Alfredo Santaelena, durante un partido con el Depor.

Alfredo Santaelena, durante un partido con el Depor. EFE

Fútbol

Alfredo Santaelena (59), sobre sus propiedades: "Invertí en pisos. Compré 4 y ahí es donde está mi plan de jubilación"

El exjugador de Atlético y Deportivo siguió los sabios consejos de Luis Aragonés y apostó por el 'ladrillo' durante su carrera para asegurar su futuro económico tras colgar las botas.

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Guillermo Echeverría
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La carrera de un futbolista de élite es intensa, pero inevitablemente efímera. Cuando el telón cae y las botas se cuelgan, suele aparecer un abismo para muchos jugadores que no planificaron el día después. Sin embargo, este no fue el caso de Alfredo Santaelena.

A sus 59 años, el histórico excentrocampista del Atlético de Madrid y del Deportivo de La Coruña tiene muy claro cuál fue la mejor jugada de su vida fuera de los terrenos de juego. "Invertí en pisos. Compré cuatro y ahí es donde está mi plan de jubilación", confesaba, dejando una profunda reflexión sobre la gestión del dinero y el éxito.

Para entender la magnitud de su decisión, es necesario viajar a la década de los noventa. Aunque los salarios en la Primera División española eran altos, no alcanzaban las cifras astronómicas de la actualidad.

Un futbolista terminaba su carrera profesional alrededor de los 33 años, convertido en un "crío" para la vida civil, pero con décadas por delante sin los ingresos millonarios de su etapa deportiva. Era un escenario propicio para el despilfarro, un precipicio por el que cayeron muchos talentos que confundieron la abundancia temporal con la riqueza eterna.

Aquí cobra vital importancia la figura de su gran maestro: Luis Aragonés. El "Sabio de Hortaleza" no solo era un genio táctico en el banquillo, sino también un consejero para sus jugadores.

En la intimidad del vestuario, Aragonés solía darles un aviso muy directo y castizo: el dinero ganado con esfuerzo en el césped debía invertirse en patrimonio tangible. "Ladrillo", les decía.

Santaelena interiorizó aquel mensaje a la perfección. En lugar de dejarse deslumbrar por colecciones de coches de lujo, negocios de alto riesgo o un tren de vida insostenible, optó por la prudencia del sector inmobiliario.

Esos cuatro pisos que adquirió durante su etapa en activo se han convertido hoy en su mayor tranquilidad. Lejos de la presión mediática de la élite, Santaelena disfruta a sus 59 años del fruto de su sensatez.

Su sólida cartera inmobiliaria le proporciona una red de seguridad inquebrantable, un verdadero plan de jubilación que le ha permitido decidir sus pasos en los banquillos o en su vida personal sin tener que convivir con la angustia de la incertidumbre económica.

La historia de Alfredo Santaelena es la de un trabajador del fútbol que supo escuchar a sus mayores. Su testimonio sigue siendo una valiosa clase magistral para las nuevas generaciones de deportistas.

Al final, el mejor gol de su carrera no lo marcó sobre el césped del Vicente Calderón o de Riazor, sino firmando escrituras, asegurando que su futuro estuviera cimentado sobre algo mucho más duradero que la fama.