Rocío Márquez canta poemas de Isabel Escudero, Santa Teresa de Jesús y María Salgado.

Rocío Márquez canta poemas de Isabel Escudero, Santa Teresa de Jesús y María Salgado.

Música entrevista

Se acabaron los palos: la cantaora Rocío Márquez rinde homenaje a la mujer

'Firmamento’ es un disco en el que aúna flamenco, jazz, música clásica y popular, con un objetivo: contra el machismo y la desigualdad. Las letras son de Isabel Escudero, Santa Teresa de Jesús, María Salgado y Christina Rosenvinge. 

“En los últimos años he aprendido que recibir tortas va incluido en esto de dedicarse al flamenco”, dice la cantaora Rocío Márquez a EL ESPAÑOL sobre Firmamento (Universal), un disco que saldrá el 28 de abril y con el que sabe que levantará muchas cejas y alguna ampolla. El álbum suena redondo y brillante, nada en él es casual y todo en sus 14 pistas son filigranas elaboradas de la misma forma con la que Márquez trabaja su voz: al milímetro.

La onubense ha compuesto todas las músicas, que ejecutan los miembros de Proyecto Lorca: Daniel Borrego Marente, al piano; Juan M. Jiménez con los saxos y la percusión prodigiosa de Antonio Moreno. En este disco, además, Márquez firma hasta cinco letras y en ellas dice cosas como estas:

“¿Cómo sería / si cambiaran los papeles / que nos repartió la vida? / Compasión para el opresor / y abundancia para un pueblo / que por miedo se calló”.

Márquez no ha callado nunca, pero reconoce que hoy está más suelta. Un ejemplo: hace tres años, a la salida del Teatro de la Abadía, donde había dado un concierto poniendo jondos poemas de Juan Ramón Jiménez o Mario Benedetti, explicó un encontronazo que había tenido “por ser rojilla”. “Rojilla”, dijo casi en susurro, pero al preguntarle si aún vive esa condición en diminutivo, responde con una garganta mucho más brava que entonces: “Antes era más prudente, pero siempre fui roja”.

Letras de mujeres

“Necesidad” es la palabra que repite Márquez para referirse a Firmamento. Necesidad de posicionarse, dice, de unirse a otras mujeres, de dar cuenta de la realidad a través de unas letras que poco tienen que ver con las que se han cantado tradicionalmente en el flamenco. El disco lo produce Refree, músico indie, empeñado en sacar al flamenco de su casillas con proyectos como Los Ángeles, primer disco de Rosalía, y el anterior trabajo de Márquez, El Niño. Andando por los campos marcheneros, un homenaje al cantaor Pepe Marchena con el que obtuvo críticas dispares.

“Otra cosa que he asumido es que gustarle a todo el mundo es incompatible con ser coherente y sincera conmigo misma”, dice Márquez. El resultado de su estirón está en el disco. En los once primeros cortes hay palos: fandango, milonga, tango, bulerías… Y muchas estocadas:

“Lo peor de la condena/ es cogerle el gusto/ a las cadenas”.

Lo dice por seguiriyas con timbales de fondo y letras de la recientemente fallecida Isabel Escudero, poeta de la anarquía, lo popular y el lenguaje. Márquez no es una cantaora arrebatada, algo que algunos le reprochan por dedicarse a un género que se relaciona con la pasión y la sangre. Tampoco en esta ocasión tira de esos recursos para mostrar el coraje que contiene Firmamento: lo saca de sus versos y de los poemas de Escudero, Santa Teresa de Jesús y María Salgado. También hay uno de Christina Rosenvinge:

“El que me ha cortao el tallo/ era labio, luego diente./ Le gusté potra salvaje,/ ahora me quiere obediente”.

“Siempre he estado rodeada de hombres. Son importantes en mi vida personal y profesional, pero el cuerpo me pedía equilibrar esa energía, crear con otras mujeres, recurrir a ellas”. De esas elecciones y colaboraciones han salido letras que arremeten contra la desigualdad social, la violencia machista y el modelo de mujer objeto. Para completar sus quejas, también acude al baúl de donde rescata esta seguidilla anónima del siglo XIX:

“La dulce tiranía de la hermosura/ rinde, triunfa, avasalla,/ mas poco dura:/ y es la desgracia/ que pasa desde el trono/ a ser esclava”.

Mancharse la cara

En Firmamento, Márquez suena renovada, pero no estrena pericia. Sus aptitudes son las mismas que en 2008 la hicieron ganar el Festival de Cante de la Unión. Entonces era una chica de 22 años que seguía el camino recto y clásico de las peñas y los concursos que recorre todo artista que quiere dedicarse a lo jondo. Era estudiosa y obediente. “Nunca me han gustado las discusiones, ahora sé que algunas son inevitables”.

En aquel concurso cantó por mineras, palo que habla de las condiciones del trabajo en la mina. Pero fue en 2012 cuando se manchó la cara. Lo hizo al bajar al pozo de Santa Cruz del Sil (León) a cantarle a los trabajadores que se habían encerrado para protestar por el cierre de las cuencas mineras. Fue un momento emocionante, no sólo por el sentimiento y el respeto con los que derritió a los huelguistas, también por lo extraordinario de ver a una cantaora ponerle rostro y laringe a una lucha obrera.

No es habitual entre el plantel jondo más conocido por el gran público darle voz a la injusticia: antes lo hicieron Enrique Morente, José Menese o el Lebrijano, todos fallecidos. Hoy quedan Manuel Gerena, el Cabrero y entre los más jóvenes, Juan Pinilla. Y a excepción de Márquez, ninguna mujer entre ellos.

Pero la de Huelva le tomó gustó a pringarse, por eso aún muchos recuerdan su concierto de 2014 en el Teatro de la Abadía cuando llamó a Niño de Elche para ejecutar el Salmo 21, que Ernesto Cardenal le dedicó al Holocausto. “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, cantaron los dos a palo seco y aún espeluzna el aullido.

Flamenco con Coltrane y Sostakóvich

A una mujer que está a punto de entregar una tesis doctoral sobre la técnica vocal en el flamenco es difícil que alguien le diga dónde debe colocar la voz, que en este disco suena clara y muy larga, como siempre. Lo que ha crecido es su saber, que le otorga una autoridad que atemoriza a algunos. “En el flamenco, solía penalizarse que estudiaras. Entre los de mi generación ya suma, no resta, pues era absurdo sentir complejo por estar formado y querer darle forma académica a nuestra música”.

De esas ansías de conocer surgió la colaboración con Fahmi Alqhai, intérprete de música antigua con quien estrenó Diálogos de viejos y nuevos sones en la pasada Bienal de Sevilla, un directo que le valió el premio Giraldillo a la Innovación en el Flamenco. Ese galardón, confiesa, le dio fuerzas para seguir indagando y buscando un sonido con el que se siente cómoda.

Buena muestra es Firmamento, donde no hay guitarras, pero sí está John Coltrane, Shostakóvich o Albéniz conviviendo con canciones de la Guerra Civil o la petenera de Juan Breva en las tres suites finales, un festín para el oído. Firmamento confirma cuál es el desvío que tomó Márquez, que ya tiene respuesta para cuando le hagan la pregunta inevitable sobre si su disco es o no es flamenco: “Depende de quien lo escuche”, contesta muerta de risa.