El escultor Dennis Oppenheim. Foto: Carlos Miralles. Abajo, Posición de lectura para quemadura de segundo grado, 1970

Con la muerte de Dennis Oppenheim a los 72 años de edad desaparece otro de los responsables de la gran dislocación que las artes visuales sufrieron en la segunda mitad de los años sesenta con la irrupción del arte conceptual, momento histórico del que es deudora la práctica totalidad de la creación artística contemporánea. Oppenheim, que había nacido en Electric City (estado de Washington), en 1937, formó parte del grupo de artistas que transformó los parámetros que habían venido rigiendo el arte desde hacía siglos, sustentados en una idea de arte como objeto único, aquel que es presentado en un contexto burgués y exclusivo, un objeto que es creado en el silencio del taller del artista y que es la última parada de un laborioso y sufrido proceso de trabajo.



Como muchos de sus compañeros de viaje, Oppenheim prestó más atención a las ideas que a sus resoluciones formales. Ya en 1968, el artista surcó con sus esquís la superficie helada del río Saint John en un trabajo llamado Time Line que reunía muchos de los conceptos vertebradores del nuevo arte: el enaltecimiento del proceso de trabajo más allá del resultado final, que traía consigo una consolidación de la acción y del trabajo fuera del estudio -siguiendo las premisas dictadas en su día por Daniel Buren-, o el progresivo rechazo a la necesidad de producir de objetos vendibles. Para Oppenheim, como para tantos, la urgencia de poner trabas a toda posibilidad de transacción se convirtió en algo perentorio.



Poco a poco, Oppenheim fue centrándose en su propio cuerpo como soporte esencial en su trabajo. Lo entendió de un modo próximo a cómo concibió sus earthworks -obras en la tierra- pocos años atrás. Un tipo llamado Willoughby Sharp, cuyo papel fue instrumental en el desarrollo crítico del arte conceptual a través de su revista Avalanche, sostenía, de hecho, que "el cuerpo de Oppenheim se creaba como un lugar", y que el interés de Oppenheim por el cuerpo nació del constante contacto que mantuvo con la tierra. Un trabajo muy conocido es Reading Position for Second Degree Burn (Posición de lectura para quemadura de segundo grado), de 1970, y muy esclarecedor también, pues en un día de sol en una playa de Long Island cubrió su pecho con un libro y se dejó broncear durante un tiempo. Dos fotografías muestran el cuerpo más bien pálido del artista y, a su lado, el mismo cuerpo con una gran mancha blanca y cuadrada en su pecho. El cuerpo como lugar, como territorio a intervenir.



Y es que la exploración del lugar, del site, concentró la atención de no pocos artistas del momento. Oppenheim no quería añadir nada a la tierra sino reconocer minuciosamente su epidermis y sus fallas. Dijo admirar el verbo y la obra de Carl André y de Sol LeVitt, la reacción alérgica hacia el objeto del primero y la obsesión por los sistemas del segundo. Y dijo gustarle también Morris, de quien afirmó en su día que "de haber hecho las cosas sólo un poquito mejor no tendría que haberlas hecho en absoluto...". Como en el de Meireles, el de Manzoni, o el de De Maria, hubo también en su trabajo la ambición de la totalidad, de alterar las estructuras que modulan el funcionamiento del mundo. Quiso alterar la cadencia del tiempo, ampliar el meridiano internacional, quiso partir una isla por la mitad...