Martín Landaluce, durante el Masters 1.000 de Miami

Martín Landaluce, durante el Masters 1.000 de Miami Reuters

Tenis

La vida de Martín Landaluce (20) fuera del tenis: apasionado de la filosofía y del boxeo, también viaja con su guitarra

El tenista madrileño, que ha alcanzado los octavos de final en Miami, resulta igual de interesante dentro que fuera de la pista. 

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Mientras el nombre de Martín Landaluce suena con fuerza en las pistas del Hard Rock Stadium de Miami -donde el madrileño se ha colado en octavos de final del Masters 1.000 como qualifier tras eliminar a dos tenistas del top 20 como Darderi y Khachanov-, pocos conocen la dimensión más personal de uno de los talentos más singulares del tenis español.

Con 20 años, un ranking en plena escalada y una cabeza que no encaja del todo en el molde del deportista de élite convencional, Landaluce resulta igual de interesante dentro que fuera de la pista.

Empecemos por lo más inesperado: el boxeo. Desde pequeño le atrajo el mundo del cuadrilátero, y llegó a entrenar con saco siguiendo tutoriales por su cuenta, movido por lo que él mismo describe como "mucha energía" que necesita canalizar.

El problema es obvio: las muñecas de un tenista profesional no pueden arriesgarse con golpes, así que tuvo que dejarlo.

Esa energía la ha redirigido hacia aficiones más artísticas, y ahí es donde aparece la guitarra. Viaja con una guitarra electroacústica pequeña, práctica para llevar de torneo en torneo, y la toca casi a diario, ya sea solo o con amigos del circuito. "Es de las cosas que más disfruto ahora mismo", ha reconocido en alguna entrevista.

Martín Landaluce, en acción durante un partido de tenis

Martín Landaluce, en acción durante un partido de tenis Reuters

Pero quizá la faceta más llamativa de Landaluce sea su relación con la filosofía. En un circuito donde la mayoría de los jugadores de su generación acumulan seguidores en Instagram, él presume de no tener redes sociales y de leer a Séneca.

Su padre le introdujo en la filosofía estoica y él ha ido profundizando, encontrando en esas lecturas una herramienta para gestionar la presión competitiva y mantener la perspectiva cuando los resultados no acompañan.

"Siempre me reto, que hasta la actividad más simple del mundo me estimule", ha explicado, en una frase que resume perfectamente su manera de entender tanto el deporte como la vida.

Todo eso viene de una familia construida alrededor del tenis. Sus padres, Alejandro y Elena, jugaban, y sus hermanos Lucas y Alejandra compiten a nivel universitario en Estados Unidos. Martín cogió una raqueta antes de cumplir un año, imitando a los mayores, y empezó a competir a los nueve.

Crecer en ese entorno le dio una base técnica y también una madurez rara para su edad: es alguien que lleva toda la vida sabiendo de qué va esto.

En los vestuarios de los torneos, mientras otros matan el tiempo con el móvil, él suele aparecer con un libro, una partida de parchís o ajedrez con su equipo, o con la guitarra colgada.

Lo dice sin pretensión: el tenis "no le hace más grande como persona" y prefiere seguir siendo el mismo chico curioso de siempre, aunque las victorias en Miami estén empezando a cambiar su mundo. Por ahora, la pista le va dando la razón