Lara Almarcegui frente a una de sus obras. Fotografía: Aaad Joogendoom.
Llega a Móstoles, al CA2M, proponiendo otra de sus expediciones, aunque esta vez, bajo tierra y en formato libro. Madrid subterráneo es el nuevo proyecto de Lara Almarcegui que vemos junto a un repaso por muchos de sus últimos proyectos. La otra crónica de la ciudad.
Aún así, lo que más tiene Lara Almarcegui en sus estanterías son guías de lugares raros de Rotterdam, de ahí entendemos su pasión por los manuales: "guía de edificios de almacenes portuarios; guía de flora silvestre que crece en las paredes de los canales; guía de búnkers; guía de arquitectura moderna, o mi preferida, la guía de plantas extranjeras y bastardas que se han desarrollado en el puerto, que siempre compro, regalo y vuelvo a comprar. Igual ya van seis veces. Aunque lo más especial es una colección de unos diez libros de infraestructuras de subterráneos de ciudades diferentes, singular por lo difíciles de encontrar", añade.
A varios metros bajo tierra
Su último proyecto suma un título más a esa colección de subsuelos en formato libro. Es Madrid subterráneo y da título, también, a la exposición inaugurada ayer en el CA2M comisariada por Manuel Segade, que ofrece, además, un repaso por toda su producción. "Es un libro que responde a la pregunta: ¿qué hay bajo mis pies si hago un corte hacia abajo? Me interesa lo que está escondido, y saber si se trata de un negativo de la ciudad o sólo de su base técnica. Lo que encontramos son geología, ríos y aguas subterráneas, canalizaciones, cloacas, túneles de metro y tren, pasadizos y carreteras, búnkers y refugios de la Guerra Civil o la Guerra Fría, sótanos domésticos, cajas de caudales, restos de arqueología...-Y, ¿cómo es Madrid bajo tierra? ¿Alguna sorpresa?
-El suelo de Madrid me sorprende mucho porque siempre lo imaginé de roca dura, como corresponde en el imaginario a una capital de la meseta. Por el contrario, el suelo está lleno de arenas, arcillas y aguas que se caen hundiéndose por todas partes, mezcladas con montones de escombros de toda la ciudad.
-¿Es más lógico el espacio subterráneo que el que habitamos en la superficie?
-Se suele buscar una explicación lógica a la existencia de un túnel pero, en realidad, es como un edificio: un espacio que se ha construido por varios motivos y ha servido para muchos usos que cambian a lo largo de la historia. Hay tantos motivos lógicos para construir bajo tierra como para hacerlo en vertical.
-Una de sus primeras construcciones fue la de un huerto urbano junto a su casa de Rotterdam, Convertida en una hortelana (1999-2002). ¿A qué lectura de la ciudad le llevó?
-Mi visión de Rotterdam era la de una ciudad en la que arquitectos y constructores han fijado todo el espacio, y en la que a los habitantes sólo nos quedaba 'rellenar' ese espacio construido con objetos que compramos el fin de semana cuando libramos del trabajo. Frente a eso hay unos 5.000 hortelanos que no siguen las reglas del juego y construyen su propio espacio. Un fenómeno social masivo que consiste en hacerlo todo uno mismo sin intermediarios. Algo así como un trabajo que no aliena porque lo haces para ti pero, a la vez, es algo que no se acaba nunca, un proceso: no se cultiva un huerto para generar la 'gran lechuga' sino por el placer de la actividad en sí misma.
-No es el primero de sus proyectos que habla sobre especulación e intereses económicos. También están las guías sobre los efectos de los Juegos Olímpicos en el entorno urbano...
-Los Juegos Olímpicos son una estrategia turística, un proyecto mediático temporal que amenaza y arrasa espacios naturales. Son el prototipo de lo peor en urbanismo. Por eso en los últimos años, de forma concienzuda, me dedico a ver qué están haciendo en estos proyectos y qué se van a cargar. En Londres localicé doce terrenos maravillosos que desaparecerán con el desarrollo urbano posterior a las Olimpiadas. Hablar de ellos antes de que desaparezcan es para mí un acto político imprescindible. Lo mismo que con los terrenos amenazados por la candidatura a los Juegos en Roma. Ahora estoy intentando adelantarme...
-¿Qué valor le da al fracaso?
-Me opongo a que todas las acciones tengan que generar valor económico. Por eso me interesa la no utilidad, porque se opone bien a la construcción. Soy consciente del fracaso implícito de mi actividad, aunque espero tener el suficiente sentido del humor para incluir mi fracaso. No aguanto a los artistas que se toman tan en serio a sí mismos todo el rato. De hecho, fracaso muy a menudo, con proyectos como la protección de terrenos, sobre todo en Alemania.
Tocar el cielo
Entre un fracaso y otro, Lara Almarcegui logra también muchas conquistas. Empezó catalogando descampados en guías, abriéndolos durante un día (Bruselas), luego una semana (Alcorcón); más tarde, protegiéndolos durante 1 año (Arganzuela, Madrid); 10 (Genk) e, incluso, 15 (Rotterdam). En 2008 consiguió que no se construyera nunca más en un descampado en Taipei y, en 2009, tampoco en otro a las orillas del Ebro, en su Zaragoza natal. Para Manifesta 9, inaugurada el pasado 2 de junio y en la que participó, precisamente, con su proyecto Terreno baldío: Genk (2004-2014) la artista consiguió que la ciudad belga prorrogara el acuerdo de preservación a dos años más, y en trámites está para conseguirlo perpetuamente. Es casi seguro. "La experiencia de ver un lugar a punto de transformarse o desaparecer me resulta muy extrema e interesante. Los dos últimos que me han emocionado especialmente han sido una montaña a punto de ser dinamitada en Vizcaya y justo ayer, navegando en una web de la agencia para privatizaciones del gobierno griego, vi que vende maravillosas penínsulas en las islas para que sean construidas con resorts de lujo para pagar la deuda", explica.Para cada proyecto, Lara Almarcegui hace expediciones y estudios exhaustivos para conocer a fondo el terreno sobre el que va a trabajar, siempre con la paciencia y la tenacidad de un arqueólogo, aunque bromea diciendo que va mucho más rápido que éste: "por suerte mis investigaciones no tratan sólo del pasado", dice. Para ella la calle es el único espacio de trabajo posible: "Desde que descubrí la escala real de los proyectos no hay nada más excitante que trabajar con ella, donde no hay nada de libertad. Estamos hablando de urbanismo, vallas, seguridad, colapsos, especulación, propietarios, seguros, gaviotas violentas, vecinos... sólo por nombrar algunos de los impedimentos que me encuentro cada semana. Es un infierno pero también lo único que me puedo imaginar para trabajar. Me interesan los lugares que se escapan al constreñimiento total de la arquitectura".
