Arda Güler y su padre Ümit Güler

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Fútbol

Güler, 21 años: "Mis amigos iban a comer gofres y yo no les decía que no podía pagarlos. Me inventaba que estaba cansado"

El jugador del Real Madrid no tuvo una infancia fácil en los barrios de Turquía.

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Detrás de la sonrisa perenne y el talento deslumbrante que hoy ilumina el césped del Bernabéu, existe una historia forjada en la necesidad y el sacrificio.

Arda Güler, a sus 21 años, ya no es solo la promesa que asombró a Europa, sino una realidad contrastada del fútbol mundial. Sin embargo, para entender la madurez con la que domina el balón, hay que viajar atrás en el tiempo, a las empinadas calles de Ankara, donde el dinero escaseaba pero los sueños de grandeza sobraban.

En una carta en Players Tribune sobre sus orígenes, el mediocampista turco ha desnudado su alma al recordar los momentos más duros de su infancia, marcados por la quiebra del pequeño comercio de su padre.

Esa crisis económica tiñó su niñez de una madurez prematura, obligándole a enfrentar situaciones impropias de su edad. "Mis amigos iban a comer gofres y yo no les decía que no podía pagarlos. Me inventaba que estaba cansado", confesó Güler.

A pesar de las penurias diarias, el fútbol siempre se mantuvo como el gran refugio familiar. Su padre, un visionario empeñado en que su hijo triunfara en el deporte rey, utilizó métodos tan caseros como efectivos para potenciar su talento innato. "Mi padre me ponía globos en el lado izquierdo del cuerpo para que chutara con la zurda", recuerda.

Arda Güler, durante un partido con el Real Madrid.

Arda Güler, durante un partido con el Real Madrid. EUROPA PRESS

La escasez material nunca logró mermar su pasión. El jugador rememora que, cuando a los 12 años soñaba con tener una PlayStation para jugar al FIFA, su padre hizo un esfuerzo titánico y logró comprarle una consola en un mercadillo.

Resultó ser una imitación barata de la original con nombres de equipos falsos, lo que provocó las burlas inmediatas de sus amigos del barrio. Sin embargo, la respuesta que el joven Arda dio entonces demostraba una perspectiva vital insólita: "No necesito un campo de verdad, ni una PlayStation nueva. Aunque mis porterías sean dos piedras, soy feliz igual".

El talento descomunal, sin embargo, no entiende de extractos bancarios. A los 13 años, mientras brillaba en la cantera del Gençlerbirliği, el gigante Fenerbahçe llamó a su puerta. La oferta exigía un traslado inmediato a la imponente Estambul, un movimiento que aterrorizaba a la familia por los elevadísimos costes que implicaba abandonar la capital.

Fue su padre quien disipó las dudas tomando la decisión con una metáfora lapidaria que Güler guarda grabada a fuego en la memoria: "Si te vas a ahogar, ahógate en el gran mar".

Pero el golpe de realidad definitivo se lo dio su hermana, minutos antes de emprender aquel viaje. Mientras cargaban el coche con sus escasas pertenencias, ella le miró a los ojos y le traspasó toda la responsabilidad del futuro familiar.

La despedida no incluyó un simple deseo de suerte, sino un mandato estricto de supervivencia: "Arda, tienes que llenar la nevera". Apenas era un niño de 13 años, pero en ese preciso y vertiginoso instante comprendió que el fútbol dejaba de ser un juego de barrio para convertirse en el único sustento posible de su hogar.

Hoy, a los 21 años, convertido en estrella internacional, aquel chico que no podía pagarse un gofre ha llenado la nevera para siempre, ha conquistado el "gran mar" y se ha ganado el respeto del mundo del fútbol sin perder jamás la humildad de sus raíces.