Sergio Ramos se lamenta tras su gol en propia puerta.

Sergio Ramos se lamenta tras su gol en propia puerta. REUTERS

1ª División LIGA SANTANDER

Un gol en propia puerta de Ramos y la 'caraja' del Madrid elevan al Sevilla a la lucha por la Liga

Los andaluces remontan en los últimos diez minutos y de forma épica un tremendo duelo (2-1). Los de Zidane dejan la racha de imbatibilidad en 40 partidos. El Sevilla, a un punto del líder.

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Antes o después tenía que pasar. El Madrid, algún día, iba a perder. Pero lo hizo con su rival ahora más directo en la Liga. Y lo hizo en diez minutos que pueden ser claves al final del torneo. Hasta el 80' estaba todo controlado para el Madrid. Había marcado Cristiano de penalti y el Madrid se mostraba tranquilo en la caldera del Pizjuán. Pero acabó tan cansado, tan a merced del Sevilla, que se fue hundiendo lentamente. El Sevilla fue de achuchón en achuchón y acabó con una victoria épica, lograda al final con un gol en el descuento. Y la logró también con un gol de Ramos en propia puerta. Sí, han leído bien. Con todo lo que había pasado en la semana previa, Ramos dio un gol al Sevilla. Surrealista. [Narración y estadísticas: Sevilla 2-1 Real Madrid]

Sorprendió Zidane con un 3-4-3, con Marcelo y Carvajal de carrileros, subiendo y bajando, más cerca de la defensa que del ataque. Para equilibrar, puso por primera vez a tres defensas centrales en un once titular: Ramos, Varane y Pepe. En un partido con tantísima intensidad, supo Zidane tapar tanto peligro sevillista y prácticamente ahogó la parte ofensiva del rival. Fue un dibujo inteligente pero que le duró una parte. Más bien le duró lo que aguantó Casemiro, que dio un recital en la primera parte. Parecía el brasileño un recogepelotas. Allí donde iba el balón, estaba él. Su lucha con N'Zonzi en esa primera parte fue una de los grandes duelos que nos ha dado esta Liga. Dos stoppers cara a cara en una demostración de que el fútbol se construye ahí, que no todo es Messi, Griezmann o Cristiano. Con jugadores como Casemiro y N'Zonzi también se gana.

Fue en la segunda parte cuando el partido cogió tintes de lo que debió ser desde el principio. El duelo entre el primer y segundo clasificado merecía tener ocasiones, además de tensión. Y por fin las tuvo. Los primeros diez minutos de la segunda mitad fueron frenéticos, de área a área. No hubo goles por el acierto de un seguro Keylor Navas (le sacó una a Ben Yedder y otra a 'Mudo' Vázquez), los fallos de un indeciso Cristiano y los nervios propios de la tensión que se vivía. La más clara fue una de Benzema en un barullo en el área que acabó con el francés lanzando a las nubes el balón. También Ronaldo lo tuvo todo para marcar el 0-1, pero el último pase a Benzema lo hizo tan horrible que una jugada de ataque clara del Madrid acabó con control del balón de Rami. 

Todo cambió en el minuto 66. En el ecuador de la segunda parte, Carvajal se internó en el área. Apenas tenía peligro porque el balón se le iba largo, no iba en dirección de portería y encontrar un centro era casi un milagro. Sergio Rico midió mal y atropelló al lateral de Leganés, cometiendo penalti. Era claro, a pesar de que el meta español alegara que tocó el balón, pero una cosa es tocar balón y llevarte al rival por delante. Lo anotó Cristiano no sin tangana previa. Vitolo fue a destrozar el punto del penalti y el portugués reaccionó con un balonazo al internacional español. Ninguna de las dos acciones fue sancionada.

El fútbol es tan impredecible que alcanza límites de surrealismo insospechados. Con todo lo que había pasado a Ramos, en un recibimiento tremendamente hostil, con pitada cada vez que tocaba el balón, fue el central madridista el que dio alas al Sevilla. Ramos se marcó en propia puerta con un portentoso cabezazo que ponía el empate en el partido. A esta semana de insultos y gestos, de polémica en torno a la figura del camero, solo quedaba finalizarla con algo tan surrealista con un gol de Ramos en propia puerta. Era el minuto 85 y no sería lo último que tendría que sufrir el Madrid.

El Madrid se hundió en ocho minutos de una manera impropia de un equipo que quiere ganar la Liga. Se quedó sin cabeza y prefirió ir a lo loco, sin medir los tiempos. El empate no era mal resultado visto lo visto, mantenía la distancia con el Sevilla y se libraba de salvar el récord. Pero nada. El Madrid no solo no perdió tiempo sino que perdió la cabeza y el balón. Durante cinco minutos el Sevilla le atacó en un arreón que tenía todos los visos de acabar en gol. Y así fue. Jovetic, que minutos antes había tenido una muy clara, se benefició de un fallo de Benzema en el centro del campo, que sin ritmo perdió un balón a la postre clave. El nuevo delantero del Sevilla, una bendición en el esquema de Sampaoli, se aprovechó también de la parsimonia de la defensa madridista y remató desde fuera del área como quiso. Tampoco ayudó que Keylor Navas no parara con la suficiencia que se pide a un gran portero. Era el minuto 92. El Madrid probaba de su propia medicina y lo hacía con una sensación de derrota gorda.

Adiós al récord y con una sensación de fragilidad. Antes o después tenía que perder este Madrid y hacerlo en Sevilla no es un drama. Pero tal y como fue, con un final de partido frenético, hundiéndose poco a poco y dejando triunfar a su rival, puede dejar un poso de dudas en Chamartín. Sigue líder, pero con el Sevilla ya a un solo punto y el Barça ya a dos. Eso sí, el Madrid tiene un partido menos. Lo que queda claro es que este Sevilla de Sampaoli se merece todos los elogios porque está logrando un milagro. Mantener a este Sevilla a mitad de enero por encima del Barcelona y a un solo punto del campeón es para elevar a los cielos de la capital andaluza a Sampaoli. El Sevilla fue más Sevilla que nunca. El Madrid se hundió en diez minutos. Hay Liga. Hay emoción más allá del Pizjuán.