Hace tres años, el personaje de Spider-Man reapareció en los cines integrado en el universo Marvel como uno de los protagonistas de Capitán América: Civil War interpretado por Tom Holland. Más joven que en las últimas películas, donde Tobey Maguire en la etapa de Sam Raimi y Andrew Garfield en la de Marc Webb dan vida a un “spidey” veintañero, el adolescente Holland resultó ser una sabia elección. Entre los superhéroes clásicos, si Superman representa la virtud y Batman "el lado oscuro", el hombre araña siempre ha sido ese joven atribulado y desastroso que vive su superpoder sobrepasado por las circunstancias con el cual se puede sentir representado el común de los mortales. Aunque si Peter Parker llega tarde, pierde las cosas y tiene la casa desordenada en su vida cotidiana, con su traje arácnido logra hacer las mayores proezas, conquistar a la chica y salvar el mundo. Las películas de superhéroes viene a reflejar la idea de Holderlin de que el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona para reflejar en pantalla la persona que todos creemos que podemos ser si se dan las circunstancias. 

En 2017 llegó Homecoming, en la que el director Jon Watts iniciaba una nueva etapa para el personaje bajo la producción de Amy Pascal en la que la saga daba un giro para acercarse al género del cine de adolescentes. Parker sigue siendo un joven huérfano de Queens al que cuida su tía (Marisa Tomei) pero aun no es fotógrafo sino un chaval de 15 años que va al instituto y se enfrenta a los problemas habituales de la juventud: el temor al primer beso, a que los demás se burlen de uno y ese tipo de cosas. Lo mejor del nuevo Spider-Man es Holland, quien lograba interpretar de manera brillante el entusiasmo del personaje en una película que se contagiaba de una gozosa y dinámica vitalidad. Con un tono más realista, la idea de hacer un filme menos fantástico en el que la trama dramática adquiriera mayor importancia funcionaba. De esta manera, Homecoming era al mismo tiempo un divertido espectáculo de aventuras pero también un bonito retrato sobre un joven huérfano con buen corazón e inseguro que comenzaba a enfrentarse al mundo.

Convertido en discípulo de Iron Man/Tony Stark (Robert Downey Jr.), tras la muerte de este en el último capítulo de Los vengadores, donde también salía Parker, el personaje ahora es su heredero. Un heredero más bien renuente a cumplir con su misión de salvar el mundo y que prefiere seguir como "vigilante" del barrio o, aun mejor, irse de viaje a Europa con sus compañeros de clase para disfrutar de la compañía de su mejor amigo, Ned (Jacob Batalon), un chaval en perpetuo asombro, y ver si se liga al objeto de sus desvelos románticos, Michelle (Zendaya Maree), una jovencita desdeñosa y rebelde. Si en España somos dados a la caricatura de los estereotipos patrios como vemos en Los Japón, otro tanto sucede con las películas de Estados Unidos, donde son habituales los filmes que sitúan a americanos en países extranjeros para reírse y exaltar al mismo tiempo los tópicos del lugar. En realidad, en todos los países existen ese tipo de filmes, la diferencia es que las películas americanas son las únicas que por muy patrioteras que sean siguen siendo aclamadas universalmente.

De esta manera, Lejos de casa busca provocar la complicidad del espectador cuando el personaje de Ned, un chaval grueso que se pasa la vida jugando a videojuegos y es el mejor amigo de Parker, dice con toda la ingenuidad del mundo que "los europeos aman a los americanos" y está claro que la intención es que nos riamos. Perdidos en un universo de piedras milenarias, estatuas y museos, la película construye un grupo humano un tanto estrafalario y entrañable que es lo contrario del "americano invasor". Como en Homecoming, el director se esmera especialmente en construir personajes de carne y hueso para que la peripecia de Spidey se convierta en una "bildgunsroman" en la que el protagonista debe descubrir los misterios de la vida siguiendo su propio camino. Aquí, los malvados son unos misteriosos seres que surgen de las entrañas de la tierra con la intención de cargarse el mundo, lo cual nos da la oportunidad de ver cómo se destroza Venecia, Praga y Londres.

Claro que Lejos de casa pretende ser, también, una reflexión sobre la posverdad y la facultad de la gente de creerse lo que se adecua a sus prejuicios. Conviene no desvelar muchos detalles de la trama pero también aparece Jake Gyllenhaal interpretando a un misterioso extraterrestre con ganas de venganza y a Samuel l. Jackson como Nick Fury y jefe del cotarro en un filme que juega con las máscaras, las de la vida real y las que propician la tecnología digital. Con un tono naïf e incluso algo descuidado, Lejos de casa no brilla tan alto como Homecoming pero sí tiene la virtud de entretenernos durante dos horas y reenamorarnos de ese Spidey tan seductoramente inocente y encantador.

@juansarda