Borja Iglesias celebrando el gol.

Borja Iglesias celebrando el gol. RC Celta.

Fútbol

Borja Iglesias, alto y claro sobre la homofobia en el fútbol: "Sería más feliz siendo 'maricón' que como los que insultan con odio"

El futbolista del Celta reflexionó en una entrevista con L'Equipe sobre la homofobia en el fútbol y su compromiso con denunciarla.

Más información: Celta-Rayo: Uñas pintadas contra los insultos homófobos a Borja Iglesias

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Borja Iglesias no se esconde. Ni dentro del campo, donde es el máximo goleador del Celta esta temporada, ni fuera, donde se ha convertido en una de las voces más comprometidas del fútbol español contra la discriminación.

En la previa del partido de ida de octavos de final de la Europa League frente al Olympique de Lyon, el delantero se sentó con el diario francés L'Équipe para abordar sin tapujos la homofobia que impregna estadios, redes sociales y vestuarios.

Borja Iglesias lleva años siendo blanco de insultos homófobos por sus uñas pintadas y su activismo social, pese a ser heterosexual. En enero, a la salida de un partido en Sevilla, varios individuos le gritaron "muérete, maricón" tras regalar su camiseta a un amigo.

En L'Équipe , el Panda reconoce que al principio aquello le dolía: "Lo tomé como algo personal". Pero la reflexión le llevó a un lugar distinto: "Que te llamen 'maricón' no me parece un insulto. Sería mucho más feliz siendo 'maricón' que como él, lleno de odio, sin nada mejor que hacer que lanzar insultos al final de un partido".

No es provocación, sino una forma de redirigir el foco: "Lo que me molesta es que una persona gay tenga miedo de salir del armario por este tipo de reacciones. No poder ser uno mismo es inaceptable, por eso me involucro en esta lucha".

El delantero profundiza en las razones estructurales que hacen del fútbol un terreno hostil para la diversidad: "Tradicionalmente es un deporte de hombres, un mundo que glorifica la fuerza y la virilidad. Como si los futbolistas no eran seres humanos, sino seres superiores que encarnan la esencia del sistema patriarcal".

Borja Iglesias celebra el gol del empate ante el Real Madrid.

Borja Iglesias celebra el gol del empate ante el Real Madrid. Reuters

Y rescata dos nombres propios: "Jugadores como Beckham y Guti han ofrecido un modelo de masculinidad diferente. Han cambiado la imagen del fútbol y nos han ayudado a ser más libres. Pero aún queda mucho trabajo".

Su reflexión más contundente apunta al silencio absoluto en el vestuario: "Me entristece que todavía parece imposible para los futbolistas homosexuales salir del armario. En veinte años en el mundo del fútbol, ningún compañero me ha contado esto, y eso me hace reflexionar".

Sobre sus uñas, que nacieron durante el confinamiento y se convirtieron en símbolo público con el Black Lives Matter,dijo: "Me las pinté de negro para dar visibilidad a esta causa y combatir los pensamientos racistas". En enero, la afición del Celta respondió a los insultos de Sevilla acudiendo a Balaídos con las uñas pintadas. El club lanzó un mensaje claro: "El respeto no se negocia".

Borja Iglesias, con las uñas pintadas.

Borja Iglesias, con las uñas pintadas.

Borja también reconoce el desgaste: "Siento la presión de ser una especie de justiciero. Involucrarse es mentalmente agotador".

Pero encuentra motivación en mensajes como los de hombres gays que le escriben: "Por acostarme con alguien de mi mismo sexo, tengo que renunciar a mi pasión, que es el fútbol". O en la mujer trans que se acercó en un bar de Madrid para agradecerle haberse reconciliado con el fútbol: "Empecé a llorar. A menudo pienso en ese momento cuando dudo en exponerme".