Jagoba Arrasate, durante un partido con el RCD Mallorca.

Jagoba Arrasate, durante un partido con el RCD Mallorca. Europa Press

Fútbol

Arrasate (47), entrenador de fútbol, sobre sus inversiones: "Las cuentas las lleva mi mujer junto con un asesor financiero"

El técnico vasco basa sus inversiones en las propiedades, aunque él intenta mantenerse un poco al margen.

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C. S.
Publicada

Jagoba Arrasate es en uno de los entrenadores de referencia del fútbol español tras su exitoso ciclo en Osasuna y su salto posterior al banquillo del Mallorca, con el que firmó un contrato de tres temporadas en 2024, aunque no lo llegó a cumplir después de haber sido cesado de su cargo el pasado 24 de febrero.

Nacido en Berriatua (Bizkaia) en 1978, construyó su carrera desde abajo, pasando por banquillos modestos hasta dirigir a Real Sociedad, Numancia y Osasuna antes de asumir el reto de Son Moix, lo que le colocó de pleno en la élite después de disputar la Supercopa de España y le obligó también a profesionalizar la gestión de su patrimonio.

Arrasate había dado el salto a LaLiga como primer entrenador con la Real Sociedad en 2013 y, tras su paso por Numancia, vivió su gran consolidación en Osasuna, al que dirigió durante seis temporadas antes de marcharse a Mallorca.

Ese recorrido le permitió vivir la transición de profesor de colegio y técnico de categorías inferiores a entrenador estable en Primera División, con la exposición mediática y los ingresos que eso conlleva.

En el podcast Los Fulanos, centrado en la "cara B" del deportista y en temas como emprendimiento y negocios, enmarcaba la conversación más allá del césped y ponía el foco en cómo un entrenador de Primera gestionaba su patrimonio y su estabilidad futura.

Arrasate, en el banquillo del Metropolitano.

Arrasate, en el banquillo del Metropolitano. Europa Press

En cuanto a la organización del dinero, Arrasate reconocía que no era él quien llevaba el día a día de las cuentas familiares, sino que delegaba buena parte de esa responsabilidad en su entorno más cercano.

"Las cuentas las llevaba un poco mi mujer y un asesor que teníamos, sobre todo en tema de inversiones y esas cosas, porque cuando firmabas tres años en el Mallorca sabías que ibas a ganar un dinero que tenías que gestionar también", explicaba en el pódcast.

La gestión del dinero

El entrenador admitía que, aunque las decisiones se hablaban en pareja, el peso de las gestiones prácticas recaía en su esposa y en ese profesional.

"Hablábamos entre los dos, claro que sí, pero todo el tema de hablar con el banco, con esto, con lo que fuese, si había que hacer una cosa u otra, si teníamos una casa en propiedad, si había que alquilarla, de eso se encargaba mi mujer con el asesor", relataba, subrayando esa estructura casi empresarial alrededor del hogar.

Preguntado directamente por su "portfolio", por si se metía en cripto o prefería el ladrillo, Arrasate se definía claramente como un inversor conservador centrado en la vivienda.

"Sobre todo eran propiedades, en el sentido de que yo quería tener una propiedad en Pamplona porque había sido feliz seis años allí e igual terminaba viviendo allí, que ahora mismo la tendría que alquilar, perfecto", detallaba, ligando inversión y proyecto de vida.

Para el técnico, el ladrillo ofrecía una combinación de arraigo emocional y seguridad patrimonial que no encontraba en otros productos financieros más sofisticados.

"Nos ofrecían un montón de cosas, pero a mí esas cosas me daban mucha pereza, porque me sacaban de mi día a día y no controlaba tanto", reconocía, dejando claro que prefería renunciar a oportunidades supuestamente más rentables antes que entrar en terrenos que no dominaba.

Ese rechazo se extendía de forma explícita a las criptomonedas y a las propuestas de inversión agresivas que rodean al fútbol profesional. "Más en esas cosas, ¿no?, más que en otras cosas que podían ser cripto y tal; ahora era verdad que nos ofrecían un montón de cosas y a mí esas cosas me daban como mucha pereza", recordaba.

Arrasate insistía en que esa pereza no era desinterés por el futuro, sino una forma de protección frente a un entorno que podía distraerle de su trabajo principal.

"Me sacaban de mi día a día, no controlaba tanto, entonces me daba… yo creía que éramos bastante conservadores en el sentido de lo típico: un amigo o algún familiar que necesitaba algo, cosas normales, que si podías ayudar a la gente ayudabas", apuntaba, reivindicando una economía de proximidad y alejada de la especulación.

Más allá de las cifras, Arrasate ligaba siempre la gestión del dinero a la educación de sus hijos y al ejemplo que quería dar en casa. Citaba el caso del exfutbolista Alkiza para ilustrar su preocupación: "Una de las cosas que él decía cuando empezó a entrenar o a trabajar en la Real era que no quería que sus hijas le viesen en casa todos los días sin hacer nada", evocaba.

Jagoba Arrasate.

Jagoba Arrasate. Europa Press

El entrenador trasladaba esa reflexión a su propia familia y a la forma en que sus hijos percibían su éxito económico. "Nuestros hijos nos veían sufrir, nos veían pasarlo mal, nos veían ir; en la escuela les podían decir 'tu padre gana más que el mío', las chorradas típicas, pero ellos sabían que había un esfuerzo detrás y creía que eso era bueno", defendía, antes de matizar: "A mí no me gustaba decir: 'vamos a ganar x dinero y vamos a invertir todo en nuestros hijos'; quería que supiesen también sacar las castañas del fuego ellos".

Arrasate también contextualizaba sus decisiones financieras en la precariedad estructural del banquillo en comparación con la carrera de un futbolista. "Un jugador podía hacer un contrato de cinco, seis, siete años, y un buen jugador de Osasuna podía estar toda la vida allí, pero nosotros, si perdíamos dos o tres partidos, estábamos en la cuerda floja", razonaba.

Esa volatilidad le llevaba a ver el patrimonio como un colchón frente a los vaivenes deportivos y a priorizar inversiones tangibles que le protegiesen en caso de despido.

De ahí que subordinase cualquier aventura financiera a la estabilidad de su familia y a ese "futuro de tus hijos" al que aludía: "Ver el futuro de los tuyos también, que no les faltase de nada entre comillas, pero sin olvidar que tenían que aprender a valerse por sí mismos", concluía.