Rafa Jódar celebra un triunfo.

Rafa Jódar celebra un triunfo. EFE

Tenis

Rafa Jódar vuelve al lugar donde empezó todo: el niño que ganó el US Open júnior, a las puertas del top 10 dos años después

En apenas 24 meses, el español ha escalado de forma meteórica en el ranking hasta convertirse en uno de los mejores del mundo en su primer año como profesional.

Más información: Rafa Jódar, el campeón del US Open júnior: de tumbar a los mejores del mundo a la Universidad de Virginia

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Hay lugares que guardan el eco del momento exacto en que una carrera deportiva cambia de dimensión. Para Rafa Jódar, ese rincón tiene coordenadas muy concretas: las pistas de cemento azul del USTA Billie Jean King National Tennis Center, en Queens.

Allí, a finales del verano de 2024, un joven madrileño de espigada figura se abría paso en la competición júnior para coronarse campeón del US Open.

Aquel triunfo no solo inscribió su nombre junto al de grandes promesas de la raqueta, sino que mandó un mensaje contundente: en España nacía un perfil distinto de tenista, moldeado sobre la velocidad de la pista rápida.

Dos años después de aquella tarde memorable, el escenario sigue siendo el mismo, pero el contexto ha cambiado radicalmente. Jódar no acude ya como una promesa a la que seguir la pista de reojo, sino como una realidad incuestionable del circuito ATP.

Afronta la edición de 2026 instalado en el puesto 13 del ranking mundial, consolidado en la élite tras un crecimiento meteórico que ha pulverizado los plazos habituales de adaptación al profesionalismo.

Una ruta hasta la madurez

Para entender el punto donde se encuentra hoy Rafa Jódar, resulta obligatorio volver la vista atrás hacia aquel septiembre de 2024. La final del US Open júnior ante el noruego Nicolai Budkov no fue un trámite brillante, sino un ejercicio de resiliencia extrema.

En un partido agónico, el español demostró un aplomo mental impropio de un jugador de 17 años. Con un servicio dominante y una derecha capaz de acelerar la bola desde cualquier rincón, Jódar levantó el trofeo demostrando una naturalidad asombrosa para competir bajo la presión de una gran central.

Sin embargo, tras tocar el cielo en categoría júnior, Jódar y su equipo optaron por una ruta poco convencional en el tenis español.

En lugar de lanzarse a ciegas a los torneos ITF sin una estructura física terminada, el madrileño apostó por continuar su desarrollo combinando el circuito con el exigente tenis universitario de Estados Unidos en la Universidad de Virginia. Aquella decisión se reveló como un acierto táctico y formativo de primer nivel.

El ecosistema universitario le ofreció el entorno idóneo para transformar su fisonomía: ganó potencia muscular, pulió la constancia de su primer saque apoyándose en sus 1,91 metros de estatura y perfeccionó un revés a dos manos infranqueable.

Ese periodo de trabajo a la sombra le aportó una templanza competitiva indispensable. Cuando dio el salto definitivo al ATP Tour, el impacto fue inmediato: Jódar desembarcó sabiendo exactamente a qué jugaba y cómo ganar.

El despegue definitivo

La presente temporada 2026 ha consagrado a Jódar en la cúspide. Su primer año en el circuito profesional ha superado cualquier expectativa.

El primer aviso llegó en primavera sobre la tierra batida del ATP 250 de Marrakech, donde conquistó su primer título ATP demostrando que su tenis vertical también sabe dominar en arcilla.

Su consolidación en los Grand Slams no tardó en llegar: en Roland Garros completó una actuación memorable alcanzando los cuartos de final, donde solo un especialista de la talla de Alexander Zverev pudo frenar su imparable marcha tras una batalla épica en la Philippe Chatrier.

Lejos de conformarse, el verano sobre pista dura confirmó su estatus de jugador temible. En el ATP 500 de Washington firmó un torneo soberbio plantándose en la final, para rozar poco después el título en el Masters 1000 de Toronto, donde se metió de lleno en semifinales tras dejar por el camino a rivales de primer orden.

Ese encadenado de resultados en la gira norteamericana no solo reafirmó su idilio con el cemento, sino que certificó su ingreso en la aristocracia del tenis mundial.

Con victorias de peso ante miembros del Top 10 y una solvencia implacable en los momentos de máxima tensión, Jódar aterriza en Nueva York posicionado como el 13º jugador del planeta, rozando con los dedos un lugar entre los diez mejores.

El reto en Flushing Meadows

Con este impresionante rodaje y la mochila cargada de certezas, Rafa Jódar regresa a Flushing Meadows para medirse en el cuadro principal del torneo que encendió su estrella. La meta de romper la barrera del Top 10 está al alcance de la mano, pero el camino exige máxima cautela desde el primer segundo.

El sorteo del cuadro ha colocado un hueso duro en su debut: el australiano Thanasi Kokkinakis. Conocido en el circuito por dejarse el alma en la pista y convertir cada choque en una batalla interminable de desgaste, el oceánico representa un partido trampa de manual.

Sin embargo, la lectura que hace su entorno es clara: si Jódar logra superar ese escollo inicial, el cuadro se abre de manera interesante para encarar cotas altas.

A partir de la segunda ronda (donde se cruzaría con Marozsan o Zheng), el madrileño evitaría a los principales colosos en las rondas intermedias.

En tercera ronda asoman perfiles como Ruud, Cerúndolo, Altmaier o Svajda, mientras que en octavos de final el cruce teórico apuntaría a Álex de Miñaur o Zizou Bergs. De confirmar los pronósticos, los cuartos de final propondrían una revancha de Roland Garros ante Zverev, o bien duelos frente a Musetti o Tabilo.

Más adelante, Fritz, Mensik o Cobolli en semifinales, y gigantes como Alcaraz, Djokovic, Shelton o Fils en una eventual final, completarían la hoja de ruta hacia la gloria.

El niño que sorprendió al mundo en 2024 vuelve hoy convertido en cabeza de serie, listo para dejar su huella en el US Open ante las mejores raquetas del planeta.