Carlos Alcaraz, junto a su familia.

Carlos Alcaraz, junto a su familia.

Tenis

La abuela de Carlos Alcaraz: "Intenté enseñar a mi nieto a bailar sevillanas, pero es impaciente"

La familia del tenista de El Palmar desvelaron cómo era durante la infancia, un chico que ya apuntaba maneras cuando cogía una raqueta.

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C. S.
Publicada

En los últimos días hay un nombre que copa portadas dentro y fuera de nuestras fronteras. Carlos Alcaraz vuelve a situarse en el centro de todas las miradas tras su vibrante triunfo en Australia, una victoria que lo confirma como el hombre del momento.

No solo la prensa deportiva analiza su hazaña; el interés se extiende también a su entorno más cercano, ese que lo acompaña discretamente desde siempre. Entre ellos, su abuela, orgullosa testigo de sus éxitos y nexo con Sevilla, concretamente con el barrio de Triana.

La familia de Alcaraz ha procurado mantenerse al margen del foco mediático. El protagonismo recae en el tenista murciano, aunque su éxito inevitablemente proyecta luz sobre quienes lo sostienen en la intimidad.

Sus padres, como él mismo ha subrayado en numerosas ocasiones, constituyen su principal apoyo. Gracias a ese respaldo, el joven campeón presume de mantener los pies en la tierra pese a los constantes triunfos.

Las comparaciones con Rafa Nadal surgen con frecuencia, alimentando el debate sobre su lugar en la historia del tenis, aunque Alcaraz insiste en centrarse en disfrutar del presente.

Carlos Alcaraz, en el partido de octavos de final del ATP500 de Doha.

Carlos Alcaraz, en el partido de octavos de final del ATP500 de Doha. REUTERS

El Palmar, pedanía murciana donde nació y creció, forma parte inseparable de su identidad. Sin embargo, sus raíces se extienden hasta Andalucía. Su abuela materna, Victoria Escandón, es trianera "de pura cepa": nació en la calle Rodrigo de Triana y creció frente al mercado de abastos, donde su padre regentaba una papelería.

Años después, por motivos laborales de su marido, se trasladó a Murcia, aunque regresó a Sevilla para dar a luz a sus dos hijas. De ahí que la madre del tenista sea sevillana.

La vinculación con la capital hispalense quedó refrendada en julio de 2024, cuando el Ayuntamiento de Sevilla lo distinguió como 'Hijo Adoptivo de Triana', un reconocimiento reservado a figuras muy señaladas. "Fue una alegría inmensa y me gusta que mi vínculo se extienda a él", confesó su abuela en declaraciones recogidas por El Correo de Andalucía.

Victoria también ha relatado la transmisión de ese legado sevillano a su nieto. "He hablado muchas veces de Sevilla con Carlos", aseguraba.

Incluso intentó enseñarle a bailar sevillanas, aunque -según bromea- su carácter inquieto y su inseparable raqueta lo ponían difícil. A la herencia materna y abuela se suma la devoción de su abuelo por el Cristo del Cachorro, un arraigo sentimental que terminó de apuntalar el homenaje trianero.

El apoyo familiar ha sido una constante en la carrera del tenista. Así lo ha manifestado en entrevistas y así lo han corroborado sus allegados en contadas intervenciones públicas. En el verano de 2023, Alcaraz no solo conquistó el título en Wimbledon, sino que alcanzó el número uno del mundo, un hito reservado a unos pocos elegidos.

Carlos Alcaraz celebra un punto ante Karen Khachanov.

Carlos Alcaraz celebra un punto ante Karen Khachanov. Reuters

Su abuela describió aquella victoria en Reino Unido como "apoteósica" en declaraciones a la Cadena SER. Confesó que los nervios fueron tales que llegó a sufrir un calambre en el gemelo durante el partido. "Lo vi de menos a más", relató entonces, reconociendo que la emoción le impidió incluso atender a las palabras posteriores de su nieto.

Pese al estrecho vínculo familiar, la agenda internacional del deportista limita los encuentros. "Me gustaría verlo más, pero está siempre de viaje", admitía Victoria, emocionada al recordar cómo su hija lloraba tras aquella histórica final.

Más allá de los trofeos, Alcaraz ha reivindicado en varias ocasiones el peso de su infancia en su manera de entender la vida. Durante la inauguración de 'Los pies en la tierra' en la Cárcel de Murcia, recordó aquella etapa como "muy bonita".

Creció -según sus propias palabras- en un entorno cariñoso, sin grandes lujos, pero consciente de que "las pequeñas cosas marcan la diferencia". Una filosofía que explica su empeño en regresar siempre a casa y rodearse de los suyos, incluso cuando el mundo entero pronuncia su nombre.