Salvador Carmona

La cita mundialista con el deporte de la pelota ovalada empezó de manera sobresaliente el pasado viernes para Inglaterra, país anfitrión. El XV de la Rosa se estrenó frente a su gente en un Twickenham repleto de aficionados que vio a su selección apabullar a Fiyi por 35-11. El conjunto de Stuart Lancaster no dio pie a una sorpresa en la jornada inaugural y solo recibió 3 puntos en la segunda parte frente al combinado del sudeste pacífico.

El dato de audiencia también fue sobresaliente: 8 millones de ingleses siguieron el debut de su selección, con el 'minuto de oro' superando los 9.4 millones de televidentes por el canal británico ITV. Los expertos citaron el debut de Inglaterra como satisfactorio, pero pronto la atención se fijó en la organización del evento, concretamente en el precio astronómico de las entradas: 104 libras esterlinas de media por ticket.

La organización del evento fue capaz de colgar el cartel de “no hay billetes” el viernes en el encuentro inaugural, pero los críticos catalogaron los precios como “ridículos” y “vergonzosos” en la retransmisión de la tertulia post-partido en Eurosport. Los organizadores del evento contestaron rápidamente en la cámaras de la BBC recordando la existencia de entradas para menores acompañados por adultos a solo 7 libras. Sin embargo, la ira no tardó en manifestarse y periodistas de prestigio señalaron en diferentes medios que de los 2.4 millones de entradas disponibles, más de la mitad cuestan más de 100 libras.

Las entradas del evento son las más caras de cualquier torneo deportivo de enjundia en los últimos años. Ajustar los precios por inflación tampoco ayuda a la causa; sigue siendo el evento con las entradas más caras, seguido por el anterior Mundial de Rugby organizado en Nueva Zelanda.

Las entradas de la final que empezaron a ser vendidas por 515 libras -las más baratas- ya superan los 6 dígitos en la reventa, multiplicando el beneficio 195 veces, según el Daily Mirror. En el partido inaugural la entrada más barata oscilaba en torno a las 75 libras y terminaron siendo revendidas por más de 10.000. El negocio preocupa a la IRB, entidad organizadora del Mundial, que tratará de frenar estas actividades antes del final del campeonato, según The Telegraph.