Tita y el barón Thyssen-Bornemisza, en el Museo Thyssen, en 1998.

Tita y el barón Thyssen-Bornemisza, en el Museo Thyssen, en 1998. GTRES

Arte Documentos desclasificados

Tita contra Margaret Thatcher: así se quedó España con la colección Thyssen

Downing Street desclasifica papeles de los Archivos Nacionales del Reino Unido, en los que se descubre que el Reino Unido se empeñó en quedarse con las obras de arte del barón. Ofrecieron 140 millones de euros. España la compró por 265 millones de euros.

Margaret Thatcher hizo todo lo que pudo para quedarse con la colección del barón Heini Thyssen-Bornemisza, pero la primera ministra británica salió derrotada en el enfrentamiento con Carmen Cervera por la colección de arte. Carmen Cervera tenía un arma secreta: su perro enfermo. Los documentos de los Archivos Nacionales del Reino Unido, desclasificados por Downing Street, desvelan la intensa campaña que llevó a cabo Thatcher y que a punto estuvo de quedarse con el prestigioso fondo artístico.

Pero las intenciones del Reino Unido se cruzaron con las de la ex Miss España y el barón se decantó por vender “la colección privada de pintura más importante del mundo” -según el entonces director de la National Gallery de Londres- a España. El acuerdo se cerró hace 25 años y los 775 cuadros se quedaron en el Palacio Villahermosa, por 44.100 millones de pesetas (265 millones de euros).

Tita era conocida entre los consejeros de Thatcher como la “quinta edición”, por ser la quinta mujer del barón. La mujer del barón y su marido no atendieron la oferta formal del Reino Unido, a pesar de la visita de los funcionarios a Villa Favorita, para cerrar el trato. ¿La excusa? Su perro favorito estaba enfermo. Poco después, lo convenció para que la colección se quedara en Madrid.

Muchos pretendientes

Los agasajos al barón de 66 años entonces llegaron también de Los Ángeles, Barcelona, Bonn, Stuttgart y Lugano. Los documentos del Reino Unido descubren que, en 1988, el Museo J. Paul Getty de Los Ángeles ofreció 500 millones de dólares por la colección. Pero el barón desconfiaba de la Fundación Getty. Además, reconocía que su padre Heinrich había comprado las obras en los años treinta en los EEUU para devolverlas a Europa.

Todos querían las obras maestras de Van Eyck, Dürer, Holbein, Carpaccio, Caravaggio, Cézanne, Degas y Van Gogh, pero sólo se las podría quedárselas el país que proporcionase el edificio para el museo a nombre del barón y cubrir los gastos del funcionamiento. Margaret Thatcher, cuyo interés por la cultura y el arte era absolutamente nulo, estaba convencida de que la colección del barón sería un premio brillante para las celebraciones del milenio.

Robin Butler, su jefe de gabinete, le aconsejó que comprara, que era un regalo, porque las pinturas de Altdorfer y Memling representaban una “verdadera inversión”, que “multiplicaría su valor”. También le recomendó que las negociaciones se mantuvieran completamente al margen de la luz pública. El primer paso de la primera ministra fue invitar al barón Thyssen-Bornemisza a Downing Street, el 15 de marzo de 1988, durante su visita a Londres para la inauguración de una exposición de los antiguos maestros en la Royal Academy of Arts.

El perro muerto

Pero el 7 de abril de 1988, el Gobierno español anunció el acuerdo preliminar con el barón Thyssen. A pesar de la foto que se dio a conocer, Thatcher hizo una oferta formal, aconsejada por uno de sus confidentes, Peter Smithers, quien creía que el acuerdo sólo era otro esfuerzo desesperado de Cervera para quedarse con la colección.

La familia Thyssen recibió el 21 de mayo a Robin Butler en Villa Favorita, en Lugano, la mansión suiza del barón. La oferta que llevaba el funcionario a la familia era de 120 millones de libras (140 millones de euros), más 10 millones de libras (11 millones de euros) para construir el museo que se llamaría The Thyssen Gallery, y se construiría en Canary Wharf. La oferta formal fue acompañada por una carta manuscrita de Thatcher expresando su "creciente apetito y gratitud".

Sin embargo, y a pesar de que Butler comunicó que el barón “estaba muy impresionado” por la propuesta, Tita no había dado su última palabra. No expresó lo que le parecía la oferta porque estaba muy afectada. “Su perro favorito había muerto”. Estaba “afligida y no estudió las propuestas de Thatcher”. Hasta que el 30 de mayo el barón escribió a la primera ministra para informarle que había discutido la oferta con su esposa y su hijo mayor, George. La familia se decantó por Madrid. Thatcher contestó una semana más tarde, a la desesperada: “La colección es tan hermosa y debe significar mucho para su familia, por lo que debe haber sido una decisión difícil”.