Ana Fernández en un acto en Madrid el pasado septiembre.

Ana Fernández en un acto en Madrid el pasado septiembre. Gtres

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Ana Fernández, actriz, 36 años: "Desayuno un café pero en los hoteles me como 2 huevos con bacon crujiente"

La actriz se confiesa en el pódcast 'Sincericidio' que, aunque en su rutina solo toma un café, durante los viajes no puede resistirse a un buen desayuno.

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Con la llegada de la primavera y la mente puesta en las próximas escapadas, resurgen también pequeños rituales que solo aparecen cuando salimos de la rutina. De eso habló con total naturalidad Ana Fernández (36 años) durante su paso por el pódcast Sincericidio, conducido por Celia Gallego.

Una conversación distendida en la que la intérprete dejó una confesión tan sencilla como reveladora sobre sus hábitos de desayuno.

En su vida cotidiana, reconoce, apenas toma un café antes de empezar el día. Sin embargo, cuando viaja y se aloja en un hotel, algo cambia por completo. "No sé si a las personas les pasa", comentaba entre risas.

"No sé por qué, es coger un avión y estar en un hotel y sentir un hambre desproporcionada de meterte unos desayunos bestiales de huevos con bacon crujiente... Vuelves a casa y no vuelves a desayunar hasta el siguiente viaje".

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La actriz, sorprendida por su propio comportamiento, lanzaba además una pregunta al aire: "¿Qué nos ocurre en el hotel que nos abre el apetito?".

Lejos de quedarse en una simple anécdota viajera, la cuestión tiene una explicación que conecta directamente con nuestros niveles de estrés y con la manera en que arrancamos las mañanas. La nutricionista integrativa Elisa Blázquez aporta una mirada que ayuda a entender lo que hay detrás de este cambio de apetito.

Por un lado, invita a reflexionar sobre el contexto habitual. Muchas personas -como la propia Ana- aseguran no tener hambre al despertar. Según la experta, esto se debe a que vivimos en un estado de activación constante: prisas, responsabilidades acumuladas, notificaciones desde el primer minuto y un café rápido antes de salir corriendo. Ese escenario activa el sistema nervioso simpático, conocido como el modo de "supervivencia", que no prioriza la digestión.

Además, el cortisol -la hormona que nos ayuda a activarnos por la mañana- ya se encuentra en niveles elevados al inicio del día. Si a eso se suma la presión mental, la sensación de apetito puede quedar en segundo plano. No significa que el cuerpo no necesite energía, sino que está gestionando otras prioridades.

Ana Fernández en el Festival de Cine de Málaga 2025.

Ana Fernández en el Festival de Cine de Málaga 2025. Gtres

El panorama es muy distinto cuando se duerme en un hotel. Cambia el entorno, se reduce la urgencia y desaparece la rutina automática. Hay una sensación de descanso, de novedad y de disfrute que facilita la activación del sistema nervioso parasimpático, el relacionado con la relajación y la digestión. Cuando el cuerpo se percibe en calma, el hambre aparece con naturalidad.

A ello se añade un factor sensorial evidente: el olor a café recién hecho, la visión de un buffet cuidado, el tiempo disponible para sentarse sin mirar el reloj. Todo ello estimula señales hormonales y físicas que despiertan el apetito.

La experiencia que describe Ana Fernández conecta con algo más profundo que el simple placer de un desayuno contundente. Sus palabras reflejan cómo el contexto influye directamente en nuestros hábitos y en la forma en que nos cuidamos.

Quizá no se trate solo de "huevos con bacon crujiente", sino de permitirnos momentos de pausa en medio de la exigencia diaria.