Xoel López. Moeh Atitar.

Xoel López. Moeh Atitar.

Música Entrevista con el músico

Xoel López: "Ser músico es como llevar chorizos de una ciudad a otra"

"Me preocupa la extinción del gallego" / "Que alguien venda 5 millones de discos más que otro no significa que sea 5 millones de veces mejor" / "Lo bueno es una construcción social: nos llevan diciendo toda la vida que Picasso es la hostia". 

Pequeño jaguar de la noche, rompiste todos mis espejos, canta Xoel López en una de sus nuevas canciones. Luego dice que no es poeta, que le faltan “disciplina y bagaje cultural”, pero ya ven, coloca el lápiz en la libreta y vuelan los aviones de papel, como pájaros espontáneos -¿no se trataba de eso?-. Sueños y pan, su último disco, es como una piñata de delicadezas, de colores brillantes y magos.

Vamos haciendo las paces con las crueldades cotidianas: no hay ningún Todo lo que merezcas aquí, más bien paseos espirituales, saltitos hacia la trascendencia, como en Cometa o en Insomnio, donde el autor cuenta sus escarceos mentales nocturnos, mientras su amor duerme. “Y aunque tengo miedo de perderme en mundos raros, siempre dejo piedras para poder regresar a tu lado”.

En Madrid celebra el hogar sobrevenido, en Serpes subraya la lengua gallega que le golpea el ventrículo y en Balas recita la única guerra legítima, que es la cultural: la de los poetas lanzando dardos y los pianistas, francotiradores de melodías. Como “volver a la cama sudoroso del primer amor”.

¿Cómo se hace para que los sueños nos lleven al pan?

Con mucho trabajo, ésa es la verdad. Es algo que no cae del cielo y no se puede esperar una varita mágica: más bien es un camino. Probablemente habrá gente que lo consiga de otra manera, pero en mi caso fue pico y pala. Yo lo aposté todo, aunque al principio de forma inconsciente, porque me decía a mi mismo “no, no, esto es un imposible”, pero al mismo tiempo, de manera contradictoria, ponía toda la carne en el asador y me pegaba unas matadas de la hostia por esa pequeña ilusión… de que se pudiera convertir en mi trabajo, ¿sabes? Empecé a componer con 15 años, a girar con 17 y ahora tengo 40, no te digo más (risas).

¿De qué depende el “llegar”? ¿Cree que los verdaderos artistas acaban floreciendo en la industria?

Hay un factor, que es el contexto. Hay música que llega a más gente y otra que menos, pero también es verdad que si trabajas mucho una música que aparentemente no es lo que la gente demanda a priori, acabas llegando a más gente de la que crees. Luego hay gente que son grandes artistas que tampoco viven de su arte y que se pueden permitir el lujo de tener libertad total, sin pensar si les va a dar de comer o no. Bueno, igual ellos piensan que es una tragedia, porque verás casos de gente frustrada porque no consigue vivir de esto.

De todos modos, yo creo que hay gente que no sabe lo duro que sería tener que hacer de esto tu profesión: lo pagas un poco, hay una parte que es muy dura, como si digo que tengo planeadas 51 entrevistas de promoción de disco. No les cabe en la cabeza, o no lo querrían hacer: el trabajo, los ensayos, los viajes… son mucho más que la hora y media maravillosa del concierto. Ser músico es como llevar chorizos de una ciudad a otra: y eso no se ve, todo el transporte, todo el esfuerzo, toda la logística.

Méndez de Vigo siempre manda condolencias oficiales a la familia de los artistas fallecidos. Cuando murió Chiquito de la Calzada no lo hizo, pero al ser criticado por ello, a los pocos días lo propuso para la Medalla de Honor de las Bellas Artes. ¿Qué debe hacer la industria y el gobierno para abrazar a los artistas heterodoxos, inclasificables, como Chiquito? ¿Hay hipocresía?

No sé responderte bien a esa pregunta porque no la tengo muy analizada. La discusión es eterna: ¿qué es arte y qué no es arte? Nosotros mismos en la furgoneta lo hablamos. Yo soy aperturista en ese sentido, para mí, si hay intención artística hay arte, de alguna manera. Luego está la calidad del arte, que es relativa, es subjetiva, porque “lo bueno” es una construcción social. Te dicen de pequeño que Picasso es bueno, ¿no?, nos lo llevan diciendo toda la vida, que es la hostia. O mira a los impresionistas o el arte moderno de principios de siglo XX, que se consideraba una patraña, una mierda; o Van Gogh, que murió pobre… entras en el mundo de lo relativo. La belleza es una construcción. ¿Por qué hay cánones diferentes de mujeres y hombres en diferentes épocas de la historia? Porque lo vamos construyendo, decidiendo, aunque no sé bien quién lo decide.

A veces es desde abajo, la gente, y a veces es el establishment, que parece que nos puede imponer lo que es lo bueno. No hay más que mirar el mercado: ¿por qué hay un cantante, que será anglosajón, porque son los que tienen el mercado a sus pies, que tiene una diferencia de 5 millones en público y en venta de disco con cualquier otro? Yo no creo que sea porque es 5 millones de veces mejor que el otro, eso es mentira: hay apoyo detrás. Y tú vas pensando que ese tipo es la hostia y vas construyendo tu gusto con lo que te dicen que es. Y respondiendo a tu pregunta… Chiquito me gusta mucho. Era un artista a su manera.

¿Qué hacemos con los padres a los que sus hijos les dicen que quieren ser músicos y les dicen ‘en tu tiempo libre, lo que quieras, pero mientras estudia Derecho’?

En términos freudianos, yo creo que el peor padre a veces es uno mismo, es decir, el “padre mental”, lo que tú te dices a ti mismo. Yo cuando era un chaval pensaba “no, esto es imposible”, pero luego había un niño libre en mi cabeza que me decía “bah, inténtalo, no pierdes nada”, y demás. La gente tiene que perseguir sus sueños siempre y cuando lo haga con esmero y trabajo, porque nadie te regala nada. A veces se confunden “sueños” con “perder la cabeza y hacer locuras” y eso es perverso, porque los sueños no tienen nada de desequilibrio, sino todo lo contrario: nos dan estabilidad emocional y son como el horizonte, que nos marca una dirección pero igual no hay que cumplirlos al cien por cien. La realidad es dura, está claro, y no todo el mundo puede conseguir ser un buen músico, igual que no todo el mundo puede ser un buen abogado, porque esto no es algo de la música, sino de la vida, y depende también de las capacidades.

¿Qué tiene Xoel López con las cometas, que tanto las menta?

Pues es verdad (risas), creo que es una imagen inconsciente. A raíz de mirar un poco mi propia obra me di cuenta, cuánta cometa. Hay algo que tiene que ver con la libertad, con el volar, con el surcar. Si es “cometa” del espacio, me inspira fuerza, luz, y sobre todo movimiento. Va descubriendo estrellas y nuevos planetas y eso me inspira como referente metafórico. Y luego, las que manejamos nosotros, me suenan a belleza, a aspirar al cielo, a libertad…

Pero ésas tienen también un cable a tierra.

Sí. Sueños y pan… el trigo es la raíz, la espiga del trigo que se convierte en pan nace de una semilla que nace en la tierra y que al final se convierte en espiga, y apunta al cielo como las cometas. Luego, con mucho trabajo, con horno, con fuego… se hace pan. Incluso sin haberlo pensado tanto antes, hablando contigo ahora me doy cuenta de que todo tiene un sentido. Yo creo en la escritura… bueno, yo escribo sin pensar, soy bastante bruto, no soy un intelectual, desde luego. A veces decimos más sin querer decirlo.

Hace poco ha publicado un libro de poemas, Bailarás cometas bajo el mar. ¿En qué se diferencia una canción de un poema, cómo aborda cada uno?

Yo tampoco lo sé, no tengo la respuesta. Yo te puedo decir que cuando yo me encuentro con esta colección de versos, lo hago buscando canciones, pero en mi caso llevo tantos años escribiendo canciones que me di cuenta de que escribía más que sólo canciones, ¿no?, y entonces empecé a escribir de otra manera, no buscando ser poeta, porque no lo soy y no me considero para nada, pero sí investigando en mi cabeza otro mundo. Y me encontré con esos versos mutantes, yo los llamo así porque son mutaciones de versos que espiraban a ser canción y fueron mutando en otra cosa. Algunos son poemas, o pequeños microrrelatos, o aforismos. No tengo la disciplina o el bagaje cultural que tiene un poeta.

¿Referencias?

Yo empecé leyendo la poesía que me mostraba mi madre, la que me leía en casa, y ella fue la que me acercó a la generación del 98, y a la del 27, que por suerte después las estudiamos en el colegio. Miguel Hernández, Machado, Lorca… hay un poeta vasco llamado Karmelo C. Iribarren que me gusta mucho. Alejandro Simón Partal es muy bueno, es un crack, tiene un par de poemas que me vuelven loco. Y Joan Margarit.

¿Hay algún poema que le gustaría musicalizar? Aunque es difícil, ¿no?, porque los buenos traen su música puesta.

Paco Ibáñez abrió la puerta para que todos podamos hacer lo que sea, porque él cantó a muchos poetas, así que si alguien me dijese “oye, que tiene su propia música”, yo diría “Ibáñez, Ibáñez, esto es culpa de él” (risas). A mí me gustaría hacerlo con alguno de Uxío Novoneyra, con algún poema de él, que tiene cosas preciosas.

¿Qué tienen que agradecerle los artistas al Insomnio?

En mi caso es insomnio artístico, así que tendré que agradecerle o culpabilizar al arte de mi insomnio. Cuando me quedo por las noches escribiendo, es porque me inspiro. Yo no soy mucho de chakras y esas cosas, pero por alguna razón por las noches parece que se abren todas las puertas y que te conectas con ese lugar de donde vienen las canciones. Todos duermen… y parece que está el mundo para ti, para lo que tú quieras, para pensar o dejarte llevar y descubrir lo que hay dentro de tu cabeza.

Madrid. ¿Por qué vive aquí, por qué siempre vuelves? Y qué es lo mejor y peor de esta ciudad.

La canción empieza diciendo “no sé si me abrazaste o me engulliste”… y es eso, el yin yang madrileño. No se puede entender un amor sin su realidad total. Yo amo Madrid, pero la amo a pesar de todo, porque creo que lo importante para amar en serio, profundamente, es reconocer todas las verdades de una persona o de una ciudad. Te abraza, te ilumina, y también a veces puede hacerse un poco cuesta arriba su ritmo frenético, hasta su polución y su margen de estrés. Mi crítica, como ves, es bastante benevolente, si no no viviría aquí. Me gusta mucho su gente, su diversidad… yo a través de mi música busco siempre ese colorido del mundo, y Madrid es una ciudad que me da de eso que yo busco. Las oportunidades… Madrid tiene una identidad propia, y eso quiero recalcarlo, porque a veces se olvida, tiene una voz propia y hermosa.

¿Le gustará más cuando cierren al tráfico Gran Vía?

Es el tema de todos los taxistas. No tengo muchos conocimientos de cómo funciona una ciudad en ese sentido como para emitir una opinión… yo siempre digo: joder, cómo no deja la gente el coche fuera, por qué no se viene en metro o caminando; no creo que cada familiar tenga que coger el coche para todo, pero después me dirán “qué coño dices, si tenemos que ir a trabajar o a dejar mercancías en una tienda, o yo qué sé” (risas).

Canta dos canciones en gallego en este disco; Serpes y la nana final. ¿Cómo respira la lengua gallega hoy? ¿Le preocupa su extinción?

Sí me preocupa su extinción. Sé que tiene cierto riesgo de extinción, pero espero que no suceda, porque es una lengua hermosa y si yo la canto es porque me parece bella. Además, viendo el buen recibimiento que tiene fuera de Galicia, igual no hay que preocuparse tanto… pero siendo una lengua que se habla menos que el castellano en España -aunque en Galicia se habla más-, creo que sí hay que cuidarla para que no se pierda.

En un momento en el que está vivo el debate lingüístico, incluir dos canciones en gallego parece una declaración de intenciones.

No es una reivindicación por mi parte, o no muy buscada, aunque sí que hay algo… en fin, yo trabajo con mi pensamiento y mi realidad, y yo soy castellanopensante, básicamente, porque mi padre habla gallego perfecto y mi madre castellano, y en mi casa se hablaba castellano. Mi primera lengua es el castellano, pero al gallego lo amo con locura, lo quiero y lo canto.