Durant abrochó el partido con un triple decisivo a falta de 40 segundos.

Durant abrochó el partido con un triple decisivo a falta de 40 segundos.

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Durant acerca el anillo a los Warriors con un triple antológico en el último minuto

Los Warriors perdían de 6 a falta de 120 segundos. Apareció el mejor jugador de estas finales para echar por tierra el colosal esfuerzo de Lebron James y los Cavaliers y poner el 3-0 en la serie.

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Nunca ningún equipo del deporte profesional americano había logrado un récord de 15-0 en los playoffs por el título. Ninguno lo había logrado hasta hoy. Golden State Warriors remó y remó hasta conseguir, en los últimas instantes, una victoria (118-113) que deja el título al alcance de la mano. Lebron James y Kyrie Irving lo hicieron todo y más pero no fue suficiente. Lo tuvieron al alcance de la mano. Ahora, el partido queda ya para revisar en las hemerotecas, para poner a nuestros hijos igual que cuando veíamos en VHS los partidos de Jordan contra Malone grabados la madrugada anterior.

El guión de este capítulo nada tuvo que ver con la trama antes vista. Fue una cosa distinta, aunque previsible. Cavaliers jugaban en casa, arropados por una caldera. Hasta el último minuto, el partido fue de antología. Después, ya ha sido labrado directamente en los anales de la NBA. ¿Por qué? A veces un minuto lo es todo: puede contener todo el tiempo del mundo. Esta vez, algo pasó cuando faltaban 40 segundos.

Todo apuntaba a la encerrona, a la primera victoria de los Cavaliers en el tercer partido de estas Finales de la NBA. Se dejaron la piel en la pista, dominaron la segunda mitad y llevaron a los Warriors a su terreno. Todo cambió, sin embargo, en el último minuto por una pequeña circunstancia llamada Kevin Durant. La circunstancia. Los Cavs ganaban de 6 a falta de dos minutos. Durant (31 puntos en una noche difícil pero con final feliz) no anotó en todo el tercer cuarto, pero el último parcial suyo fue memorable y, sobre todo, ese triple a falta de cuarenta segundos, un triple ya para la historia de la liga. Fue la respuesta a la machada final de Kyrie Irving el año pasado, cuando anotó uno similar finiquitando la eliminatoria y entregando en bandeja el anillo a Lebron. Esta canasta, igual que aquella, enmudeció a todo el pabellón y tuvo un sabor amargo para los Cavs y a gloria para los Warriors. Les dejo la jugada pero conviene ver el partido del tirón.

El partido se terció intenso desde los primeros compases. Los dos conjuntos salieron feroces e intensos; todos muy acertados. Los Warriors no se amedrentaron pese al ambiente del Quicken Loans Arena, siempre infernal en las grandes citas. Si alguien salió abstraído de todo, concentrado tan solo en el aro ese fue Klay Thompson, que anotó 16 puntos con 4 triples en el primer cuarto, peligrosa circunstancia esta para los Cavaliers. Cuando se arranca a enchufar, Thompson (30 puntos al final) se convierte en una ametralladora. Apenas bota y pasa una pantalla tras otra hasta encontrar el tiro óptimo. Vive de rachas. Es el francotirador silencioso de los californianos. Te descuidas y estás pajarito.

El primer y voluntarioso de los de Ohio se resume entre eso y los dos últimos minutos del período. Malditos minutos finales. Lebron se sentó a descansar y en ese momento encajaron un parcial de 10-0. Es algo que viene sucediendo toda la serie, toda la temporada. Sin él en pista, el equipo languidece. Les cuesta horrores generar y defender. Quitarle a los Cavs a Lebron es como dejar a Proust sin su magdalena: es que no rigen. Sin él no hay partido, ni hay final ni hay nada. 'El Rey' no volvió a sentarse en todo el partido más que un minuto.

Del segundo cuarto vemos óptimo destacar los once puntos que Kyrie Irving metió en ese parcial, quizá el mejor uno para uno de toda la liga. Sus penetraciones suicidas son un cóctel del que nadie puede beber. Es un verso suelto, la anarquía, el guirigay en persona. Irving (38 puntos al final) le da al círculo, al triángulo y a R1 en cada internada y así encara el aro una y otra vez. Fue imposible detenerle. Como ejemplo, la canasta que abrochó el período sobre la bocina. Recibe el saque de fondo y echa a correr. Quedan seis segundos. A la mitad de la cancha esboza un reverso incomprensible, como un contorsionista contratado por el Circo del Sol. Perseguido por todos, entra en la zona donde todos se le echan encima. Rectifica y eleva el balón en un gancho que toca el techo del pabellón. No se sabe cómo, pero esa pelota entró. 

Factor cancha

En el tercer cuarto apareció el factor cancha, el factor Cleveland. Lebron y los suyos necesitan sentir el calor del hogar. Les da buen tono siempre. A diferencia de las anteriores ocasiones, los Cavs estuvieron finos, apretaron los dientes y no consintieron que el partido se descosiese. Una defensa férrea que secó los triples de Thompson y Curry, los rebotes de Love y el show de Kyrie Irving fueron la receta para obtener una ventaja de 5 puntos antes del período final. Durant, secado, sólo metió un tiro libre en estos minutos,  pero iba a aparecer después. Situación nueva para Warriors: empezar perdiendo el último cuarto.

El último cuarto fue precioso. Los Cavs mantuvieron casi todo el rato su ventaja entre 7 y 3 puntos. Ah, se nos olvidaba un detalle: Lebron metió 39 puntos, capturó 11 rebotes y repartió 9 asistencias. Curry también firmó otro día en la oficina con 26. Y llegó ese fatídico último minuto. Vale por un anillo.