Enhamed

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Enhamed, la leyenda española del Phelps ciego: de la medalla en los JJOO a ascender al Kilimanjaro

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En 1996, un niño canario de ocho años, Enhamed Enhamed, discutía con su madre. Hubo un momento en el que cerro los ojos. Cuando los abrió, ya no veía nada. Desprendimiento de retina. Se había quedado ciego.

Un año después, Enhamed comenzó a nadar. A día de hoy, en 2018, es el mejor nadador paralímpico de la historia. Cuatro medallas de oro, dos de plata y tres de bronce figuran en su palmarés. En una entrevista concedida a EL ESPAÑOL, Enhamed ha demostrado, además, ser un ejemplo de filosofía de vida.

"Mis padres me enviaron a un internado de la ONCE. Yo era el único que no sabía nadar. Por la presión de mis compañeros empecé a nadar por hobby, y me apasionó. Una cosa lleva a la otra. Cuando fui a un instituto normal me sentí desplazado, porque era el único distinto. En gimnasia muchas veces no me dejaban hacer deporte y empecé a irme a la piscina dos horas todos los días. Eso aumentó a cuatro horas y cuando me quise dar cuenta estaba entrenando siete horas diarias".

Así narra sus inicios en el agua. Poco a poco, o como él dice, "viniendo del mundo del deporte, no entiendo nada sin práctica diaria, porque se pueden tener principios, pero éstos se manifiestan en nuestras acciones".

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Trabajo duro y constante

Esa idea del trabajo diario le fue inculcada por sus entrenadores, de los cuales destaca "Ramón, que fue el que me enseñó a nadar u Óliver, quien me presionó más allá de lo normal. Pero la figura que ha estado presente durante toda mi carrera deportiva ha sido mi seleccionador, José Luis Vaquero".

"Cuando volví de los Juegos Olímpicos de Pekín, con cuatro oros y dos récords del mundo, lo primero que me dijo fue: 'Bueno, habrá que analizar la prueba para ver dónde podemos mejorar'. Yo en ese momento, con 21 años, estaba alucinando por lo que había conseguido y me sentó muy mal. Pero es cierto que con el tiempo y la retrospectiva entiendes que este tipo de acciones son las que hacen posible la mejora constante", narra, explicando así su forma de ver la vida.

Naturalmente, todos pasamos por momentos duros, y Enhamed no es menos: "Tres meses antes de Pekín me salió una competición fatal. Pensé que no iba a llegar, pero tras tiempo de reflexión me dije que con todo el trabajo que tenía hecho, eso tenía que salir. Esos momentos te forjan, porque tienes cien razones para abandonar y solo una para continuar".

"Quizás luego el tiempo te demuestre que estás equivocado, pero es mucho peor abandonar y decir que una vez intentaste algo. Ahí no hay recompensa. La recompensa está en quien lo consigue", afirma tajantemente.

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La clave del éxito

Apodado 'el Michael Phelps español', Enhamed se toma estos halagos con agradecimiento, pero sin dejar de lado la humildad. Por ello destaca como su mayor logro haber "transformado mi mente. Yo hasta los 19 años era una persona negativa que aceptaba la etiqueta que me pusiera la sociedad. Me tomó dos años llegar al punto en el que empecé a decir que no había perdido la vista, sino ganado la ceguera".

Fue esa motivación de querer "demostrar que eres capaz cuando todos dicen que no eres capaz" lo que le llevó a la natación, "un deporte muy ingrato, porque te pasas muchas horas entrenando por mejorar una décima, y además tú cuando estás nadando no hablas con nadie, te animas a ti mismo y solo respiras 30 segundos, cuando sacas la cabeza del agua".

Pero hubo un punto de inflexión, "cuando dejé de pensar en lo que era en ese momento o en lo que los demás creían que era, para empezar a pensar en que quería ser". Esto sucedió en "febrero del 2007, cuando venía de una crisis bastante jodida porque llevaba tres años con las mismas marcas, y en la natación eso es un fracaso estrepitoso".

En ese momento, Enhamed se hizo una pregunta: si no es el físico, ¿qué le faltaba por mejorar? "La respuesta fue bastante clara: tenía que empezar a entrenar mi mente. Desde entonces me obsesioné y leía todo lo que pillaba: libros de psicología, investigaciones sobre cómo mejorar la motivación, libros de fisiología, filosofía griega, estoica, japonesa... Todo lo que te puedas imaginar, y era solo para seguir mejorando. Dejé de aspirar y empecé a convertirme, porque tengo muy claro que el resultado no te lo garantiza nadie".

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Vivir con objetivos

Actualmente, Enhamed se dedica, entre otros muchos proyectos, al coachinges decir, las charlas motivadoras. Destaca que, pese a la importancia del físico, la mente es clave en el deporte, "porque la historia nos demuestra que gente muy talentosa se ha quedado en el camino. La clave es conseguir dirigir tus emociones y tus pensamientos, y sobreponerte al dolor, porque al fin y al cabo el entrenamiento es eso, dolor y frustración".

Por ello, Enhamed pocas veces habla de 'sueños', sino que prefiere hacerlo de 'planes': "El año pasado quise relajarme. Nada de deporte, ningún objetivo y más tranquilidad. Ha sido uno de los peores años que he tenido, porque con las conferencias y el trabajo me ha ido muy bien, pero no me llenaba".

Siempre activo, ha participado en una startup diseñando unas gafas especiales para ciegos, lo cual le ha valido a esta pequeña empresa un reconocimiento al mejor crecimiento del año. Esto tras haber cruzado el estrecho de Gibraltar a nado, o escalado el Kilimanjaro, la montaña más alta de África. No compite desde los Juegos Paralímpicos de Londres 2012, aunque no descarta volver a hacerlo en los próximos si el físico le alcanza.

Prefiere no hablar de "ídolos", sino de "referentes", entre los que destaca a personas tan dispares como el tenista Rafael Nadal, la nadadora Katie Ledecky, el inversor Warren Buffet o la política Margaret Thatcher. De todos ellos "me quedó con lo que me gusta, sea quien sea, y lo que no me convence lo deshecho".

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En busca de la igualdad

Este sábado 24 de noviembre, Enhamed estuvo presente en el Concierto de compromisos y sentimientos de hombres con la igualdad, parte de la iniciativa #Soy365 para luchar por la igualdad y contra las violencias machistas.

"He crecido toda mi vida rodeado de mujeres fuertes, como es el caso de mi madre o de mi hermana. La verdad es que en el entorno en el que me he desarrollado dentro del mundo del deporte hay mujeres que no tienen que reclamar su propio espacio porque lo tienen, y además sería inconcebible que no lo tuvieran", explica, dando su opinión al respecto.

"Son cosas que en el siglo XXI me parecen tan obvias que ni siquiera me pongo a reflexionar sobre ello. Por ello me parece interesante que los hombres no solo hablemos de ello, sino que pongamos de nuestra parte. Porque a veces parece que es una cosa de una sola parte de la población, pero es cosa de todos. Si todos nos cuidamos mutuamente, tendremos un entorno mejor".

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