Carlos II retratado por Juan Carreño de Miranda.

Carlos II retratado por Juan Carreño de Miranda. Museo del Prado

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Las extrañas pócimas que bebió Carlos II para revivir su esperma

El último monarca de los Austrias recurrió a exorcismos y brebajes repugnantes para combatir su supuesta esterilidad.

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Carlos II (1661-1700), más conocido como el Hechizado, fue el último rey de la casa de los Austrias, un hombre enfermo que murió incapaz de proporcionar descendencia. Hijo de Felipe IV y Mariana de Austria, ya de joven se comentaba en palacio su poca gracia física: "Asusta de feo", se decía. Pero las facultades negativas no residían únicamente en la fachada exterior: "Su cuerpo es tan débil como su mente", analizaría el nuncio vaticano en España. "Se puede hacer con él lo que se desee, pues carece de voluntad propia".

Aun así, Carlos II resultaba atractivo para el resto de casas reales europeas por sus posesiones: la totalidad del Imperio Español. Todavía siendo un adolescente, el monarca se casó con María Luisa de Orleáns, sobrina de Luis XIV de Francia, pero fueron incapaces de engendrar descendencia antes de quedar el rey viudo. Carlos II volvió a contraer matrimonio, esta vez con la alemana Mariana de Neoburgo, pero su primogénito seguía sin concebirse.

Los rumores acerca de la esterilidad del monarca comenzaron a ganar credibilidad -se dice que pudo padecer trastorno cromosómico XXY o síndrome de Klinefelter, entre otras enfermedades genéticas- y a explicarse por un posible mal de ojo. "Carlos, en su condición de débil mental, se había obsesionado con la idea de que su esterilidad era castigo de Dios por no haber asistido a la agonía de su padre", relata Juan Eslava Galán en La familia del Prado. "Dispuesto a enmendar el yerro, se hizo conducir al Panteón Real de El Escorial, ordenó a los frailes abrir el féretro, y abrazó y besó el cadáver de Felipe IV".

Pero el descendiente continuó sin llegar. Tras recurrir a varios de los exorcismos desarrollados por la Iglesia a lo largo de los siglos para tratar de extirpar el supuesto demonio de su cuerpo, las medidas para fertilizar a Carlos II se centraron en su dieta: los doctores elaboraron para el monarca unas repugnantes pócimas -muy habituales de la época- de los más extraños ingredientes: polvo de víbora con chocolate, enemas de jugo de ciruela, emplastos de entrañas de cordero recién sacrificado...

Ni los conjuros ni los brebajes mágicos reactivaron las probabilidades del rey de ser padre. Se desencadenó entonces una guerra para nombrar a su sucesor y heredero del trono español. Carlos II había elegido a su sobrino nieto José Fernando de Baviera pero la muerte prematura de este desbarató el plan. Al borde de la muerte, rehízo su testamento y designó al candidato propuesto por Francia, su sobrino Felipe de Borbón. La muerte de Carlos en 1700 significó el fin de la Casa de los Austrias y la llegada de los Borbones.