Ivor Bolton, director musical del Teatro Real, durante un ensayo.

Ivor Bolton, director musical del Teatro Real, durante un ensayo. Javier del Real / Teatro Real

Escena DIRECTOR MUSICAL DEL TEATRO REAL

Ivor Bolton: "Soy antiélites, la música es la meritocracia definitiva"

"Los precios del Real son altos" | "Todo está gratis en Spotify: la música en directo se ha convertido en un producto premium" 

Daniel Basteiro

Ivor Bolton (Blackrod, Reino Unido, 1958) cree que habrá colocado al Teatro Real en el lugar que le corresponde si dentro de unos años una pareja europea que esté dudando "entre pasar un fin de semana en París o en Madrid" opta por la segunda ciudad porque quiere ver una ópera. Es su segunda temporada como responsable musical del auditorio y acaba de dirigir El gallo de oro, de Rimski-Kórsakov.

Durante una representación de ópera, todo gira en torno al director de orquesta. Aunque hay músicos, cantantes, figurantes, regidores y técnicos por todas partes, la batuta manda sobre todo lo demás. Bolton no sólo dirige algunas de las producciones de la temporada sino que se encarga, junto al director artístico, de diseñar la programación y elegir los títulos. 

El inglés está en el clímax de su carrera. Es ya un director reconocido que ha dirigido hasta la saciedad en Salzburgo, una de las mecas de la ópera europea, así como en otros de los mejores teatros del mundo. También se permite decir "no" a la Metropolitan Opera de Nueva York, una de las mecas internacionales del belcanto, porque no se siente a gusto ni con tiempo para ensayar y llevar a cabo sus proyectos.

No es conocido para el gran público. No invierte tiempo en fotos, ni en exhibir una imagen irresistible, ni en redes sociales, aunque para algunos de sus colegas se trate de elementos imprescindibles para su promoción profesional. Habla en inglés, habla rápido y asegura no tener vacaciones casi nunca por la cantidad de encargos que acepta. Según él, en la música, el que vale, sale adelante.  

Antes de que llegase usted, en el Teatro Real no había un director musical estable. El anterior responsable del teatro, Gerard Mortier, había apostado por la rotación para que los músicos aprendiesen de diferentes directores. 

Esta casa es muy joven, tiene 20 años de existencia [desde su reapertura como auditorio de ópera en 1997]. Otros teatros se enfrentan al reto de estar a la altura de su historia, porque tienen mucha, y eso los hace más rígidos. Es el caso de Viena, por ejemplo. Madrid tiene una gran oportunidad. Aquí se ha amado tradicionalmente el belcanto, el verismo, autores como Verdi, y eso está bien. Pero el público nunca es algo estático, como tampoco lo son los músicos y las compañías de teatro. No queremos que deje de amar el belcanto, pero sí que ame más cosas. En los primeros años 80, en Inglaterra, Leoš Janáček era un compositor poco conocido y ahora se representa con regularidad. Tenemos que buscar espacio para esos compositores.

¿Es flexible y creativo el Teatro Real?

Que el director artístico sea Joan Matabosch asegura la creatividad. Se conoce casi cada obra escrita, tiene un conocimiento enciclopédico del género. Gracias a eso se toman decisiones equilibradas.

¿Cómo ve al público español?

No hablaría de un público español, porque cada ciudad es distinta. Stuttgart es distinta de Munich, sin ir más lejos. Depende mucho de las idas y venidas de los responsables de los teatros y de su programación. Por ejemplo, Gerard Mortier fue alguien muy controvertido y apostó muy fuerte, algo que fue la tónica de su carrera. Lo hizo en Bruselas con mucho éxito porque el teatro estaba hecho un lío cuando llegó.

"Mortier hacía de su vida una provocación"

Aquí no le funcionó de la misma manera o, al menos, su final fue abrupto [fue sustituído y murió poco después].

Creo que cayó en demasiadas provocaciones porque hacía de su vida una provocación. Cuando alguien hace eso, logra situarse como alternativa a lo que hay, pero también muestra que hay alternativas a lo que hace. En política, por ejemplo, vemos en el Reino Unido que [Jeremy] Corbyn va muy lejos, de manera algo extrema. Tanto, que sus promesas hacen que algunos lo voten al tiempo que otros lo consideran imposible. Entonces, Theresa May ofrece algo completamente diferente. No quiero decir que aquí haya ocurrido eso, pero Mortier agitaba una tormenta de nieve. Cuando llegaba la calma, lo hacía en otro sentido. Mortier tuvo muchos éxitos y atrajo la mirada internacional a Madrid. Y hoy tenemos una buena orquesta y coro. En parte, es gracias a él. 

¿Qué ha intentado hacer desde que fue nombrado?

Reconocer el orgullo y el talento de esta orquesta y trabajar muy duro con ella, porque está dispuesta a esforzarse mucho en repertorios muy variados. Hemos intentado mejorar la flexibilidad con repertorio del siglo XVIII y hemos probado que podemos hacerlo con Rodelinda, de Händel. [El contratenor] Bejun Mehta me dijo después que quería hacer un concierto barroco con esta orquesta. Y eso que él trabaja habitualmente con otras, como la Freiburger Barockorchester en Berlín [de reconocido prestigio]. Es una señal de que estamos progresando. Y queremos consolidar ese progreso en un proceso de cambio generacional en el que estamos inmersos. Todas las orquestas pueden ser siempre mejores, pero la mentalidad de la que tenemos ha sido excelente desde el comienzo. Y esa es la base para mejorar.

¿Es la orquesta del Teatro Real  (la Orquesta Sinfónica de Madrid) de calidad?

La prensa dice que es la mejor de España, y eso son palabras mayores.

Salvo que el nivel, en general, no sea muy bueno en España.

No se minusvaloren. Las cosas cambian. Las orquestas inglesas han cambiado muy rápidamente, más que la Filarmónica de Berlín [ríe]. En esta orquesta trabajamos duro y tratamos de dar a todo el mundo una oportunidad para hacerlo bien.

¿Se presta la suficiente atención a la orquesta o la escenografía y los cantantes se la llevan toda?

Es una queja habitual de los músicos. Muchos críticos se centran en hablar de la escena y la historia y al final dicen de pasada que la orquesta tocó bien o mal. Y ya. Hay que entenderlo. Los espectadores acuden a la ópera por muchos motivos. Uno de ellos es entretenerse y, que no se nos olvide, tenemos que lograrlo. Incluso aunque el público no sepa qué ha sido exactamente lo que le ha hecho pasar un buen rato.

No es del todo fácil juzgar en detalle el trabajo de la orquesta.

Es difícil establecer la causa y el efecto. A veces, una buena orquesta puede sonar bien con un director terrible.

En internet hay un vídeo de un discurso del director Ricardo Muti en el que dice que dirigir es el oficio más fácil del mundo. Basta con marcar los tiempos y la orquesta toca. Pero también el más difícil, porque hay que sacar el "alma" y "los sentimientos" de los músicos a través de una idea.

Desde luego. ¡Y el último 10% del trabajo es lo más difícil! Es como hacer buen vino. Puede saber bien, pero la excelencia está al alcance de pocos. Es un proceso largo.

¿Cómo se siente decir "no" a la Metropolitan Opera de Nueva York? ¿Cómo enfoca su carrera?

Busco lugares donde haya buen ambiente de trabajo. Me gusta la Ópera Estatal de Baviera, donde he trabajado unos 23 años, por su cultura de la seriedad y la concentración. En ese sentido, la orquesta de este teatro es muy buena. Ahora no tengo mucho tiempo como director invitado, porque el Teatro Real es mi principal trabajo y me ocupa mucho tiempo junto a la Orquesta Sinfónica de Basilea [donde también es director titular]. Y parte de mi centro de gravedad está en Salzburgo, donde hemos trabajado mucho en el desarrollo de la orquesta.

Siempre en Europa.

Sí, EEUU no está muy arriba en mi lista de prioridades.

¿Por qué?

El tiempo de ensayo es terrible. Hay tan poco…

¿Por qué?

Por el sistema que tienen, las horas que hay que pagarles y lo que cuestan. Las orquestas están muy bien pagadas y no hay mucha inversión pública en las artes. Allí no me siento en casa. Y no lo digo por Trump, que eso es tema aparte. En EEUU hay muy buenos centros culturales. La gente brillante es muy brillante y se le permite trabajar. Se ve en otros sectores, como la ciencia. Pero me preocupa la parte baja del sistema educativo o sanitario, que está realmente mal. Quizás grande no signifique bello. Países más pequeños están logrando una cohesión mayor. Pienso en Austria y su nivel cultural, con apoyo público y buenos resultados. Se está desperdiciando mucho dinero en algunos grandes países.

¿Cómo ve la inversión del Estado en fomentar el conocimiento de la música?

Me preocupa la educación y veo actitudes muy condescendientes hacia la música, muchos estereotipos. En otros países han logrado a través de la educación que la música esté en el corazón de la sociedad.

En cuanto a la inversión pública en el conocimiento de la música, España está mejor que Reino Unido y probablemente que Francia

¿Y en España?

Está en el término medio. Mejor que el Reino Unido, peor que Austria o Alemania. Probablemente mejor que Francia. En alguna ocasión me ha tocado algún taxista que escuchaba música clásica. Nunca lo verás en el Reino Unido, pero sí es muy probable que te ocurra en Alemania o Austria.

[...] ¿En qué taxi se montó usted?

En Alemania me pasó otra cosa más curiosa. El taxista dijo que era un cantante de ópera, pero no tenía suficientes encargos y tenía que ganarse la vida.

No es usted un director muy conocido para el gran público en España.

No llevo mucho tiempo.

Mi trabajo es mi testimonio y yo no me quiero hacer famoso. Sólo quiero trabajar

No entra dentro del nuevo patrón de director mediático, con cuentas en las redes sociales, que dedica tiempo al marketing.

¡No tengo tiempo! Espero que los que vengan a la ópera puedan apreciar mi trabajo. Mi trabajo es mi testimonio y yo no me quiero hacer famoso. Sólo quiero trabajar.

Los cantantes lo hacen más.

También tienen más tiempo. Debuté en festivales importantes muy joven, como Glyndebourne [Reino Unido] y soy el único director británico que ha dirigido en Salzburgo cada año desde los 2000.

Ha sido reconocido por sus interpretaciones de repertorio barroco, del siglo XX y contemporáneo.

Conscientemente no trato de enfocar mi carrera en relación a un repertorio concreto. Pero además no he hecho una carrera a base de grabaciones.

Toda la música está gratis en Spotify, por lo que la música en directo se ha convertido en un producto premium

Le gusta más la música en directo.

Sí. Y se ha vuelto un producto premium. Toda la música del mundo está gratis en Spotify y eso no hace necesariamente que la apreciemos más. La música en directo tiene algo diferente a escucharlo en tu casa o verlo por la tele. La atmósfera es completamente diferente, aunque a veces los precios son tan altos que hay quien se queda fuera.

"El Teatro Real no es barato"

En España, ir a la ópera es caro.

El Teatro Real no es barato, los precios son bastante altos, pero hay que tener en cuenta que no tenemos una gran subvención pública. En otros teatros es mucho mayor. Nos gustaría, pero no podemos poner más sillas en la sala. Veremos qué pasa en el futuro y si los precios pueden bajar pero, por el momento, el equilibrio de este teatro es adecuado. Permite hacer un repertorio muy variado, descubrir autores que nunca han sonado y gustar al público que viene.

Pese al precio de algunas butacas, la ocupación es alta.

Desde luego. Hay otros teatros en los que las entradas son caras y por eso la ocupación es baja. En un teatro en Suiza me contaban que estaban muy preocupados porque sólo llenaban un 55% de las butacas. Les dije: ¡bajad los precios! Y me contestaron que con esa medida no lograrían más recaudación sino incluso un poquito menos. Me pareció absurdo. Si tienes el teatro lleno, provocas un efecto psicológico muy beneficioso. Cuando la ocupación en Madrid supera el 90%, significa que se está haciendo algo bien. Pero me gustaría que hubiese una mayor inversión pública en las artes. Se gasta mucho en cuestiones que se consideran esenciales, pero en realidad son irrelevantes o incluso especulativas.

Ivor Bolton, en la sala de ensayo del Teatro Real en una imagen reciente.

Ivor Bolton, en la sala de ensayo del Teatro Real en una imagen reciente. Javier del Real / Teatro Real

Ópera: ¿sauna o montañismo?

¿Por qué mucha gente considera inaccesible o difícil la música contemporánea?

Hay que hacer un mayor esfuerzo por comprenderla. Muchas de las óperas clásicas están ya en el imaginario de la gente. De algún modo, la ópera puede ser como una sauna: llegas a ella en medio del vapor y con un gran bienestar y obtienes sensaciones familiares que hacen que tu cuerpo y tu mente se sientan mejor. Otras veces, la ópera es como hacer montañismo hasta alcanzar la cumbre. No quiero ser ofensivo con la comparación. A veces, necesitamos esa sauna. Cuando llegan al teatro, estoy seguro de que tanto ricos como desfavorecidos lo hacen tras un largo día de trabajo y legítimamente quieren divertirse. Otras veces el espectador quiere escalar hasta lograr la cima. Pero en términos generales, cuanto más sepas de la ópera, más placer obtienes de ella.

¿Hay que estudiar antes de venir a la ópera? ¿No debe ser una experiencia sobre todo sensorial?

No tenemos derecho a pedir nada a quien venga a la ópera, pero la gente no es estúpida. Si alguien va al Prado y lee un poquito sobre las Meninas, será capaz de ver más cosas y le gustará más. No se trata sólo de trasladar ciertas sensaciones e imágenes, aunque también. La ópera tiene muchos secretos y es apasionante conocerlos. No se puede exigir nada, pero cuanto más inviertes en la ópera, más sacas de ella.

Un buen consejo para los políticos.

Si invirtieran más en educación… pero hay que dejarlos trabajar. No creo que todo el mundo se meta en política por malos motivos.

Imagino que no ha leído los periódicos en España y las noticias sobre corrupción.

Creo que tenemos más en el Reino Unido, pero la tratamos mejor. O la escondemos mejor.

Todavía hay una percepción de que la ópera está hecha por y para la élite.

Pues muchos de nosotros somos antiélite y venimos de familias humildes. En la música sólo consigues el trabajo si eres lo suficientemente bueno. Es la meritocracia definitiva. Cuando hacemos una audición a alguien que quiere entrar a la orquesta, el candidato pasa las pruebas detrás de una pantalla. No sabemos si es hombre o mujer o de dónde es. Sólo cuando hemos decidido que lo contratamos le vemos la cara. En otras esferas de la vida no se dejan tanto a un lado otros condicionantes personales como en la música. También es cierto que siempre se puede uno plantear cómo de garantizado está el acceso a la música. Por eso, de nuevo, la igualdad de oportunidades y la educación son tan importantes.