Nadal junto a Benito Pérez-Barbadillo.

Nadal junto a Benito Pérez-Barbadillo. B. Pérez-Barbadillo

Tenis Abierto de Australia

Nadal, más allá de la pista (y parte II): su relación con los medios de comunicación

Benito Pérez-Barbadillo, jefe de prensa del campeón de 14 grandes, desvela en esta entrevista con EL ESPAÑOL cómo se gestiona la comunicación de uno de los mejores jugadores de la historia.

Melbourne

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Sentado en la primera fila de la sala de prensa del Abierto de Australia, Benito Pérez-Barbadillo (Jerez, España; 1967) fija la vista en la pantalla de su iPhone mientras de fondo suena la voz de Rafael Nadal. El mallorquín está hablando de cómo ha superado su partido de octavos de final ante el francés Monfils y anticipando un cruce durísimo contra Milos Raonic el próximo miércoles.

La escena se repite más de 50 veces al año, aunque cambian los torneos, las ciudades y las palabras. El jerezano, que es el jefe de prensa del campeón de 14 grandes desde casi el comienzo de su carrera, tampoco suele conceder entrevistas, pero se sienta con EL ESPAÑOL para repasar su historia y analizar todo lo que ha vivido junto a Nadal.

“Mientras estudiaba derecho empecé a trabajar en el circuito de Jerez”, recuerda el jefe de prensa del número nueve del mundo. “Fundamentalmente, a mí me gustaban dos cosas: trabajar y los idiomas. Hablaba idiomas desde pequeño y el circuito era un lugar muy bueno para trabajar en este sentido, al ser internacional”, prosigue Pérez-Barbadillo sobre sus inicios en el mundo de la comunicación, que fueron de la mano del motor. “Mi padre estaba desesperado con mis estudios y decidí estudiar y trabajar a la vez porque me divertía. Me fui metiendo en el mundo de la comunicación. Empecé en una sala de prensa, como cualquier estudiante en un evento. Y tuve la suerte de acabar siendo jefe de prensa del circuito”, rememora con cariño.

“En febrero de 1996, un inglés que trabajaba para Dorna me fichó para irme a la ATP y trabajar en Montecarlo”, explica el jerezano, que estuvo casi una década en el organismo que rige el tenis masculino. “Hay varios períodos dentro de la ATP. Uno es cuando llego nuevo allí y se me abre mucho el mundo. Estaba acostumbrado a viajar porque estudié un año en Estados Unidos, en Seattle, Washington. Pero el mundo se me abrió verdaderamente con la ATP: era joven, me lo pasaba bien, trabajaba y aprendía muchas cosas”, añade. “Hubo una segunda etapa en la que me estanqué a nivel laboral. Al final, tuve una disputa con el antiguo presidente de la ATP y me marché antes de que me echaran, por discrepancias con él”.

LA AVENTURA CON NADAL

El final de Pérez-Barbadillo en la ATP supuso el principio de una aventura que todavía no ha terminado, posiblemente la más importante de toda su carrera. El jerezano se unió al equipo de Rafael Nadal como su jefe de prensa y comenzó una nueva etapa, quizás sin saber en ese momento que el mallorquín se convertiría en uno de los mejores jugadores de la historia, condición que se ha ganado a pulso dentro de la pista.

“Rafa empezó a jugar en el circuito ATP en el 2004. Yo llevaba ocho o nueve años trabajando ya ahí y tenía mucha relación con Carlos Moyà y con otros jugadores”, dice Pérez-Barbadillo. “Era muy cercano a los españoles, aunque me llevaba bien con casi todos. Yo había tratado mucho a Carlos Costa como jugador en su última etapa y luego conocí al padre de Rafa. Me ofrecieron trabajar con ellos como jefe de prensa, pero montando mi propia empresa”, sigue. “De hecho, el padre de Rafa me dio un consejo muy bueno: ‘muévete para no acomodarte y monta tu propia empresa. Su padre siempre me dijo que buscase más clientes, ya fuesen jugadores, torneos o empresas”.

Benito Pérez-Barbadillo.

Y eso fue exactamente lo que hizo. B1PR, esa empresa que el padre de Nadal le recomendó construir, se convirtió en una oportunidad para que el joven que se había iniciado en el circuito de jerez ampliase su cartera de clientes, más allá del tenista balear.

“Llevo trabajando con Rafa desde 2006, pero también trabajé con Novak Djokovic”, rememora Pérez-Barbadillo. “Él me fichó en marzo de 2006. Su agente, entrenador ahora de Janko Tipsarevic, me apreciaba y entendía que yo le venía bien para su trabajo”, añade, antes de explicar por qué se separaron ambos caminos. “Para Nadal no era incompatible, pero para Djokovic sí que lo llegó a ser en un momento dado. Tras cuatro años trabajando con él, me tocó elegir. Djokovic tenía claro que prefería cambiar y que yo no iba a dejar a Rafa. No estuve en la tesitura real de decantarme por uno u otro, él vio que quería seguir con Rafa, y es normal”.

EL TRABAJO MÁS FÁCIL Y MÁS DIFÍCIL

¿Cómo de complicado es ser el encargado de gestionar la comunicación de Nadal? ¿Cuál es la mejor parte? ¿Y la peor? ¿Es el jefe de prensa un enemigo de los periodistas? ¿Hay un cruce de intereses? Este puñado de preguntas son solo algunas de las que surgen al pensar en la figura del responsable de velar por los intereses de Nadal de cara a los medios.

“Es el trabajo más fácil del mundo, pero también el más difícil”, explica el jefe de prensa del número nueve del mundo. “Cuando trabajas en cualquier agencia de comunicación tienes que buscar a la prensa para que hablen de tu producto, inventándote la historia que sea. En el caso de Rafa es al revés. Todo el mundo quiere hablar con Nadal y yo tengo que elegir lo que quiero hacer, dentro de una estrategia bien marcada. Me toca decirle que no a muchos periodistas y eso me crea problemas con muchísima gente”, reconoce.

“Cuando ganó Roland Garros la última vez llegó un aluvión de peticiones de entrevistas de todos los medios imaginables”, dice sobre el noveno Grand Slam (14 en total) que Nadal consiguió en París, en 2014. “¿Cuál es la dificultad ahí? Filtrar. Te llaman desde los periódicos más importantes de España, el más importante de Estados Unidos. Recuerdo una anécdota muy graciosa. La mejor revista francesa no podía entender que Rafa no hiciese ninguna entrevista después de ganar Wimbledon. Me dijeron que no me daba cuenta de con quien estaba hablando. Y sí que lo sabía, pero Nadal estaba de vacaciones y no iba a hacer nada”, prosigue Pérez-Barbadillo, que borra la idea de formar parte de una guerra de trincheras.

“El que me vea como un enemigo está equivocado”, asevera. “Intento ser el mejor amigo de los periodistas porque intento darle a la prensa todo lo que puedo, dentro de unos límites. Mi trabajo no se basa en decir sí o no a una entrevista, mi trabajo es que Rafa se vea de cara al público como verdaderamente es. Y para eso se utiliza a la prensa, que es un medio de comunicación”, sigue. “Esa es mi labor. Hay periodistas que me caen mejor y otros peor, pero yo no puedo mirar eso, tengo que centrarme en el interés de Rafa”, insiste. “Intento que la prensa esté contenta. El ejemplo que doy siempre es la prensa española. Siempre intentamos tratarla de la mejor manera posible, atenderles en cualquier momento o situación. Y luego está la prensa que sigue el tenis durante todo el año con nosotros, que nos acompaña casi todas las semanas y que son como una familia. A estos periodistas hay que cuidarlos porque están pendientes de nuestro deporte siempre”.

GESTIÓN DE CRISIS

Durante los más de 10 años que Nadal lleva en la élite, casi una vida, el mallorquín ha tenido que enfrentarse a distintos incendios que han ido desde infundadas acusaciones de dopaje hasta otros problemas, como las lesiones. La forma de comunicar todo eso, de frenar la tormenta, es clave. Y la figura del jefe de prensa se vuelve aún más importante.

“Hay cosas que han afectado a Nadal de manera injusta y todos sabemos a lo que nos referimos”, se arranca Pérez-Barbadillo. “Hay momentos muy complicados. Se trabaja dentro de una línea con experiencia, con conocimiento… Rafa se rodea de gente con mucho rodaje”, continúa. “Yo tenía experiencias con temas de este tipo en la ATP, lo que llamamos gestión de crisis. Había manejado casos de dopaje, de corrupción… En el circuito de Jerez se mató un piloto, por ejemplo”, sigue. “Venía con bagaje pero también he de decir que con Rafa he aprendido mil cosas, porque no paras de hacerlo en la vida. Con Rafa, por ser quien es, estás en situaciones especiales, casi únicas”, celebra.

Benito Perez Barbadillo junto a María Francisca Perelló, novia de Rafael Nadal.

Benito Perez Barbadillo junto a María Francisca Perelló, novia de Rafael Nadal. Ian Walton Getty Images

“Como Carlos Costa, que es una persona con mucha experiencia. Rafa se rodea de gente con experiencia en todos los campos. Su médico la tiene, su preparador físico, el fisioterapeuta… no somos novatos”, reitera. “El equipo de Rafa está compuesto por mallorquines, catalanes, un cántabro, un andaluz… La unión hace la fuerza. España es un país fuerte y siempre lo ha sido por la unión que hemos tenido”, declara el jerezano, antes de negar que haya aleccionado al mallorquín con un discurso prefabricado.

“En el caso de Rafa nunca ha sido así. Nadal siempre ha dicho lo que pensaba”, dice Pérez-Barbadillo. “Si me pide un consejo a mí, a Carlos Costa, a su padre o a cualquiera del equipo se lo damos. Yo le puedo decir lo que opino, pero en la vida le he dicho a Rafa lo que tiene que decir. Nunca. Nadal no es una botella de plástico, es una persona de verdad”, añade, antes de anticipar lo que le espera el día de mañana, cuando el jugador cuelgue la raqueta.

“Tengo otros clientes que no son solo Nadal”, cuenta Pérez-Barbadillo. “Creo que tengo mucha experiencia en el mundo de la comunicación, del deporte y del patrocinio”, sigue. “Hay otra parte de Rafa, que es la academia y espero estar siempre ligado a él de alguna manera. Y Nadal es bastante incombustible. Me encantaría seguir con él porque cuando se retiré seguirá siendo un personaje clave en la historia del deporte y también en la de nuestro país”.

Lee aquí la primera parte de 'Nadal, más allá de la pista'.