Una de las obras que pueden verse en la exposición.

Desde el verano de 2010, el Stedelijk Museum de Amsterdam presenta su colección desde muy diversas perspectivas. Ahora reconstruye una de las exposiciones más importantes de la 2ª mitad del siglo pasado.

Hace ya demasiados años desde que el Stedelijk de Amsterdam inició las obras de ampliación que le han impedido marcar el pulso de la contemporaneidad artística con la misma influencia con que lo hizo hace unas décadas. Los cambios acaecidos en su estructura interna, empezando por la llegada de la nueva directora, Ann Goldstein, procedente del LA MoCA, aún no han tenido en la programación todo el eco que se le exige a una institución de esta envergadura. El trabajo, intuimos, va en otra dirección mientras persistan las obras. Y es que de Goldstein se espera que pronto pueda aportar sus conocimientos y su experiencia a la hora de tejer relaciones entre las instituciones artísticas y el sector privado, unas relaciones que son firmes y en ocasiones muy fructíferas en la otra orilla del Atlántico y a las que nos estamos muy acostumbrados en la nuestra.



Entre tanto, el Stedelijk viene haciendo un importante esfuerzo para mantener una programación digna en un espacio todavía diezmado por las obras. Desde agosto puede verse en uno de sus espacios el proyecto Recollections: Op Losse Schroeven, una reconstrucción histórica de una de las exposiciones fundamentales para entender el arte de las últimas décadas: Op Losse Schroeven. Comisariada por el que fuera conservador de pintura y escultura (y más tarde director) del Stedelijk, Wim Beeren, la muestra marcó una ruptura con el arte del momento, un segundo golpe de fuerza tras la aparición del Pop, el Minimal y el Conceptual en los primeros años sesenta. La exposición quería, ante todo, considerar el proceso por encima del producto final, el material sobre la composición y, por supuesto, las ideas por delante de las formas.



Op Losse Schroeven no tuvo la enorme repercusión que tuvo Live in your head: When Attitudes Become Forms- Works, Concepts, Processes, Situations, Information, de Harald Szeemann, tal vez la exposición colectiva más celebrada del último medio siglo. Inauguradas con una semana de diferencia en Amsterdam y en Berna, las dos muestran son consideradas como los dos más claros exponentes de una nueva forma de hacer, de mirar y de pensar el arte, y un paso adelante en lo que a la idea de montar exposiciones se refiere. Wim Beeren alude en su título al carácter "intestable" del momento artístico y plantea un espacio expositivo en el que todos los trabajos se revelan en permanente "conflicto con lo estático". El comisario estructuró su discurso en torno a cuatro temas fundamentales: "lo cambiante como asunto formal" -en una onda similar a la de Szeemann por la que las actitudes devienen formas-, el "contraste entre material y experiencia", la "forma y su entorno" y, finalmente, "el arte y la acción". Pero al margen de estos cuatro conceptos, que la exposición no trataba de definir sino que situaba como elementos de referencia, había otro que atravesaba la totalidad de los trabajos y que se refería al "impulso realista del nuevo arte", encarnado del modo más nítido, consideraba Beeren, en la obra de Richard Long que ilustra este texto.



El tipo de montaje que planteó Wim Beeren refleja la influencia que sobre él ejercicio un artista, Piero Gilardi cuya decepción por el funcionamiento de las estructuras del arte no sólo le llevo a abandonar su práctica sino que le llevó a convertirse en su más crítico azote. Gilardi, que escribió un texto en el catálogo de la exposición, no sólo fue fundamental en la contextualización teórica de la muestra sino que también jugo un papel importante a la hora de montar la exposición. Gilardi llevó a Beeren a un taller de coches cerca de Turín en torno al que se había agrupado un conjunto de artistas próximos a la esfera del arte Povera que mostraban sus trabajos de una forma insólita, impensable en aquel momento. Beeren, fascinado, pensó que ese tipo de presentación era tan rupturista como el mismo nuevo arte. El espíritu anárquico con el que el comisario abordó el montaje en el Stedelijk se encontraba en las antípodas de la escenografía normativa. Las obras se situaban en zonas de paso, en el perímetro de los espacios, en y bajo las escaleras en pasillos... Siguiendo una de las máximas del arte conceptual, si el arte de nuevo había cambiado el modo de presentarlo también había de hacerlo. Una de las piezas más importantes de Ger Van Elk, uno de los artistas holandés que participaron en la exposición, era una tela que dividía en dos partes longitudinales uno de los tramos de escalera principales del museo en lo que constituyó un estupendo ejemplo de lo que hoy llamamos "intervención espacial".



Recollections: Op Losse Schroeven está montada en el ala derecha de la planta baja del Stedelijk mientras que la original lo estaba en el ala izquierda. El proyecto tiene un marcado carácter documental pues no han podido traerse todos los trabajos presentes en 1969. Muchos de ellos fueron comprados por el propio museo en el momento de la exposición, iniciando así una de las colecciones más ricas de cuantas existen en el concierto internacional. Las lagunas están debidamente suplidas con una acertada profusión documental. Además, el museo ha diseñado un igualmente logrado dispositivo para realizar visitas virtuales a la exposición. Podrán seguirla aquí.