Halep, golpeando una derecha ante Kerber en las semifinales.

Halep, golpeando una derecha ante Kerber en las semifinales. Toru Hanai Reuters

Tenis Abierto de Australia

El vestido rojo de Halep

La rumana, que se enfrenta a Caroline Wozniacki en la final del Abierto de Australia, lleva todo el torneo jugando con una indumentaria que compró a través de Internet tras no renovar con Adidas.

Melbourne (enviado especial)

La escena podría servir para cualquier comedia, aunque en este caso es bien real. Simona Halep (6-4, 4-6 y 9-7 a Angelique Kerber) jugará este sábado la final del Abierto de Australia contra Caroline Wozniacki (6-3 y 7-6 a la belga Mertens) usando un vestido rojo que encontró a través de internet antes de jugar en Shenzhen su primer torneo de la temporada. 

La número uno del mundo, que a finales del curso pasado no renovó su contrario con la multinacional alemana Adidas (ganaba cerca de un millón de euros anuales y pidió más, en consonancia a su nuevo estatus), está muy cerca de firmar con la estadounidense Nike, pero a día de hoy sigue utilizando una ropa sin marca que pidió tras bucear en la red.

Antes de debutar en el primer grande del año, donde buscará ante Wozniacki el trofeo (y mantener la primera posición de la clasificación), la rumana explicó en esta conversación con un periodista en la sala de prensa la historia de su vestido.

—Terminaste con Adidas al final de la pasada temporada y actualmente no tienes patrocinador.

—Sí, mi equipo está trabajando en esto. Ellos lo están hablando, pero las conversaciones acaban de comenzar. No tengo contrato ahora. Todavía estoy sin ropa de marca. Solo quiero asegurarme de que elegiré lo que me gusta. Es realmente importante tener una buena ropa y sentirse bien con ella. No tengo prisa.

—Tienes mucha libertad para elegir lo que quieres usar ahora.

—Sí.

—¿Es un poco divertido? Normalmente, Adidas solía darte la ropa para que te la pusieras. 

—Es un período interesante, para ser sincera. Por el momento hay muchas marcas, así que no sé cuál va a ser. Seguro que será una, pero ya lo veremos en el futuro. Quiero sentirme bien con la marca que lleve.

—¿Utilizarás tu vestido rojo de Shenzhen aquí también?

—Sí, el mismo.

—¿Cómo lo haces? Si no tienes un proveedor de ropa, ¿vas a una tienda?

—No, lo pedí. ¿Cómo se llaman las mujeres que hacen prendas de ropa?

—Costureras.

—Sí, le envié una foto. Era un sitio, en China, y uno de mis gerentes me ayudó. En 24 horas tuve la ropa y me quedó perfecta. 

—¿Cómo la encontraste?

—En Internet.

—¿Buscaste en internet?

—Sí. Todo está en Internet ahora. Estaba un poco estresada.

—¿Diseñaste tu propia ropa?

—No. Elegí el modelo. No es nada especial, pero está bien en mi opinión. Me gusta.

—¿Alguna vez pensaste que querrías tu propia línea de ropa como Venus?

—No, no la tendré.

—¿Y consideraste tener una camiseta con el número uno grabado en ella?

—No. No soy ese tipo de persona.

En Melbourne, lo increíble: la número uno del mundo, que ahora mismo no tiene patrocinador de ropa, jugará la final del Abierto de Australia con un vestido rojo que compró sentada tras la pantalla del ordenador, navegando por internet.