Verónica Blume.

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Verónica Blume (49): "Toda mi carrera tuve bulimia. Cuanto más delgada, más trabajaba. Por dentro era una autodestrucción"

La ex top model se sincera sobre el trastorno que sufrió en los 90 y revela cómo la maternidad cambió por completo la relación con su cuerpo.

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En la década de los 90, la moda vivía una de sus épocas más deslumbrantes y exigentes. Era la era dorada de las supermodelos internacionales como Kate Moss, Cindy Crawford, Elle Macpherson o Linda Evangelista.

Dentro y fuera de las fronteras españolas, Verónica Blume (49 años) se erigió como uno de los rostros más cotizados y admirados del panorama internacional.

Sin embargo, detrás de los focos, las pasarelas de alta costura y las portadas de revista, la modelo convivía con la sombra de una grave enfermedad que mantuvo silenciada durante años.

La presión del éxito

En una sincera entrevista concedida al pódcast Club Senoria, la propia Verónica Blume ha querido romper el silencio y profundizar en las causas y en la realidad de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), desmitificando la idea de que se traten de un problema meramente estético.

"Un TCA no nace porque yo vea una foto o porque alguien me diga "tienes que estar más delgada". Tiene que haber un campo emocional muy fértil que tú puedas alimentar ese comportamiento muy autodestructivo y muy en guerra con la vida misma, ¿no?" reflexiona la modelo.

Con tan solo 16 años, Blume dio sus primeros pasos en la industria de la moda tras ganar el prestigioso certamen Supermodel of the World organizado por la agencia Ford.

A partir de ese momento, su vida se convirtió en un frenético viaje entre grandes capitales como Nueva York, París y Milán.

Sin embargo, la exigencia del estándar físico de la época, donde la delgadez extrema promulgada por la estética heroin chic (esa que se caracterizaba por la piel pálida, las ojeras marcadas y un aspecto demacrado) marcaba la pauta, repercutió directamente en su salud mental y física.

"Entonces, toda mi carrera como modelo yo tuve bulimia de una manera bastante pronunciada, pero muy en secreto siempre. Y yo cuanto más delgada estaba, más trabajaba. De cara hacia afuera estaba todo muy bien, de cara hacia adentro era una autodestrucción", confiesa sin tapujos.

Mientras el mundo admiraba su belleza y profesionalidad en las pasarelas, el verdadero impacto de la profesión se vivía en la intimidad, en una constante batalla con su propia imagen y su alimentación.

El punto de inflexión: la maternidad

El gran giro en la vida de Verónica Blume llegó a los 25 años, cuando se quedó embarazada. En ese momento, la perspectiva de la modelo sobre su propia anatomía y salud cambió radicalmente, alejándose de los estrictos cánones que imponía la industria.

"Cuando yo me quedé embarazada, para mí el gran gran tema era como... ¿este cuerpo puede crear vida? O sea, este cuerpo no tiene que caber en unas tallas diminutas, porque además yo viví la época de Kate Moss, de todas como súper flacas", recuerda Blume

"Entonces, con esa sensación de "puedo crear vida"... O sea, di a luz, tuve un parto natural, di a luz a una criatura perfecta... Empecé a hacer yoga, empecé a respirar y a sentir el cuerpo", añade en su charla.

La experiencia del embarazo y del parto no solo supuso la llegada de su hijo, sino también el comienzo de una reconciliación interna con su físico.

Yoga, su hijo Liam y una nueva etapa

A día de hoy, la vida de Verónica Blume dista mucho de los agitados días de desfiles y viajes de la época noventera.

Afincada cerca de Barcelona, la modelo catalana de raíces uruguayas y alemanas ha encontrado en la disciplina del yoga una forma de reconectar consigo misma, sanar viejas heridas y promover un estilo de vida consciente y equilibrado.

Durante años dirigió en la Ciudad Condal su propio estudio, The Garage by Verónica Blume y, a día de hoy continúa volcada en la enseñanza y la divulgación de esta práctica.

En el ámbito personal, el motor indiscutible de su vida ha sido su hijo Liam, que hoy ronda la veintena. Nacido fruto de una relación pasada de la modelo con un instructor de buceo belga, Liam es el verdadero gran orgullo de Blume.

Muy celosa y discreta con su privacidad sentimental (mantiene sus relaciones en un perfil reservado), Verónica suele destacar con orgullo el estrecho vínculo que la une a su hijo, con quien comparte momentos en su ambiente tranquilo a las afueras de la ciudad condal.