Uno de los murales compuesto con imágenes de Tracking Transience

Uno de los murales compuesto con imágenes de Tracking Transience

Cultura arte y privacidad

El artista que le dice al FBI dónde está en todo momento

Hasan Elahi acumula casi 100.000 imágenes y documentos sobre su paradero y vida privada. La comparte con todo el mundo a través de Internet, en una protesta contra la vigilancia de las autoridades.

Salvador Martínez Berlín

El artista estadounidense de origen bangladesí Hasan Elahi tiene una página web donde publica imágenes e información para que todo el mundo pueda saber dónde está. Lleva 15 años haciendo fotografías sobre su paradero, revelando las coordenadas en las que se encuentra o dando cuenta de sus gastos en comida, transporte, electricidad, gas, entre otras cosas. Lo hace como un gesto de protesta pero también para que, en todo momento, las autoridades policiales de su país sepan dónde está. “La idea es cooperar tanto con las autoridades que, al final, lo que haces es dejarles de ayudar”, dice Elahi a EL ESPAÑOL.

Él quería que el FBI supiera de él para evitar que se repitiesen semanas de interrogatorios como las de 2002

En 2002, medio año después del 11-S, alguien hizo una llamada telefónica a la policía relacionando a Elahi con tenencia de explosivos en un taller en Tampa (Florida, Estados Unidos). Es artista y necesita espacio para acumular materiales con los que producir sus obras.

El 19 de junio de 2002, a su regreso de un viaje fuera de EEUU, en el aeropuerto de Detroit, los agentes de inmigración lo pararon. Las autoridades lo buscaban. A partir de entonces tuvo que enfrentarse a una serie de interrogatorios que se dilataron en el tiempo, hasta seis meses. Respondió ante la Policía, al Departamento de Justicia, al FBI e incluso se sometió a una prueba de polígrafo.

Interrogatorio hostil 

“Aquello era como en las películas. Hablar en aquellos interrogatorios era como hablar a un muro. Los agentes no respondían. Te escuchan, pero están desprovistos de emoción”, recuerda Elahi en su entrevista con este periódico. “Son profesionales, ni hostiles pero tampoco simpáticos. Son absolutamente neutrales. Hacen su lista de preguntas sin inmutarse, van pregunta a pregunta. ¿Dónde estaba este día? ¿Qué hacía allí? ¿En qué día viajó ?”, añade.

Su experiencia con el polígrafo, Elahi la describe como “sedante”. “Casi me quedo dormido haciéndola. No sé muy bien por qué. No es que estés drogado pero uno se siente como si estuviera bajo los efectos de algo, debido al estado mental y a la tranquilidad de las instalaciones”, cuenta.

Aquellas semanas de su vida sometido a las pesquisas de las autoridades dejaron a Elahi marcado para siempre

Después de aquellas pruebas y de ofrecer durante meses las mismas respuestas, Elahi había satisfecho a los agentes del FBI. Éstos terminaron por dejarlo en paz. Nunca tuvo explosivos. Aquellas semanas de su vida sometido a las pesquisas de las autoridades dejaron a Elahi marcado para siempre. Reconoce que aquella experiencia cambió su vida.

Él, que antes de aquello ya se definía como un “neurótico” a la hora de mantener la información sobre lo que hace en su agenda, comenzó a partir de entonces a hacer acopio de información sobre su persona para hacérsela llegar a las autoridades.

Docilidad agresiva

Primero mandó correos electrónicos al FBI sobre sus desplazamientos. A estos siguió lo que se convertiría en su proyecto artístico Tracking Transience. Así se llama la obra compuesta por fotos sobre su paradero. Lleva 15 años con él. En el momento en que Elahi habla con este periódico, el proyecto suma algo más de 90.700 fotografías de su paradero. El número sigue creciendo.

Al cambiar la localización, si voy a comprar a la tienda, por ejemplo, hago la foto de la tienda y la subo a la página web

“Hago fotos de los lugares en los que estoy. Ayer llegué a casa a las nueve de la noche. Todavía no he salido. Al llegar tomo la foto, siempre las hago en el momento de entrar en un sitio nuevo. Al cambiar la localización, si voy a comprar a la tienda, por ejemplo, hago la foto de la tienda y la subo a la página web. Si voy a mi estudio, hago la foto del estudio”, explica.

Captura de pantalla de la web de Hasan Elahi

Captura de pantalla de la web de Hasan Elahi

“También subo a la página documentos que prueban dónde estoy de viaje, también facturas de electricidad y de teléfono”, agrega Elahi, que expone estos días sus imágenes en una instalación en una muestra del C/O Berlín, un centro de exposiciones de la capital germana.

Elahi dice que su proyecto manifiesta, en realidad, una suerte de “docilidad agresiva”

Frente a las autoridades, Elahi dice que su proyecto manifiesta, en realidad, una suerte de “docilidad agresiva”. “El proyecto es una protesta, por su puesto, pero también es una forma de cooperar con las autoridades, yo he decidido protestar cooperando”, aclara. “Estoy muy interesado en hacer dos cosas a la vez, me gusta esa idea de ir hacia un lugar dando la vuelta completa hasta llegar a él. Por ejemplo, en política, si uno se va a la extrema izquierda acabas llegando a la extrema derecha”, abunda.

Contra la vigilancia

Elahi reconoce que, en principio, su proyecto no tenía nada de artístico. Él quería que el FBI supiera de él para evitar que se repitiesen semanas de interrogatorios como las de 2002. Ahora Tracking Trasience sí es arte. “Constituye una reacción artística ante una realidad específica”, asegura. Esa realidad es la de los elevados niveles de vigilancia a los que están expuestos hoy los ciudadanos. Las imágenes de su día a día han dado la vuelta al mundo en diferentes exposiciones y adoptando diferentes formatos.

En Berlín, miles de sus fotografías en pequeño tamaño están dispuestas en un mural de varias franjas, separadas por otras fotografías ampliadas hechas vía satélite del techo de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA).

La NSA no cooperan, no intercambian información, su cultura es una cultura de la desconfianza

Resulta paradójico, pero es difícil saber algo realmente valioso sobre Elahi. “Sorprendentemente tengo una vida anónima”, comenta. “Toda la información que yo doy requiere en realidad mucho trabajo de interpretación”, agrega. En la NSA, precisamente, ya tienen el problema de que existe demasiada información que procesar sobre todos los habitantes del planeta.

“Lo de la NSA no es un problema tecnológico, es un problema de cultura a la hora de trabajar: no cooperan, no intercambian información, su cultura es una cultura de la desconfianza y una organización estatal no puede funcionar bien sin una base de confianza”, afirma Elahi sobre el espionaje planetario del que es capaz esa agencia estadounidense.

Smartphone, el final de la libertad

En Alemania, los trabajos de Elahi suelen tener buena acogida. “Aquí siempre tengo algo expuesto. No ocurre lo mismo en España, Francia, Inglaterra. ¿Por qué? Porque los alemanes tienen una experiencia muy particular con la vigilancia respecto a otros países”, subraya. No en vano, los alemanes vivieron el siglo pasado bajo las vigilancias del nacionalsocialismo y del régimen comunista en la República Democrática de Alemania (RDA). “Los ciudadanos alemanes saben muy bien de qué va la vigilancia”, opina Elahi.

El artista Hasan Elahi en una conferencia, en 2011.

El artista Hasan Elahi en una conferencia, en 2011. Ivo Näpflin

Con los alemanes que sufrieron en la extinta RDA a los agentes de la Ministerio para la Seguridad del Estado (Stasi), Elahi comparte curiosos recuerdos olfativos. “Hay algo muy particular en el olor de los edificios donde tienen lugar los interrogatorios. Huele mucho a algo oficial, no como si tuviera hongos, pero es algo único, muy pocos sitios huelen así. Tiene que ver, creo yo, con que haya también moqueta en las paredes”, comenta. “Recuerdo haber hablado con gente que fue investigada por la Stasi y, es curioso, acabamos hablando de los olores de los cuartos de los interrogatorios”, señala sonriente.

Recuerdo haber hablado con gente que fue investigada por la Stasi y, es curioso, acabamos hablando de los olores de los cuartos de los interrogatorios

Sin embargo, Elahi sabe que el tema de fondo en Tracking Transience es muy serio, especialmente ahora que la mayoría de los ciudadanos del mundo entregan a diario infinidad de información sobre su vida, ya sea a través de las redes sociales o de sus smartphones. “Facebook no es que sea el mayor archivo del plantea, es el mayor país del mundo”, comenta, antes de invitar a ver la información que toma un teléfono móvil hoy día sobre las ubicaciones del usuario.

“En un IPhone, si vas a 'Ajustes', luego a 'Privacidad' y a 'Servicios del sistema', encontrarás un apartado que se llama 'Ubicaciones frecuentes'”, apunta. “Ahí ves dónde estuviste, qué día, a qué hora llegaste, a qué hora saliste. Algo así era el sueño de la RDA, el sueño de cualquier sistema totalitario”, agrega.

Facebook no es que sea el mayor archivo del plantea, es el mayor país del mundo

Con este tipo de posibilidades tecnológicas, Elahi recalca lo importante que resulta mantener en buena forma a las democracias. “Las democracias son la garantía de que esa información que damos no se use con fines perversos”, dice antes de concluir con un aviso. Con la llegada al poder de Donald Trump en Estados Unidos, y el auge del populismo en general, “para las democracias, estamos en un momento crítico”.