El día que Dalí recibió la Medalla de Oro de la Generalitat, en el 81. Con su barretina.

El día que Dalí recibió la Medalla de Oro de la Generalitat, en el 81. Con su barretina.

Cultura Arte y política

Dalí, el genio mimado de Franco por el que puja la Cataluña independentista

El vicepresidente del Govern -con vistas al referéndum- reclama a Dalí como símbolo, tras 28 años de recelos por su complacencia hacia el Régimen. Hablamos con expertos sobre el giro de esta historia de desamor. 

Decía Salvador Dalí que él dejaba que sus enemigos “se devoren unos a otros”. Lo mismo pasa con sus adeptos, hasta con los que pelean por subirse al carro en el tiempo de descuento: cuando el genio surrealista legó toda su obra al Estado español y no a la Generalitat, a su muerte en el año 1989, Cataluña consolidó esa pequeña ojeriza que traía ya entrenada contra el artista, al que tachaban, sobre todo, de haberse plegado al Régimen franquista o, más bien, de no haberse molestado en posicionase en los años oscuros. De cambiar el compromiso por la aureolilla aristocrática, de existir en la performance pero, a la hora de enfangarse políticamente, preferirse estrella acomodaticia.

Ahora a Dalí le ha salido una nueva novia -además de una presunta hija-, se llama Cataluña independentista y planea casarse con él el 1 de octubre, fecha del bodorrio ilegal de la voluntad separatista. Después de décadas de resquemores, Oriol Junqueras, vicepresidente del Govern, ha manifestado su deseo de incluir el legado de Dalí en la negociación de “activos y pasivos” en el supuesto de que Cataluña se declarase Estado tras el referéndum.

Ahora a Dalí le ha salido una nueva novia -además de una presunta hija-, se llama Cataluña independentista y planea casarse con él el 1 de octubre, fecha del bodorrio ilegal de la voluntad separatista

En el caso de que se mantuviese la situación actual, Junqueras ha recordado que -como Dalí dejó su obra el Estado-, “según la Constitución española, la Generalitat también es Estado”, dejando entrever su interés en negociar, pase lo que pase, el traspaso de obras del pintor ampurdanés. Parece que está dispuesto a correr un tupido velo sobre las suspicacias históricas y reivindicar a Dalí como símbolo de la Cataluña secesionista. Huelga decir que en el 81, cuando al pintor le quedaban ocho años de vida, se le entregó la Medalla de Oro de la Generalitat -quién sabe si como forma de convencimiento para que fuese generoso con el testamento-, pero no surtió efecto.

Y ahora, en 2017, ¿es posible acoplar un emblema considerado franquista a su ecosistema cultural? ¿Qué sensibilidades laten en la mirada del ciudadano catalán -independentista o no- hacia el padre de La persistencia de la memoria?

Un catalán incomprendido

El escritor Javier Pérez-Andújar (San Adrián de Besós, 1965), autor de Dalí, a la conquista de lo irracional (Aldaba), le cuenta a este periódico sus sensaciones: “Dalí era muy catalán, era absolutamente catalán, era catalán por encima de español, de francés, de todo. Él vivía el catalán como un folclore -ser de un sitio siempre es ser folclórico-, se ponía su barretina, sus espardeñas, se vestía de pastoret… se identificaba con Cataluña en la forma más superficial, que es la que más dice: el folclore”, explica. “Además, su fonética era muy catalana, y más cuando hablaba francés, con esa vehemencia, se le notaba la vehemencia de su zona”. No entiende, directamente, por qué tendría que sentir Cataluña ningún rechazo hacia el artista.

Pérez-Andújar dice que le parece “absurdo” que “se juzgue a Dalí políticamente cuando él no era político”: “Dalí fue absolutamente chaquetero, ¡una veleta!, sólo le importaba él y su arte, y como él era su arte, sólo se importaba a sí mismo. Hay que quitarle trascendencia a otras connotaciones políticas, porque él era su vida”. El escritor, que hace poco prologó Carmen de Mairena. Una biografía (Blackie Books, Carlota Juncosa), fabrica el paralelismo imposible: “No hay tanta diferencia entre Dalí y Carmen de Mairena en el sentido de que era gente muy emocional”, guiña. “Me refiero a que dudo que tuviese una intención política; simplemente se dejaba influir, le importaba un pito dejarle el testamento a unos u a otros, él se regía por quien tuviera cerca y emocionalmente le ganara”.

Dalí haciéndole palmas a La Chunga.

Dalí haciéndole palmas a La Chunga.

Subraya que Dalí “era transparente, era amoral, era lo que había debajo, si debajo había fascismo fue fascista, y si hubiese habido república se hubiese convertido en republicano”. “¡El surrealismo es eso!”, sonríe. Además le parece que esa obstinación de Barcelona a dedicarle una calle no tiene sentido y está llena de contradicciones, porque “Barcelona está llena de referentes fascistas”: “Por ejemplo, la Avenida Roma. En tiempos de la República se llamaba Avenida Generalitat, pero en el año 40, en un homenaje al fascismo italiano, se la llamó Roma, ¡y nadie se acuerda! ¿Qué se creen, que es un aplauso a Julio César? No, lo es a Mussolini. El grupo de viviendas La Paz igual, franquista. ¿De qué pureza ideológica se está hablando?”.

En cualquier caso, Pérez-Andújar dice que le “encantaría que Dalí estuviera aquí hoy”, porque ante la controversia de la Cataluña independentista que reclama su legado y la resistencia del gobierno central, “diría algo brillante y surrealista, y sin duda, haría lo que más le interesase a su bolsillo”.

Los extremos que se juntan

La escritora y dramaturga Carmen Domingo (Barcelona, 1970), autora de Gala-Dalí (Planeta de los Libros) cuenta que “hay una serie de hombres y mujeres, más de hombres que de mujeres, que son catalanes y que España identifica con Cataluña, pero ellos se han identificado con lo que ahora no se entiende por Cataluña, no sé si me explico”, sonríe. “Hay una frase de Josep Pla, el narrador por excelencia… cuando el Rey fue a visitarlo, lo primero que le dijo Pla fue: “¿Tanta comunidad autónoma, no nos dará problemas con el dinero, no?”.

En lo que respecta a la repentina determinación de Junqueras de absorber a Dalí, Domingo explica que tiene la “sensación de que consideran que somos tan analfabetos culturales que nadie se va a acordar de cómo era el personaje en cuestión, un hombre claramente franquista”. Sostiene que “cualquier cosa que se esté proponiendo ahora desde Cataluña es algo calculado, no es momento de dejar al aire un solo fleco”. A ella le gustaría que las figuras se reivindicaran “desde el contexto” y que no se jugase “con el desconocimiento de la gente”, porque “estamos demasiado acostumbrados, sobre todo en Cataluña y en este momento, a jugar a la demagogia”. Y lanza: “Dalí era nacionalista franquista y estos otros, nacionalistas catalanes, a ver si va a resultar que si ahora se juntan tanto es porque son muy parecidos”.

Salvador Dalí y Franco. Getty.

Salvador Dalí y Franco. Getty.

La escritora achaca a Gala la responsabilidad ideológica de Dalí: “Ella era una rusa blanca, una rusa que sale huyendo con la Revolución soviética, y no era para nada cercana a los presupuestos que intenta reivindicar el señor Junqueras. Gala salió corriendo con la segunda guerra mundial, y Dalí y ella también echaron a correr con la Segunda República; cuando hicieron dinero en Estados Unidos le dijeron a Franco ‘queremos volver’, y los acogieron con los brazos abiertos”.

Recuerda que “la ideóloga” y “la economista” era ella: “Él hacía lo que ella le dijera. Dalí no sabía ni comprar un billete de tren solo y ella gestionaba todo”. Josep Playà -periodista de La Vanguardia y autor de varios libros sobre Dalí, como El enigma de Dalí (Plaza&Janés)- alude al testamento como reanudación de las hostilidades. Según cuenta el experto, Dalí y Gala habían hecho un testamento conjunto en el que quien muriera antes le dejaría todo al otro, y, al morir los dos, el patrimonio iría 50% al Estado, 50% a la Generalitat.

El cambio de testamento

“Durante mucho tiempo se creyó que Dalí mantenía ese mismo testamento”. Y ahí Cataluña respiraba tranquila. “Pero a su muerte se supo que lo había cambiado y que se lo dejaría todo al Estado: prácticamente a los dos meses de la muerte de Gala, Dalí hizo otro testamento. ¿Por qué? La hipótesis es que hubo toda una operación de Estado para evitar que la obra de Dalí pudiese quedarse en el extranjero, como podría pasar con Picasso -que su obra quedó en Francia-, así que el Estado le organizó una gran exposición en Madrid, le compró dos obras en el año 82 que le costaron 200 millones de pesetas, se le concedió el Marquesado de Púbol y se le solucionaron los problemas con Hacienda durante años, así que él pudo decir ‘bueno, pues le dejo todo al Estado’”.

Añade el periodista que “también cuenta quién intervino, que fue Miguel Doménech, presidente de la UCD y cuñado del entonces presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo”: “Digamos de alguna forma que también Doménech participó en toda esa operación, y la Generalitat creyó en aquel momento que el abogado había maniobrado para cambiar el testamento. Esto supuso una gran polémica”.

Doménech, cuñado de Calvo Sotelo, participó en la Operación Dalí, y la Generalitat creyó en aquel momento que el abogado había maniobrado para cambiar el testamento. Esto supuso una gran polémica

Alude al ministro de Cultura Semprún, que colaboró en la negociación entre Estado y Generalitat durante más de un año, gracias a la cual se repartieron los óleos de Dalí: una parte quedó en el Reina Sofía (Madrid), y otra en la Fundación Dalí, en Figueras. “Y algunos de los que quería Cataluña, como El gran masturbador, se quedó en el Reina Sofía, pero, aunque hubo un cierto equilibrio, en ese momento se criticó que algunas de las obras más importantes se habían quedado en Madrid”.

Para interesar, provocar

Playà dice que no hay un rechazo generalizado en Cataluña hacia Dalí. “Está enterrado en su museo y con Figueras, su ciudad natal y en la que murió, tiene buena relación. Hay que decir que en ese debate entre Estado y Generalitat, el alcalde de Figueras, Mariano Lorca, siempre defendió que Dalí le había dejado todo al Estado español, que podía ser Madrid, Barcelona o lo que fuese”. ¿Y la rencilla de su ausencia como nombre de una calle de Barcelona? “Bueno, cuando Dalí ya estaba muy enfermo, Tierno Galván le puso la plaza en Madrid y el dólmen de piedra, y Pasqual Maragall intentó hacer lo mismo allí, pero Dalí se murió antes y no lo hizo. Ya desde hace años se dice que cuando se haga una nueva gran plaza se le pondrá su nombre, pero no se ha hecho”.

Sostiene que parte de la intelectualidad catalana no le ha perdonado “sus deidades franquistas”, pero que, más que franquista, Dalí era una persona “apolítica, lo que no sentó muy bien en los últimos años del franquismo”

Sostiene que parte de la intelectualidad catalana no le ha perdonado “sus deidades franquistas”, pero que, más que franquista, Dalí era una persona “apolítica, lo que no sentó muy bien en los últimos años del franquismo”. Montse Aguer, directora de museos de la Fundación Dalí, dice que la relación entre los tres museos más importantes de Dalí -Figuras, San Petersburgo, Florida y Reina Sofía- es excelente, y no contempla ningún malestar catalán, porque “Dalí es un pintor que no se entiende sin su paisaje, geográficamente, al menos, lo que hace sí es eminentemente catalán, sin Cadaqués y el Cabo de Reus, la obra de Dalí no se entiende”.

Cita al pintor: “Sólo desde lo ultralocal llegamos a lo universal”. “Creo que es obvio que Dalí es una figura universal, y en este sentido no veo problemas ni en la situación catalana ni en la española. Por otra parte, sí que manifiesto mi sorpresa porque Dalí no tenga calle en Barcelona”. Aguer dice que Dalí “nunca fue un artista políticamente comprometido”, simplemente que “acató el franquismo”. Al final no lo hizo mal, Dalí: ahora el Estado español y Cataluña beben los vientos por él. Conquistó a todos, hasta a los secesionistas, que, sin tragarle, quieren arramblar con su imagen. Quizá, como dijo el propio genio, “el que quiere interesar a los demás, tiene que provocarlos”.