las excavaciones de Pompeya
La "congelación" volcánica que sufrió la ciudad ha permitido conocer en los últimos siglos muchos detalles de la vida privada de los habitantes de Campania, así como la distribución de las estancias de las casas, y a este particular se dedica otra parte de la muestra, que presenta ejemplo como las casas del Brazalete de Oro, de los Castos Amantes, del Cirujano y la Villa de los Papiros, al igual que se explica cómo eran las actividades de ocio y comercio en la ciudad.
Entre las piezas estrella de la exposición figuran un retrato de Hipólito y otro de una mujer joven, conocida como la "Gioconda pompeyana", procedentes ambas de frescos, al igual que la imagen de una ciudad portuaria; una estatua en bronce de un corredor, dos en mármol de Marco Holconio Rufo y de Apolo, un mosaico que representa el sacrificio de Ifigenia, un yelmo de gladiador, un pan carbonizado, el "efebo de Antequera", procedente del museo municipal de la ciudad malagueña, y un molde en yeso de un hombre muerto en una escalera.
