James Rodríguez, en el Mundial.

James Rodríguez, en el Mundial. Reuters

Fútbol

James Rodríguez, futbolista: "Tenía 16 años y me fui sólo a Argentina. Lloraba prácticamente todos los días"

El capitán de la selección de Colombia ha hablado en alguna ocasión de las dificultades que atravesó en sus inicios.

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J. P.
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Cuando James Rodríguez recuerda su salto a Argentina, no lo hace como una aventura romántica de promesa precoz, sino como un corte abrupto en su adolescencia.

El colombiano ha hablado de ese periodo en varias entrevistas, pero una de las más completas la dio en Canal Otro, en 2019, en una charla larga en la que repasó su trayectoria desde los campos de arena de su infancia hasta el Bernabéu.

En ese contexto, al reconstruir su fichaje por Banfield, James cuenta que el paso de Envigado al fútbol argentino fue "un cambio duro, un cambio drástico", y que en esos primeros meses se encontró completamente solo, sin la red de apoyo de su madre, de sus amigos ni de su entorno habitual.

"Los cinco primeros meses me fui solo. Lloraba prácticamente a diario porque estaba solo, porque estaba lejos de mi madre, de mis amigos… Todo el mundo piensa que es algo fácil y es algo duro", recuerda.

Ese testimonio encaja con la imagen que otros relatos biográficos han dibujado de su adolescencia: un chico tímido, más serio de lo habitual para su edad, que venía de una infancia "linda, en un barrio humilde" y que había encontrado en el balón su refugio frente a la ausencia del padre y a las estrecheces económicas.

El salto a Banfield le exigió no solo adaptarse a un fútbol más físico y directo, sino asumir de golpe la soledad del profesional que emigra.

Años más tarde, en una entrevista con el programa 'Los amigos de Edu', emitida por Antena 3 Internacional y recogida también por medios digitales, James resumiría su paso por el sur con otra imagen contundente: "Con 16 años me reventaban jugando en Argentina, era un fútbol más directo y físico, pero yo me lo tomaba con tranquilidad".

James Rodríguez, durante el partido ante Uzbekistán.

James Rodríguez, durante el partido ante Uzbekistán. Reuters

Entre ambas frases se dibuja un mismo hilo: el del adolescente que llora casi cada día lejos de casa, pero que al mismo tiempo se acostumbra a que "lo revienten" en un campeonato duro, sin perder la calma ni la ambición.

Esa etapa en Banfield, marcada por la nostalgia y por la necesidad de hacerse fuerte, acabó siendo el trampolín que lo llevó a Europa y lo situó en la élite.

Hoy, cuando mira hacia atrás, James utiliza esas palabras sobre sus 16 años para recordar que, detrás del jugador que superó sus propios sueños, hubo un niño que tuvo que aprender a estar solo antes de que el mundo entero lo conociera por sus goles.