Luis Díaz, durante un partido reciente con Colombia.

Luis Díaz, durante un partido reciente con Colombia. REUTERS

Fútbol

Luis Díaz, futbolista, 29 años: "Durante mi infancia a veces no había ni para comer. Tenía 1 o 2 euros al día"

El futbolista colombiano vivió unos duros inicios en Colombia y tuvo que vivir el secuestro de su padre.

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Luis Díaz, el veloz extremo colombiano que ilumina la Bundesliga con el Bayern de Múnich, no siempre corrió sobre céspedes impecables.

Nacido el 13 de enero de 1997 en Barrancas, un rincón olvidado de La Guajira cerca de la frontera venezolana, su camino al estrellato está marcado por pobreza extrema, violencia y una determinación inquebrantable. El alto traspaso pagado al Liverpool en julio de 2025 y ya debutando en amistosos con los bávaros, Díaz recuerda esa niñez como el crisol que forjó su carácter.

En una entrevista con los medios oficiales del Bayern, el 'Guajiro' destapó sin filtros la dureza de aquellos años. "Cada pocos días, alguien era asaltado; había robos, incluso asesinatos. No había suficiente dinero. El trayecto al entrenamiento era larguísimo y solo tenía unos pocos miles de pesos al día, quizá uno o dos euros. A veces ni siquiera había para comer", confesó.

Aquella región de minas de carbón era un hervidero de inseguridad y desnutrición. Díaz creció en una familia humilde, con dos hermanos y una hermana, correteando descalzo en calles polvorientas, donde la violencia y el hambre acechaban a diario.

Físicamente frágil, el joven Lucho pesaba apenas 58 kilos al inicio de su carrera. "Estaba muy delgado. No tenía nada de músculo. Pero para mí eso nunca fue un problema. Solo quería jugar al fútbol y mejorar", afirmó.

Su padre como guía

Sus primeros pasos fueron en la escuela Cruz Valle Fútbol Club, entrenada por su padre, Luis Manuel 'Mane' Díaz, un maestro empírico que vendía comida callejera y comerciaba animales para sobrevivir.

Mane fue su primer y más exigente guía: "Nuestro padre daba mucha importancia a que trabajáramos mucho con el balón. Así que hacíamos muchos ejercicios similares a los del juego. Por lo demás, siempre se trataba de controlar el balón y pasar. Y él siempre decía: Goles son amores".

Ese mantra paternal impulsó a Díaz a destacar en pruebas con 3.000 rivales en el Barranquilla FC a los 17 años, un salto tardío pero decisivo hacia el Junior de Barranquilla.

La madre, Cilenis Marulanda, aportó calma a ese torbellino. Recordó a un niño sereno, ajeno a fiestas, priorizando el balón sobre todo. Influencias como 'Pibe' Valderrama lo llevaron a la Copa América de Pueblos Indígenas, donde brilló pese a la falta de apoyo.

De allí saltó al Porto, Liverpool y ahora Bayern, donde ya evoca ídolos locales: "Siempre he visto mucho fútbol. Cuando estoy en casa, lo veo todo. Mis primeros recuerdos del FC Bayern son Robben y Ribéry. Y luego también había un jugador llamado Schweinsteiger, ¿no? Recuerdo muy bien la final de la Champions League de 2013, que ganó el Bayern contra el Dortmund. Eso me marcó".

Aun en la élite, sombras persiguen a Díaz: el secuestro de su padre por el ELN en octubre de 2025, liberado tras días de tensión. Su historia trasciende goles -14 en Bundesliga esta temporada-; es testimonio de resiliencia. De Barrancas al Allianz, Lucho encarna el sueño guajiro: superar la adversidad con talento puro y familia inquebrantable.