El vuelo de Griezmann para tratar de rematar de cabeza un balón contra el Galatasaray

El vuelo de Griezmann para tratar de rematar de cabeza un balón contra el Galatasaray Reuters

Fútbol

Escala en el infierno turco: el Atlético encuentra turbulencias en la Champions y se asoma a una última jornada de locura

EL ESPAÑOL vivió la experiencia VIP, por invitación de Turkish Airlines, de la caldera del Galatasaray que arrugó este miércoles a los del 'Cholo'.

Publicada

Hay partidos que empiezan mucho antes del pitido inicial. Este, en concreto, arrancó en algún punto entre las nubes, a más de diez mil metros de altura, cuando el avión de Turkish Airlines sobrevolaba el Mediterráneo rumbo a Estambul.

La aerolínea, patrocinadora oficial del Galatasaray, nos había invitado a vivir la experiencia completa: vuelo en clase business, con comida turca de altura y un trato que hacía olvidar que viajar -en ocasiones, y con ciertas compañías- puede ser un suplicio. 

Desde la ventanilla, Estambul se dibujaba como un mosaico de luces sobre el Bósforo. La ciudad que une dos continentes también conectaba esta noche dos mundos: el del fútbol de élite y el del espectáculo desatado. Y nosotros, invitados de honor, éramos testigos privilegiados de todo ello.

La experiencia VIP en el avión y el palco de Turkish Airlines

La experiencia VIP en el avión y el palco de Turkish Airlines J. P.

El RAMS Park no es un estadio. Es un caldero. Desde el palco VIP de Turkish Airlines se apreciaba la magnitud del fenómeno. Cincuenta y dos mil gargantas afinadas para una sola misión: convertir cada segundo en un infierno para el visitante.

Los del Atlético de Madrid llegaban con los deberes hechos a medias, ocupando la octava plaza con doce puntos, conscientes de que cualquier tropiezo les complicaría el acceso directo a octavos. Enfrente, un Galatasaray herido pero orgulloso, decimoctavo, con la necesidad de sumar como quien necesita respirar.

El partido explotó como una granada en el minuto cuatro. Matteo Ruggeri, el lateral italiano del Atleti, colocó un centro milimétrico desde la izquierda. Giuliano Simeone, hijo del Cholo y cada vez menos una promesa para ser más una certeza, atacó el balón con la frente en el segundo palo. El remate picó, engañó al portero Ugurcan Cakir y se coló mansamente. Cero a uno. Silencio sepulcral. De pocos segundos.

La afición, lejos de hundirse, rugió más fuerte. Los silbidos empezaron ahí y no pararon en noventa minutos. Cada vez que un jugador del Atlético tocaba el balón, decenas de miles de bocas turcas se convertían en sirenas. Un pitido ensordecedor, exagerado, casi cómico si no fuera porque helaba la sangre. Era su forma de defender, de presionar, de decir "aquí no, aquí no pasáis".

La afición del Galatasaray en la noche de Champions contra el Atlético

La afición del Galatasaray en la noche de Champions contra el Atlético Reuters

Y no pasaron. Al menos no sin sufrir. En el minuto 20, un centro de Roland Sallai desde la derecha encontró el peor receptor posible: Marcos Llorente. El español, en un intento desesperado de despejar, envió el balón al fondo de su propia red. Jan Oblak ni se movió. Autogol. Uno a uno.

Entonces retumbó "I Will Survive". No la original de Gloria Gaynor, sino la versión de Hermes House Band que el Galatasaray adoptó como himno tras ganar la antigua Copa de la UEFA en el año 2000. Es su canción de gol, su mantra, su grito de guerra. 

Las gradas se vinieron abajo y el estadio tembló literalmente. Los turcos corrían por todo el estadio, nos daban abrazos, la escena era arrebatadora. Y solo era un gol con, todavía, ochenta minutos por delante. Pero esto no era fútbol. Era teatro épico, ópera con balón.

El partido se trabó en una guerra de desgaste. Victor Osimhen, el gigante nigeriano con máscara, peleaba cada balón como si le fuera la vida en ello. Marc Pubill y David Hancko se multiplicaban para frenarlo, y lo conseguían casi siempre, pero el esfuerzo era titánico.

Un aficionado del Galatasaray animando con fervor durante el partido ante el Atleti

Un aficionado del Galatasaray animando con fervor durante el partido ante el Atleti Reuters

En la otra banda, Giuliano seguía siendo una amenaza, incómodo, irreverente, con esa hambre de hijo que quiere demostrar que el apellido no es casualidad.

La segunda mitad fue un estira y afloja. El Cholo, fiel a su estilo, quemó cuatro cambios antes de la hora de juego. Entró Griezmann, entró Baena, entró medio banquillo. Buscaba el golpe de efecto, pero el Galatasaray resistía con orgullo y rabia a partes iguales.

Los silbidos seguían, implacables, como una banda sonora infernal. En el minuto 85, Griezmann tuvo la más clara: falta al borde del área, lanzamiento ajustado al ángulo, pero Cakir voló para despejarla casi de la escuadra. Fue el último aviso.

En el descuento, Oblak se vistió de superhéroe. Gabriel Sara remató a bocajarro desde dentro del área, y el esloveno, con reflejos felinos, sacó una mano salvadora. Fue su enésimo milagro en una noche donde el Atlético se aferró al empate como un náufrago a una tabla.

Victor Osimhen, delantero del Galatasaray, se lamenta de una ocasión fallida

Victor Osimhen, delantero del Galatasaray, se lamenta de una ocasión fallida Reuters

El pitido final trajo alivio para unos, frustración para otros. El uno a uno dejaba al Atlético con trece puntos -empatado con otros ¡siete equipos!- y la obligación de ganar en la última jornada para asegurar el top 8.

El Galatasaray, con diez, seguía vivo en la pelea por los playoffs. Desde el palco, mientras los aficionados cantaban una última vez, quedaba claro que esto había sido más que un partido.

Había sido una inmersión en la pasión más primitiva del fútbol, esa que no entiende de tácticas ni de estadísticas, solo de corazón y garganta.

Turkish Airlines nos había traído hasta aquí con clase, comodidad y una generosidad que hacía justicia a su eslogan más conocido: "Widen Your World". Y vaya si se había ensanchado. El mundo del fútbol turco no se entiende desde la distancia. Hay que vivirlo, sentirlo, sufrirlo.

Vista nocturna del exterior del Rams Park, el estadio del Galatasaray, este miércoles

Vista nocturna del exterior del Rams Park, el estadio del Galatasaray, este miércoles Reuters

Y nosotros, con un café turco todavía caliente en las manos y el eco de "I Will Survive" resonando en los oídos, habíamos sido testigos de excepción de una noche que no se olvida. Una noche de furia otomana, de silbidos interminables y de un empate que supo a derrota para unos y a victoria moral para otros.

Bienvenidos a Estambul. Bienvenidos al RAMS Park.