Julen Lopetegui durante un partido como entrenador del Sevilla

Julen Lopetegui durante un partido como entrenador del Sevilla Europa Press

Fútbol

Lopetegui, 59 años: "Mi padre no quería verme sufrir con la piedra y prefería que fuera jugador de pelota o futbolista"

El entrenador español cumplirá por fin su sueño de debutar en un Mundial de la mano de Catar tras lo ocurrido hace seis años con la selección española.

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A sus 59 años, Julen Lopetegui mira hacia atrás con la sabiduría que otorgan el tiempo y las experiencias en la élite del fútbol mundial.

Al repasar sus orígenes, emerge una frase que resume a la perfección la esencia de su infancia y la profunda influencia de su entorno familiar: "Mi padre no quería verme sufrir con la piedra y prefería que fuera jugador de pelota o futbolista".

Esta declaración no es un simple recuerdo vago, sino el testimonio del respeto, el amor y el sacrificio de un padre que modeló el destino de su hijo desde el corazón del País Vasco.

Para entender el peso de estas palabras, es necesario viajar al caserío Aguerre, en la pequeña localidad guipuzcoana de Asteasu. Allí creció Julen, respirando una atmósfera donde el deporte rural vasco no era un pasatiempo, sino una forma de vida.

Su padre, José Antonio Lopetegui, fue una auténtica leyenda local bajo el nombre de "Aguerre II". Un titán de la fuerza, célebre por levantar piedras descomunales y firmar récords históricos, como alzar una mole de cien kilos con un solo brazo.

Lopetegui, durante el partido frente al Atlético de Madrid.

Lopetegui, durante el partido frente al Atlético de Madrid. EFE

En ese entorno, lo natural habría sido que el pequeño Julen heredara las piedras de su progenitor. Sin embargo, el destino del futuro guardameta tomó un rumbo muy distinto debido a una firme protección paternal.

José Antonio conocía perfectamente el desgaste extremo, el dolor y el sufrimiento físico que conllevaba la disciplina del levantamiento de piedra. Por ello, con la generosidad de quien desea un camino menos cruento para su descendencia, guió a Julen hacia disciplinas donde la agilidad y la estrategia sustituyeran a la fuerza bruta.

El frontón y el campo de fútbol se convirtieron en los nuevos escenarios de juego del joven Lopetegui. Lejos del peso agobiante del granito, el balón y la pelota vasca le ofrecieron una libertad que su padre alentó desde el primer momento.

Esta sabia prohibición paternal no alejó a Julen de los valores del caserío; al contrario, los canalizó a través del fútbol.

La cultura del esfuerzo, la disciplina diaria y la resiliencia que observó en los entrenamientos de su padre se transformaron en las herramientas que lo llevaron a debutar en la Real Sociedad, a vestir las camisetas del Real Madrid y del Barcelona, y a dirigir a la Selección.

Hoy, consolidado como un entrenador de prestigio internacional, Lopetegui reconoce que su carrera deportiva fue el mejor regalo de su padre. Aquella aparente negativa fue, en realidad, un acto de amor que le permitió cambiar el sufrimiento de la piedra por la gloria del balón.