Boris Becker, durante al Open de Hamburgo.

Boris Becker, durante al Open de Hamburgo. Europa Press

Tenis

Boris Becker (58), extenista, y el motivo que le llevó a la ruina: "El divorcio me hizo perder 42 M€. Fue difícil volver a ganar dinero"

El alemán fue declarado en bancarrota en 2017 después de haber perdido una fortuna en dos divorcios y haber llevado un alto nivel de vida.

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Boris Becker, el niño prodigio que conquistó Wimbledon con apenas 17 años, lleva años librando un partido mucho más áspero fuera de la pista: el de sus problemas económicos.

Entre inversiones fallidas, deudas millonarias y divorcios costosos, el seis veces campeón de Grand Slam ha visto desvanecerse unos ingresos que él mismo situó en torno a los 50 millones de dólares (unos 42 millones de euros).

Durante su etapa como profesional, el alemán acumuló una fortuna a través de premios, contratos publicitarios y exhibiciones, hasta convertirse en uno de los deportistas mejor pagados de su generación.

Sin embargo, en 2017 un tribunal británico lo declaró en bancarrota por impago de un préstamo de unos 4,6 millones de euros, además de otras deudas significativas.

En el juicio, los investigadores cifraron sus pasivos totales en torno a 50 millones de dólares, una caída abrupta para quien había sido símbolo de éxito y solvencia.

Las dificultades se agravaron cuando la justicia determinó que Becker había ocultado activos, lo que acabó costándole una condena de prisión en el Reino Unido en 2022.

"Un divorcio muy caro"

El peso de los divorcios Becker ha señalado de forma reiterada que una parte crucial de su ruina procede de su vida privada, en particular de sus divorcios.

Su separación de la actriz y diseñadora Barbara Feltus, con la que se casó en 1993, desembocó en un acuerdo millonario a comienzos de 2001: ella recibió unos 14,4 millones de dólares, además de la vivienda familiar en Fisher Island, Florida, y la custodia de los hijos.

A esa ruptura se sumaron obligaciones de manutención por una hija nacida fuera del matrimonio y, más tarde, la separación de su segunda esposa, Sharlely 'Lilly' Becker, que también implicó acuerdos económicos relevantes.

Boris Becker, en la Laver Cup de 2024-

Boris Becker, en la Laver Cup de 2024- Europa Press

En conjunto, Becker ha explicado ante los tribunales que sus ingresos de carrera, unos 50 millones de dólares, "se los tragó un divorcio muy caro" y las deudas acumuladas tras el final de su vida deportiva.

"Tuve un divorcio muy caro", declaró al jurado en Londres, aludiendo a la ruptura con su primera esposa y a las obligaciones de manutención que se fueron acumulando. En otra ocasión, resumió su situación con una frase que se ha repetido en los medios: ha tenido "dos divorcios caros" y debe mantener a cuatro hijos, lo que ha reducido drásticamente su margen económico.

El propio extenista ha reconocido que el escrutinio constante de su vida privada dañó lo que él llama "la marca Becker", reduciendo sus oportunidades de negocio en los medios y como comentarista.

"Me sentí muy avergonzado… estaba en todos los titulares del mundo como bancarrota, y era muy difícil ganar dinero con mi nombre", explicó al recordar aquellos días en los que entraba en Wimbledon sabiendo que su situación financiera ocupaba más espacio que cualquier análisis tenístico.

Un alto nivel de vida

Más allá de los divorcios, Becker admitió que mantuvo durante años un nivel de vida muy alto. Ayudó a sus padres a construir una casa en Alemania, compró propiedades en Múnich, Miami y una gran finca en Mallorca, cuyo valor se estimó en unos 50 millones de euros en el punto álgido del mercado inmobiliario.

A ello se sumaban deudas con las autoridades fiscales suizas y alemanas y el alquiler de una casa en Wimbledon de unas 22.000 libras al mes, todo ello mientras sus ingresos disminuían tras su retirada.

Sus préstamos con bancos privados y empresarios, contraídos a partir de 2013, terminaron de empujarle al abismo cuando no pudo atender los pagos.

El resultado fue un largo proceso judicial que culminó en su condena por ocultar activos y en la subasta pública de trofeos y recuerdos deportivos para satisfacer a los acreedores, una imagen dura para alguien que fue el rey de la hierba en Londres.