Reconstrucción virtual del Templo Blanco de Uruk, tal como debía mostrarse a mediados del IV milenio
En Antes del diluvio, unas 400 piezas procedentes de colecciones internacionales pondrán de relieve el periodo y la posterior influencia que ha tenido en la cultura del Próximo Oriente. No obstante, recuerda el comisario, el arquitecto y catedrático de Estética Pedro Azara, la exposición también incluye obras actuales que revelan qué imagen tenemos hoy de una cultura desconocida. "Además, el visitante podrá ver vídeos, fotografías, películas que rodamos el año pasado en Irak, tres obras contemporáneas, maquetas, una proyección en 3D, una animación para niños... Pero el grueso es material arqueológico, un material que, además, no se separa de la parte multimedia", señala Azara. En efecto, el objetivo es que el proyecto pueda tener "varios niveles de lectura", que pueda fascinar al gran público y despertar el interés de los estudiantes y expertos, pues la reunión de piezas es insólita.
Cabeza de una orante. 2900-2334 a.C.
Todas ellas configurarán una imagen muy completa del arte mesopotámico que huye de los clichés sobre la antigüedad y que evita ser el típico montaje expositivo centrado en la noción de tesoro o con tono efectista. Al contrario, la mayoría de las piezas son de barro, las piedras suelen ser semipreciosas, porque los materiales más duros procedían del intercambio. En cambio, esta fragilidad no le resta esplendor a una colección de obras supervivientes que fueron creadas para los dioses y que, además, conservan una apariencia extraordinariamente moderna: "Su gestualidad tiene sentido hoy. Por ejemplo, la piedad se representaba igual entonces que ahora", aporta el comisario.
