Nadal, al resto durante un partido en Miami.

Nadal, al resto durante un partido en Miami. Rhona Wise Efe

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Nadal y la gestión del favoritismo

El español, que jugará con Fabio Fognini por la final del Masters 1000 de Miami, no se ha cruzado con ningún top-15 en el torneo.

Miami (enviado especial)

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“¿Acabamos con unas derechas?”. El jueves a las 12 de la mañana, Rafael Nadal apareció en la pista número cuatro de Crandon Park para preparar las semifinales del Masters 1000 de Miami, que le enfrentarán este viernes contra Fabio Fognini. El español, que se entrenó durante una hora y acabó martilleando varias pelotas con su drive, afronta la cita tras ver cómo el duro cuadro que tenía por delante antes de empezar se le ha abierto de par en par. Nadal esperaba encontrarse en la recta final con Grigor Dimitrov (octavos), Milos Raonic (cuartos) y Kei Nishikori (semifinales). Sin embargo, el mallorquín jugó ante Nicolas Mahut y Jack Sock en esas dos rondas y por el pase a la final se cruzará con Fognini, todos ellos fuera del top-15. La pregunta, en consecuencia, es clara: ¿cómo se gestiona la presión de ser favorito? 

“Es que cada partido que juega Rafa es favorito, menos con Federer y dos más”, resumió Carlos Moyà, uno de los entrenadores del campeón de 14 grandes. “Esa gestión está hecha. De los más de 1000 partidos que lleva jugados habrá sido favorito en 900. No es algo que nos preocupe”, prosiguió el exnúmero uno mundial. “Sock era un test para saber en qué lugar estaba. Las primeras rondas hay que ganarlas sí o sí y luego elevar el nivel. Está entrenando bien, en un buen estado físico. Creíamos que cuando el rival le exigiera subir el nivel lo iba a conseguir”, añadió el técnico balear. “Fue un partido muy bueno por su parte, anuló por completo el juego de Sock. Jugó agresivo, como creemos que tiene que jugar. Es la línea que debe seguir en los siguientes encuentros”.

Tras multiplicar su nivel en cuartos, ofreciendo su mejor versión en el torneo, Nadal buscará el pase a la final desde ese base, pero sabiendo que necesita subir un escalón más para volver a luchar por un título que se le ha escapado en cuatro ocasiones (2005, 2008, 2011 y 2014), el único Masters 1000 que no ha ganado junto a Shanghái y París-Bercy.

“Nos conocemos bien”, aseguró Nadal sobre Fognini, al que domina por 7-3 el cara a cara. “Hemos jugado varias veces y me ha ganado varias veces también. Es un partido difícil porque está jugando bien”, continuó sobre el italiano, que en cuartos se deshizo de Nishikori para llegar a sus primeras semifinales de Masters 1000 desde Montecarlo 2013. “Para mí, es un buen desafío porque como digo me ha ganado varias veces en los últimos años”, insistió el número siete del mundo sobre su contrario, que en el Abierto de los Estados Unidos de 2015 consiguió algo inaudito: remontarle un 2-0 a Nadal, que tenía un inmaculado balance (153-0) tras ganar los dos primeros sets en un torneo del Grand Slam. “Es muy rápido, tiene mucho talento, tanto de revés como de derecha. Así que hay que jugar un partido sólido y al ataque. A partir de ahí, ya veremos qué pasa. Necesito jugar lo mejor posible, seguir siendo agresivo como ante Sock. Si es así, espero tener mis oportunidades”.

Un rato después de que Nadal se marchase al hotel a descansar, Roger Federer bailaba con ese favoritismo que él también conoce. El suizo, que tenía completamente controlado su encuentro de cuartos contra Tomas Berdych tras una primera manga de museo, coronada en línea recta y con sutilezas sorprendentes, se vio con el agua al cuello, peleando un tie-break decisivo en el que salvó dos puntos de partido para derrotar al checo (6-2, 3-6 y 7-6) y darse la oportunidad de seguir firmando un regreso de película: el campeón de 18 grandes asaltará el viernes una plaza la final ante Nick Kyrgios (ganador 6-4, 6-7 y 6-3 de Alexander Zverev) mirando de reojo a Nadal, con el que podría volver a jugar por tercera vez esta temporada.