Mo Farah celebra su victoria en la final de 10.000 metros.

Mo Farah celebra su victoria en la final de 10.000 metros. Reuters

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Mo Farah, el Sir invencible: tercer oro seguido en los 10.000 metros del Mundial

El rush final británico del británico, tan demoledor como acostumbra, fue inalcanzable para la armada africana, que puso un ritmo infernal desde el primer giro a un Estadio Olímpico que rugió a favor de su atleta.

Londres (Enviado especial)

Desde la megafonía se escucha: "¡Necesitamos más volumen en el estadio!". La armada africana, con los atletas de Kenia, Uganda y Eritrea relevándose sin respiro, marca un ritmo salvaje; saben que es la única manera, desgastándolo, de tener una mínima oportunidad para derrotar a Mo Farah en la final de los 10.000 metros. El británico, aislado, gesticula y pide aliento al público de un Estadio Olímpico Londres que ruge de forma atronadora. Una vez más, la carrera se decide en el último giro a la pista, donde Farah, a pesar de tropezar varias veces, esprinta más que nadie y vuelve a ganar en 26:49.51, la mejor marca mundial del año. Y ya van así...

En el todos contra él más descarado que se recuerda, Farah volvió a demostrar, por si quedaba alguna duda, que es invencible; no importa que sus rivales acuerden una táctica para tratar de minar sus fuerzas de cara al rush final, o que se trastabille. En la pista donde según él empezó todo con el doblete en 5.000 y 10.000 de los Juegos, donde se comenzó a fraguar su leyenda, donde dice que cambió su vida, el británico cruzó de nuevo la línea de meta sin nadie por delante, haciendo el 'mobot' con su brazos por encima de la cabeza. Se arrodilló en la misma calle 7 y se puso a rezar de rodillas antes de acercarse a la grada para bajar a sus hijas al tartán y dar la vuelta de honor.

El Sir británico, sin su polémico entrenador Alberto Salazar en la tribuna, sufrió más que nunca. Los 26:69.51 son su tiempo más rápido en una final de un campeonato, lo que refleja el fuerte empuje, a la postre en vano, de los Cheptegei, plata, Tanui, bronce, Yimer o Kamworor. El atleta de origen somalí, con su tercer oro en los 10.000 metros en unos Mundiales, conquista así la primera parte del que podría ser su sexto verano consecutivo firmando un doblete. Rematar la faena con otro triunfo en los 5.000 sería el broche de oro a su carrera atlética sobre el tartán antes de saltar al asfalto.

Farah, con su familia en el tartán tras lograr su 10º oro.

Farah, con su familia en el tartán tras lograr su 10º oro. Reuters

"¡Qué gusto da acabar así en Londres! ¡Ha sido increíble!", dijo Farah, que lleva 10 finales seguidas donde hay medallas en juego (JJOO, Mundiales o Europeos) sin ser derrotado. "Ha sido una de las carreras más duras de mi vida, y me di cuenta de que iba a ser así cuando íbamos por la mitad. Entonces me mantuve fuerte y recordé que no he trabajado tanto para nada", confesó sonriente en zona mixta antes de agradecer el apoyo de 55.000 mil de sus compatriotas. "Londres es siempre increíble".

Con el God save the Queen se cerró la primera jornada de atletismo en el Estadio Olímpico. La primera batalla, coronó a Farah, que se retiró con unos pequeños cortes y moratones por culpa de los continuos enganchones con los africanos. El sábado, con todo el planeta mirando, es el turno del último 100 de Usain Bolt. En el Mundial de las despedidas, los genios comienzan a brillar.