David Bowie, el primer artista posmoderno.

David Bowie, el primer artista posmoderno. Javier Muñoz

Música

El creador de la segunda revolución musical

Igor Paskual, guitarrista y compositor de Loquillo, analiza la importancia de David Bowie: "Quizá hasta más que los Beatles".

12 enero, 2016 01:14

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Primero vino Elvis. Él añadió caderazos a un mundo en blanco y negro. Y, después, llegó Bowie y a la entrepierna le añadió neuronas. Esa es su gran aportación: la inteligencia, la visión europea a una música eminentemente norteamericana. Bowie se dio cuenta de que la reflexión podía ser una herramienta muy poderosa y que, bien empleada y aplicada a la música, podía transformar, no sólo el rock and roll, sino la vida misma.

Él tenía la llave y la ofrecía a los demás para que todos pudiesen abrir sus propias puertas

David Bowie nunca se conformó, siempre quiso más, y era rápido, voraz, cerebral, intuitivo y, gracias a esa fuerza, nunca dejó de aprender, leer, ir a museos, viajar y estrechar lazos con músicos distintos. Era algo más que un camino y una luz. Él tenía la llave y la ofrecía a los demás para que todos pudiesen abrir sus propias puertas. Por eso ha sido el artista más influyente. Quizá hasta más que los Beatles.

Gracias a él muchos como yo, jóvenes de provincias, tuvimos noticias de Nietzsche, el Sonido Filadelphia, las estrategias oblícuas, Murnau, Steve Reich, Judy Garland, los primeros Bee Gees, Christopher Isherwood, Faust, Neu!, el nuevo Scott Walker, Klaus Nomi, Chris Burden y hasta Pedro y el Lobo de Prokofiev.

Bebiendo con Paul Simonon, el bajo de The Clash, en Nueva York, 1982.

Bebiendo con Paul Simonon, el bajo de The Clash, en Nueva York, 1982. Guetty Images

David Bowie es el artista postmoderno por antonomasia. Con él se difuminaron los límites y dejó de haber fronteras fijas y permanentes. De pronto era británico y evocaba con perfecto acento el mundo eduardiano, pero también era mimo, un gran seductor y, por supuesto, también perteneció a la subcultura mod. Todo muy intenso y muy rápido, cambiando de piel o, más bien, poniéndose una sobre otra.

Después de aterrizar desde un platillo volante como Ziggy Stardust, quiso ser (y fue) negro, muy negro, puro soul envuelto en polvo blanco para no descansar. Litros de leche para sobrevivir. También fue (o más bien, lo pareció) filofascista, atraído por la estética nazi y, sobre todo, por el cautivador dominio de Hitler sobre las masas. Un buen ejemplo para las grandes audiencias.

La tormenta perfecta

Era todo a la vez, no una cosa y luego otra. Cambia de ropa, de peinado y también de ciudad. Así fue neoyorquino, angelino, un poco japonés, suizo de residencia y francés de modales pero, para inspirarse en serio, necesitó el Berlín del muro, mientras en Inglaterra estallaba el punk del que él es un poco padre también.

Era todo, el artista total, no se le resistía ningún género y era popular y underground a la vez. Es más, podía frecuentar la compañía de Room Haag, una transexual muy popular en el mundillo nocturno berlinés, pero al mismo tiempo era un padre estricto y responsable; tanto, que la custodia de Zowie (luego Duncan Jones) se la dieron a él y no a su madre, Angie.

Un musicazo que daba muchísima importancia al aspecto visual y, sin embargo, jamás desatendió los textos

Era un cantante que parecía un actor, un vocalista enormemente dotado que adoraba la creación en el estudio. Se trata de un artista de primera que tenía un conocimiento exhaustivo de su oficio con dominio completo en la suerte de la composición. Un musicazo que daba muchísima importancia al aspecto visual y, sin embargo, jamás desatendió los textos. Todo rozaba el sobresaliente: las canciones, el sonido, la imagen, los vídeos, los directos.

David Bowie es el artista postmoderno por antonomasia.

David Bowie es el artista postmoderno por antonomasia.

¿Qué es lo más importante en Bowie? Que su forma de envolver la música (tan relevante como el contenido) permite que su obra se lea de múltiples maneras, por ejemplo, en facetas separadas: como icono de la moda, intérprete, transgresor y revolucionario bisexual, productor, estrella o compositor... Pero también como un todo donde cada parte se realza gracias a las demás. Así, un videoclip ofrece una narrativa diferente a una canción que no tiene soporte visual y en un concierto pueden sonar las mismas canciones que en un disco, pero están contadas de otra forma, con otro orden.

Por eso su obra es tan poderosa, porque está en todos los sitios y hunde sus raíces en muchas patrias

Lo que hace Bowie es contar muchas cosas de muchas formas distintas, con lo que su obra se multiplica exponencialmente en varias direcciones. Por eso su obra es tan poderosa, porque está en todos los sitios dado que, además, hunde sus raíces en muchas patrias sin que eso le genere -ni a él ni a su público- ningún conflicto de identidad.

Bowie es lo que quiere ser. Inventándose a sí mismo, decide su propio destino musical y personal y su origen es el que él escoge, al margen de su primer amor por el jazz y la generación beat, pasiones inculcadas por su hermanastro. David Bowie es el artista múltiple con el que puedes estar horas charlando de arte contemporáneo y jamás deja de recomendar una exposición o un libro.

Personaje personal

A partir de él, nada en el mundo del espectáculo ha sido igual. Nadie puede hacer como si Bowie no hubiese existido. Sus trucos, sus cambios de peinado, las portadas, los coqueteos con el cine, las declaraciones, los cuentos para niños, la rentabilidad del escándalo, su visión del negocio, la relación con la red, su capacidad para descubrir nuevos talentos, todo eso es puro Bowie y lo vemos, por ejemplo, en Madonna y sus herederas, que son hijas no confesas de Bowie.

En plena actuación, en Manchester 2003.

En plena actuación, en Manchester 2003. Guetty Images

Es muy llamativo que Bowie sea todos sus personajes a la vez y que nunca deje de ser personal, lo que no es nada fácil, dado que él no es precisamente AC/DC. Eso sólo está al alcance de los más grandes y Bowie, sin duda, lo es. Pero es que Bowie, en el fondo, retoma la música donde los Beatles la dejaron. Si la década de los Fab Four fueron los a los sesenta, con ese punto ensoñador y colaborativo, no es de extrañar que los setenta sean la década de un solista, Bowie, que no deja de ser los cuatro Beatles en uno: el virtuoso, el icono, el serio y el divertido. Todo en uno.

Gran parte de su carrera se la debe a su habilidad para juntar talentos y sacarles el máximo rendimiento

Hasta en eso Bowie es inclasificable. Siendo un solista, su capacidad de colaborar con otras personas y formar equipos asombrosos es única. De hecho, gran parte de su carrera se la debe a su habilidad para juntar talentos y sacarles el máximo rendimiento. Brian Eno, con la cantidad de discos que ha grabado y producido, es más recordado por sus flirteos musicales con Bowie.

Así es David. De una mano va con su amiga transexual y con la otra lleva a su hijo al colegio. En la carátula de los discos viene su nombre, pero dentro suenan muchas personas. Neoyorquino y británico, es, con Elvis, el solista más brillante de la historia del rock, el que hizo una segunda revolución musical. Descanse en su cielo postmoderno.

*Igor Paskual (San Sebastián, 1975) es cantante, guitarrista, compositor y productor musical. Acaba de publicar "Rugidos de gato", una recopilación de sus artículos para el diario El Comercio.