Davin White intenta superar a Andrea Bargnani.

Davin White intenta superar a Andrea Bargnani. Carlos Bernabé

Copa del Rey

El Baskonia no tiene piedad del Iberostar Tenerife y accede a semifinales de la Copa del Rey

Sólido triunfo de los hombres de Sito Alonso en cuartos de final ante un Iberostar Tenerife que siempre jugó a trompicones (90-81).

Millán Cámara Carlos Bernabé

Noticias relacionadas

Baskonia fue el último anfitrión capaz de ganar la Copa por algo. Ha llovido mucho desde 2002, pero los hombres de Sito Alonso han empezado el torneo a lo grande, como se esperaba de su caché. Zozobra la justa y bastante contundencia ante un Iberostar Tenerife movido por las rachas, demasiado abocado al triple y sin tantos recursos como los locales. Cada vez que los canarios amenazaron la hegemonía vitoriana, el Buesa Arena se cayó alentado por la reacción de los suyos. Billete para semifinales y aviso a navegantes (en este caso, el Real Madrid): hay nivel, y mucho, para levantar el trofeo [Narración y estadísticas: 90-81].

Lo intentaba White. También Doornekamp, Bogris, Grigonis o Abromaitis. Cada uno, a su manera: triples, intensidad por dentro, dirección de juego aunada con puntos y rebotes, muchos rebotes. Sin embargo, Baskonia fue mucho Baskonia. Esta plantilla brilla tanto en la ACB como en Europa por algo. Ahí está Hanga, con su capitanía más que merecida bajo el brazo. A la hora de las muñecas calientes, la suya arde. Y no le faltan escuderos. Por ejemplo, Larkin, con candidatura indiscutible para el MVP desde el primer día. Y Beaubois, claro, que ayuda al norteamericano a conformar una pareja de bases ideal: anotan, asisten y hasta rebotean. Vaya polivalencia también la de Kim Tillie. Otro galo de armas tomar: tan pronto se faja en la zona como sale al triple… a clavarlas, claro.

Sin duda, el escenario de la Copa es bueno para reivindicarse, e Ilimane Diop fue bien consciente de ello. El interior senegalés exprimió sus minutos al máximo y dejó la que puede ser una de las grandes jugadas de esta Copa, con un alley-oop de esos que levantan a un pabellón por sí solos. Aunque, con franqueza, la afición del Buesa necesitaba más bien poco para caldear el ambiente en su estadio. A ritmo de charanga y cánticos continuos, es difícil arropar mejor a un equipo. Por si alguien lo dudaba, Vitoria no respira baloncesto sólo por culpa del torneo del KO, sino los 365 días del año.

Las noticias eran inmejorables en la grada y el aforo, pero lo mismo podía decirse de lo que acontecía en la cancha. Budinger también se unía a la fiesta, volviendo a ganarle la partida de NBAs a Bargnani (ni bien ni mal, más bien regular). Por su parte, la buena temporada de Voigtmann, aunque menos lúcido en ataque que otras noches, seguía reafirmándose intangibles mediante. Ya puede advertirse que apenas hubo 'peros' que ponerle al Baskonia.

Peor parado salió el Iberostar Tenerife. Los isleños tuvieron sus buenos minutos en el partido, sí, e incluso cortaron algunas de las amenazas de escapada local en el marcador. Pero, ay, se chocaron con tantos muros: peor en triples, rebotes, asistencias… Ya al descanso, las sensaciones favorecían sobremanera a los locales. Y siguieron haciéndolo tras el paso por vestuarios, a pesar de que la solvencia baskonista quedase amenazada levemente al iniciarse el tercer cuarto.

Aunque el electrónico parezca decir lo contrario y las rentas máximas de los vascos superasen sin demasiado margen los 10 puntos, siempre tuvieron el partido donde quisieron. Buscaron más las semifinales y pudieron cobrarse la venganza del duelo liguero, ganado sobre la bocina por Tenerife. En este caso, no hubo que esperar a los instantes finales para dictaminar sentencia. Ni mucho menos: este jueves, el carácter que se le presupone al Baskonia, el que le puede llevar a tocar el cielo en su propio hogar, salió impoluto del Buesa Arena.