Mariló Montero, en Madrid, en febrero de 2026. GTRES
Mariló Montero, 60 años, sobre su infancia en Estella: "Vivíamos en un matadero, yo dormía en la cocina y mataba ratas en el río"
La periodista, que ha perdido de manera trágica a varios familiares, recuerda una infancia "inmensamente feliz" en su Navarra natal.
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Estamos acostumbrados a verla delante de las pantallas. Durante años, Mariló Montero (60 años) ha sido uno de los rostros más populares de la pequeña pantalla.
Ha pasado por las principales cadenas del país: desde las autonómicas Canal Sur y Telemadrid a las nacionales Antena 3 y Televisión Española, donde estuvo al frente de La Mañana de La 1 entre 2009 y 2016.
En los albores de su jubilación, -si es que algún día se plantea retirarse-, la periodista puede presumir de haber tocado ya casi todos los palos de esta profesión. Papel, ondas, televisión. Nada se le ha resistido. Quién le iba a decir a la niña pizpireta que fue que iba a alcanzar todas sus metas.
Nacida en Estella, en Navarra, la comunicadora pasó su infancia y juventud en un entorno rural, completamente alejado del ruido mediático que la ha acompañado en su vida adulta. De hecho, creció en el antiguo matadero del municipio. Un escenario de juegos nada convencional que forjó de manera profunda su carácter.
"Era un chicazo"
Mariló Montero ha relatado haber disfrutado de una infancia "inmensamente feliz", rodeada de sus tres hermanos. Según sus propias palabras, el entorno del matadero y la convivencia con "los Dalton" (sus tres hermanos varones) la llevaron a comportarse como "un chico más".
"Yo era un chicazo. Estaba rodeada de muñecas, pero me ponían de portero", confesó en una entrevista en ETB hace nueve años.
"Desde pequeña mi madre me decía que yo tenía mucho carácter... He nacido con mucha fuerza. Quizás por genética o por personalidad he salido con mucha energía", confesó en la televisión pública vasca.
La crianza de Mariló en el antiguo matadero de Estella forjó en ella una personalidad fuerte, enérgica y capaz de defenderse en un entorno dominado por figuras masculinas.
Esta etapa influyó decisivamente en su capacidad de autodefensa y resiliencia. Al ser la única niña y la menor, tuvo que aprender a "sacar la cabeza" y defenderse de sus hermanos, a quienes sus propios familiares describen como "maestros asilvestrados".
Usaba botas ortopédicas
Su padre fomentó activamente esta dureza; aprovechando que Mariló debía usar botas ortopédicas por tener los pies planos, le colocaba refuerzos de chapa hacia afuera y le instruía para que golpeara a sus hermanos en las espinillas, logrando que pasara "de dar pena a dar miedo".
Así, Mariló no halló obstáculo ni impedimento alguno para participar en actividades como jugar al fútbol, trepar árboles e incluso cazar animales de campo: "Yo mataba ratas en el río con la carabina".
A pesar de la dureza del entorno y la falta de espacio en casa, que la obligaba a dormir en la cocina porque no había habitaciones suficientes para todos, la periodista siempre se sintió colmada de felicidad. Y de experiencias.
"Yo dormía en la cocina, porque no tenía dormitorio. En casa había dos dormitorios. Los hermanos dormían los tres juntos", destacó en su charla con Euskal Telebista.
La muerte de su padre
La vida en Estella giraba en torno al trabajo de sus progenitores. Su padre, Manuel Montero López, era administrador del matadero municipal de Estella. Pero su gran pasión era la música. En sus ratos libres ejercía como gaitero de la localidad.
Por su parte, su madre atendía las labores del negocio y el cuidado de sus cuatro hijos. "Siempre estaba cosiendo en el cuarto de estar", ha recordado Mariló Montero.
Esta combinación de libertad en el campo, juegos al aire libre y una vida familiar unida en un espacio reducido cimentó el carácter "terremoto" (así la definen sus hermanos) y la fortaleza que tanto la definen.
Eso sí, por más que sísmico que sea su talante, nada pudo evitar que se derrumbara al fallecer el cabeza de familia. El padre de Mariló Montero murió en el año 2000 en un accidente de tráfico.
Fue un golpe devastador y repentino que implicó, por desgracia, una doble pérdida simultánea. Y es que el accidente no solo se cobró la vida de su padre: también la de Villar, la mejor amiga de Mariló a quien ella consideraba "como una hermana".
El fallecimiento de su hermano
Su padre había insistido en ir a recogerla al aeropuerto y, debido a la fatalidad de un "punto negro" en la carretera, entró en una autovía en dirección contraria. No hubo forma de evitar su fatal desenlace: el vehículo que conducía impactó frontalmente contra una furgoneta.
Fue su hermano Kiko quien llamó a Mariló para darle la noticia. Ella ha descrito que intuyó de manera inmediata la tragedia.
Antes de que le dieran los detalles, preguntó directamente: "¿Que se ha muerto el papá?". Cuando le confirmaron sus sospechas, Mariló entró en estado de shock, rompiendo a llorar hasta caer al suelo.
Fue su hijo Alberto (33) quien alertó a su entonces marido, Carlos Herrera (68). Este tuvo que tomar el teléfono y gestionar la situación mientras Mariló se veía incapaz de reaccionar.
La gestión del duelo se vio agravada por un nuevo drama. Siete años después de perder a su padre y a su amiga, la familia revivió el dolor cuando su hermano José Ignacio falleció también en un accidente de tráfico.
Tenía 47 años cuando, al igual que le sucedió a su padre, perdió la vida en la carretera.
La "humillante" enfermedad de su madre
Si ha habido una persona de referencia en la vida de Mariló Montero, esa es su madre, fallecida en 1993: "Ella vive conmigo, hablo con ella constantemente. Ella es la referencia de todo".
Sobre la enfermedad que padecía, la ELA (esclerosis lateral amiotrófica), la ha calificado como "dolorosa, humillante, muy dura" .
Su madre, enfermera de profesión, dejó de trabajar al formar su familia. Sin embargo, jamás olvidó en qué consistía su trabajo. Por eso "no se le podían disfrazar los informes médicos". En todo momento fue consciente de lo que le estaba ocurriendo.
"Mi madre y yo. Fue su última salida. El ELA le arrolló, nos arrolló... y yo disimulé que no pasaba nada, pero yo ya me había muerto con ella", recordó Mariló en sus redes sociales. También destacó cuánto le costó sacarla de casa sin silla de ruedas y que su madre caminó “erguida gracias a su maestra dignidad”.
Asimismo, ha narrado que, al diagnosticarle ELA, le preguntó qué quería hacer antes de morir y su madre le respondió que le gustaría conocer al Papa. Por suerte, Mariló pudo cumplir ese deseo. Y su madre "murió en paz".
A pesar de estos "reveses durísimos", la actitud de Mariló refleja una profunda aceptación. Al reflexionar sobre su biografía, afirma que asume lo que la vida le ha deparado, sea bueno o malo.
"No cambiaría nada de mi vida. Dios lo ha querido así y así lo acepto", sentenció en su entrevista en ETB. "Me siento muy afortunada por haber tenido la vida que he tenido y la familia que tengo".