Los velocistas, durante la final de los 200 metros.

Los velocistas, durante la final de los 200 metros. Reuters

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Guliyev sorprende en los 200 metros en el duelo entre Van Niekerk y Makwala

El turco de origen azerbaiyano se impone en la final del doble hectómetro con un tiempo de 20.09s por delante del sudafricano (20.11s). Badman acabó 6º.

Londres (Enviado especial)

Isaac Badman Makwala es el atleta indestructible, la leyenda que se revela en el Estadio Olímpico de Londres. Wayde Van Niekerk es el velocista total, el sucesor de Bolt que persigue un doblete histórico en 200 y 400 metros. Ambos llegan a la final del doble hectómetro con incertidumbre; pero el duelo del campeonato, irrealizable en la prueba de la vuelta a la pista por culpa de un norovirus, se produce finalmente en la final del doble hectómetro. Sin embargo, Ramil Guliyev, atleta de origen azerbaiyano que compite por Turquía, arruina las historias de Makwala y Van Niekerk ganando la medalla de oro en un tiempo de 20.09 segundos. 

El sudafricano de 25 años, tremendamente superior en la prueba en la que es el plusmarquista mundial, ya no puede contemporizar, sino que esprinta al máximo, con una posición más crispada y menos elegante. Van Niekerk responde tarde ante el empuje de Guliyev en la recta: los 200m se le quedan ligeramente cortos y entra segundo por dos centésimas (20.11s). El Mundial de Londres manifiesta que los dobles dobles de Michael Johnson en Gotemburgo 95 y Atlanta 96 están solo al alcance de un extraterrestre. Wayde lo es, pero en el tartán del Estadio Olímpico se ausenta su mejor versión. "Esta competición ha sido una enorme montaña rusa para mí con momentos buenos y malos", confiesa el sudafricano. "Las dos medallas son positivas para mi carrera".

La final del doble hectómetro, como todas las de velocidad en este campeonato, se gana con un tiempo poco vistoso, sin romper la barrera de los veinte segundos —el tercer metal es para el trinitense Richards (20.11s), que paga sus exhibiciones de las rondas previas—. Mientras, el aura invulnerable de Makwala, el atleta más rápido del año con 19.77s, se esfuma y queda relegado a la sexta posición (20.44s). El makwalagate tiene finalmente más fuerza que las piernas del propio Badman.

Guliyev y Van Niekerk se dan la mano después de la final de los 200m.

Guliyev y Van Niekerk se dan la mano después de la final de los 200m. Reuters

El resultado del velocista botsuano, quien genera una burbuja mediática capaz incluso de hacer olvidar la derrota de Bolt en los 100m, provoca el "¡oh!" de un estadio que ya lo recibe como un héroe. Su peripecia es la historia del campeonato: primero un norovirus le expulsa de la final de los 400 metros; después chapotea solo, reaceptado por la organización, bajo la lluvia en una serie de 200 metros tras la que acaba haciendo flexiones. El público británico a nadie aclama tanto como a él y en la final del doble hectómetro todos sueñan con un final feliz. El deporte, sin embargo, no se escribe por antojo como si se tratara del guión de una película. Makwala no gana medallas, pero si el atletismo necesitaba una estrella mediática ahora que Usain Bolt dice adiós, Makwala presenta su candidatura para recoger testigo. "He tenido uno de los campeonatos más rocambolescos de la historia. Rezaré siempre para no tener que volver a enfrentarme a esto", confiesa una vez se le baja el ácido láctico.

Guliyev, subcampeón del Europa el año pasado por detrás de Bruno Hortelano, da la vuelta de honor a la pista envuelto en dos banderas: la de Azerbaiyán, el país que le vio nacer, y la Turquía, la nación por la que compite en la actualidad. Su triunfo, entrometiéndose en el Makwala vs Van Niekerk, causa shock a algunos, pero lo cierto es que el nuevo rey del doble hectómetro cuenta con un galardón en su currículum de mucho prestigio: es el segundo júnior más rápido de la historia solo por detrás de un jamaicano llamado Usain Bolt, precisamente de quien recibe la corona. El turco venció sin nadie mirando a su calle: "Competía contra algunos de los mejores atletas del mundo, así que no me importaba que la atención recayese sobre ellos. Quizás en la siguiente carrera todos se fijen en mí".