Mikaela Shiffrin, durante una competición.

Mikaela Shiffrin, durante una competición. REUTERS

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La redención de Mikaela Shiffrin en los Juegos Olímpicos de Invierno: del trauma en Pekín a buscar refugio en Milán

La esquiadora con más de 100 victorias mundiales buscará redimirse de lo ocurrido hace cuatro años en la capital china donde se fue sin medallas.

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Mikaela Shiffrin regresa a los Dolomitas en 2026 no como la promesa olímpica de hace una década, sino como la esquiadora con mayor número de victorias en la historia. Cortina d'Ampezzo será su último acto, su oportunidad de cerrar heridas que van mucho más allá del deporte.

En febrero de 2022, el mundo vio algo impensable: Mikaela Shiffrin fracasó en los Juegos Olímpicos de Invierno. Tres competiciones, cero medallas y múltiples abandonos consecutivos en sus disciplinas preferidas dejaron atónitos a los aficionados. La esquiadora que lo había ganado casi todo desapareció bajo la nieve artificial china.

Shiffrin quedó 18ª en el descenso libre, fuera del podio en slalom gigante y abandonó en la combinada alpina. No fue solo una mala semana; fue un espejo roto de su identidad como deportista. En Pekín no hubo excusas, solo silencio y preguntas sin respuesta que ella misma no podía explicar públicamente.

Mikaela Shiffrin, durante una competición.

Mikaela Shiffrin, durante una competición. REUTERS

Ese fracaso olímpico contrasta dramáticamente con su trayectoria previa. Oro en slalom gigante en Piongchang 2018, medallista frecuente en campeonatos mundiales, ganadora de múltiples Globos de Cristal: Pekín fue una anomalía que destrozó su narrativa de invencibilidad.

Sin embargo, ese abismo temporal también fue el cimiento de su redención futura. Las mayores tragedias deportivas engendran los mayores regresos. Pekín no fue el final de Shiffrin, sino el prólogo de su resurrección.

Trituradora de récords

Tras Pekín, Shiffrin no buscó justificaciones. Decidió escribir una historia en números que nadie pudiera cuestionar. En marzo de 2023, en la pequeña localidad sueca de Åre, superó el sagrado récord de Ingemar Stenmark de 86 victorias en la Copa del Mundo. Con su victoria 87, se convirtió en la esquiadora alpina más ganadora de la historia.

Pero no se detuvo. Continuó acumulando victorias con una consistencia brutal. Para diciembre de 2025, Shiffrin ha alcanzado 105 victorias en la Copa del Mundo, una cifra que deja obsoleto cualquier comparación histórica. Ningún esquiador hombre o mujer se acerca a este dominio absoluto.

Estos números representan algo más que estadísticas. Simbolizan una respuesta feroz a los escépticos de Pekín. Cada victoria fue un paso deliberado hacia la restauración de su reputación deportiva, cada Globo de Cristal una afirmación de que Pekín fue una tormenta pasajera.

Ganó en slalom, su disciplina de alma. Ganó en gigante, su fortaleza táctica. Ganó en combinadas, donde menos competencia tiene. Shiffrin se reinventó como una máquina de precisión, casi indiferente a la presión que la asfixió en China.

El gran susto

Pero si el palmarés de Shiffrin es impecable, su cuerpo ha pagado un precio brutal. En enero de 2024, regresó a Cortina d'Ampezzo, la misma sede donde competirá en los Juegos Olímpicos. Allí sufrió una caída que presagiaba el infierno que vendría.

El verdadero susto llegó el 30 de noviembre de 2024 en Killington, Vermont. Shiffrin lideraba la primera manga del slalom gigante cuando, ya en la tercera manga de regreso, perdió un borde y colisionó contra las puertas. Fue lanzada por el aire, golpeada por la red de protección, pero lo peor ya había ocurrido: un objeto punzante atravesó su costado.

La lesión fue brutal. Algo, nunca identificado con precisión, había perforado profundamente su abdomen, dañando sus músculos oblicuos. Shiffrin describió el dolor como "un cuchillo que no solo te apuñala, sino que permanece dentro de ti". Estaba a milímetros de un daño catastrófico, potencialmente terminal.

Necesitó cirugía de urgencia. El regreso parecía incierto. A los 30 años, después de cuatro años atormentados, Shiffrin enfrentaba la posibilidad de que su carrera terminara no en gloria olímpica, sino en una camilla en Vermont.

El trauma físico fue solo la mitad de la batalla. Killington desencadenó un trastorno de estrés postraumático severo que Shiffrin lidió durante meses. En una confesión publicada en junio de 2025, ella misma reveló la oscuridad mental que la acompañó: momentos donde dudaba si quería volver a competir, días donde carecía de motivación para levantarse.

Trabajó con una psicóloga para comprender el trauma acumulativo. Las caídas de Cortina en enero y Killington en noviembre se potenciaron mutuamente. Su padre falleció hace cinco años; su prometido, el esquiador noruego Aleksander Aamodt Kilde, sufrió un grave accidente en enero de 2024. Fue, en palabras de Shiffrin, la "tormenta perfecta" para que el PTSD se apoderara de ella.

Redención

Sin embargo, en enero de 2025 regresó a la competencia. Lentamente, paso a paso, recuperó la alegría. Ganó su 100ª victoria en febrero de 2025. Ahora, a finales de 2025, se aproxima a Milán-Cortina como una mujer transformada: cicatrizada, pero invencible.

Cortina d'Ampezzo será el epílogo de una carrera tortuosa. Shiffrin no necesita demostrar que es la mejor esquiadora viva; su récord de 105 victorias lo grita. Lo que busca en los Dolomitas es paz: cerrar los demonios de Pekín, superar el trauma de Killington, dejar constancia de su resiliencia.

Mikaela Shiffrin celebra un título.

Mikaela Shiffrin celebra un título. REUTERS

La pista Tofana Schuss, donde competirá, ya no es un enemigo desconocido. Shiffrin la ha esquivado, la ha estudiado, la ha temido. Milán-Cortina 2026 será su momento de confrontación final con toda la adversidad que ha enfrentado.

Quizá gane oro. Quizá termine cuarta. Pero mientras Mikaela Shiffrin cruce esa línea de meta en Italia, habrá completado algo más valioso que cualquier medalla: la redención de sí misma.