Patrick Stewart, en Londres, en 2019.

Patrick Stewart, en Londres, en 2019. GTRES

Celebrities ACTORES

Hoy cumple 86 años el actor de 'Star Trek' que sobrevivió al alcoholismo de su padre, se casó 3 veces, fue condecorado por Isabel II y es calvo desde los 17

De la violencia de su infancia en Yorkshire a los mandos de la Enterprise y la corte de Isabel II: celebramos los magníficos 86 años de Sir Patrick Stewart.

Más información: Muere la actriz Nichelle Nichols, la teniente Uhura de 'Star Trek'

Publicada

Hay una dignidad imperturbable en la mirada de Patrick Stewart. Una nobleza que no se compra en los despachos de Hollywood ni se ensaya en los platós de televisión.

Pertenece a una estirpe de actores en riesgo de extinción: la de aquellos capaces de recitar un soliloquio de Macbeth y, al día siguiente, teclear la computadora de una nave espacial como miembro de una ficticia sociedad interestelar sin perder un ápice de gravedad.

Hoy, al alcanzar la formidable frontera de los 86 años, este titán de las tablas y los fotogramas se consolida no solo como un icono de la cultura pop, sino como el hombre que logró reescribir su propio destino.

Una infancia difícil

Para entender la sobriedad y el trasfondo psicológico que Stewart inyecta en cada uno de sus personajes, es obligatorio viajar al Yorkshire de 1940.

En el humilde pueblo de Mirfield, la infancia del pequeño Patrick estuvo lejos de ser un idilio británico. Creció bajo el yugo de la pobreza y el terror doméstico.

Su padre, un sargento mayor del ejército que regresó del frente de la Segunda Guerra Mundial con el alma rota por lo que hoy diagnosticamos como Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), ahogaba sus fantasmas en el alcohol. El resultado de su estado fue una violencia matemática y devastadora dirigida de manera feroz hacia su madre.

En ese hogar asfixiante, el teatro no fue una vocación artística; fue, literalmente, una estrategia de supervivencia.

La revelación llegó a los 12 años en un curso de drama, pero el punto de inflexión tuvo nombre propio: Cecil Dormand.

Aquel profesor de literatura le plantó un texto de Shakespeare frente a los ojos y le ordenó: "Patrick, levántate y lee". Al pronunciar aquellas palabras ajenas, el joven Stewart descubrió que podía habitar otros cuerpos, refugiarse en otras vidas donde el miedo no existía. Su rumbo quedó sellado.

Patrick Stewart, en una imagen de sus redes sociales.

Patrick Stewart, en una imagen de sus redes sociales. @sirpatstew

De boxeador a redactor local

La transición hacia la madurez artística exigió peajes mundanos. A los 15 años, el joven aspirante probó suerte en la prensa escrita como redactor local en el Mirfield and District Reporter.

Sin embargo, el periodismo exige una atención exclusiva que Patrick ya le había entregado a las musas del teatro. Tras un ultimátum de su editor, colgó la pluma.

Para costearse el ingreso en la prestigiosa Bristol Old Vic, Stewart no temió mancharse las manos: vendió muebles durante el día y llegó a entrenar como boxeador.

El esfuerzo físico y la disciplina mental dieron sus frutos en 1966, cuando ingresó en la mítica Royal Shakespeare Company.

Durante más de una década, su cráneo despejado y su voz de barítono perfectamente modulada se convirtieron en sinónimo de la excelencia teatral británica, ganando su primer premio Olivier en 1979 por Antonio y Cleopatra.

Star Trek

Star Trek Movistar+

Estrella en 'Star Trek'

El análisis cinematográfico de la carrera de Stewart exige detenerse en un fenómeno fascinante: la transmutación de un actor clásico en un fenómeno de masas.

A mediados de los ochenta, Hollywood llamó a su puerta. Tras breves pero estimulantes incursiones en el cine de culto, como el Gurney Halleck de la accidentada Dune de David Lynch (1984) o su papel en Excalibur (1981), llegó la llamada que cambiaría la televisión para siempre.

En 1987, Gene Roddenberry buscaba un nuevo líder para su universo de ciencia ficción. Cuando se anunció que un británico de formación clásica asumiría los mandos de la USS Enterprise en Star Trek: The Next Generation, el escepticismo de la prensa fue feroz. El mismísimo Los Angeles Times lo despachó con desdén catalogándolo como "un actor shakesperiano británico desconocido".

El propio Stewart compartía ese pesimismo. Convencido de que la serie naufragaría en las audiencias y sería despedido de inmediato, se negó a deshacer sus maletas durante las primeras seis semanas de rodaje.

Qué equivocado estaba. Su capitán Jean-Luc Picard no era un vaquero del espacio al uso; era un filósofo ilustrado, un diplomático que prefería la retórica al disparo de un fáser.

Stewart redefinió el género dotando a la televisión de una dignidad teatral inédita. Hagan que ocurra, ordenó a la audiencia, y la audiencia obedeció durante siete temporadas y cuatro largometrajes, regresando décadas después en la nostálgica e introspectiva Star Trek: Picard.

Patrick Stewart y su mujer, Sunny Ozell, en Los Ángeles, en 2022.

Patrick Stewart y su mujer, Sunny Ozell, en Los Ángeles, en 2022. GTRES

Mutantes, villanos y calvicie con estilo

Si el universo trekkie le otorgó la inmortalidad, la franquicia X-Men lo consagró ante las nuevas generaciones. Como el Profesor Charles Xavier, Stewart ofreció el contrapeso moral perfecto en un cine de superhéroes que empezaba a tomarse en serio a sí mismo.

El acierto de casting fue monumental: nadie más podía encarnar esa mezcla de tremendo poder mental y vulnerabilidad física.

Su filmografía posterior demostró una versatilidad audaz. Supo reírse de su propia solemnidad en la parodia Robin Hood: Men in Tights (1993) y, años más tarde, dinamitó su aura de bonhomía en la perturbadora cinta de culto Green Room (2015), regalando una perturbadora interpretación como un frío líder supremacista.

Una de las grandes ironías de su fisonomía es su calvicie prematura, sobrevenida a los 17 años. En una industria obsesionada con las cabelleras perfectas, Stewart pasó años usando un tupé en las audiciones por miedo al rechazo.

Fue un director iluminado quien le ordenó despojarse del artificio. Al aceptar su calvicie, Stewart descubrió su rostro definitivo: uno que transmitía autoridad académica y veteranía.

Ian McKellen y Patrick Stewart, en Londres, en 2020.

Ian McKellen y Patrick Stewart, en Londres, en 2020. GTRES

De la corte de Isabel II al "bromance" digital

La vida personal de Sir Patrick no ha sido precisamente apacible: se ha casado en tres ocasiones.

Su primera esposa fue la actriz, bailarina y coreógrafa Sheila Falconer, con quien estuvo casado de 1966 a 1990 y con la que tuvo dos hijos: Daniel (nacido en 1967) y Sophie (nacida en 1972).

Su segundo matrimonio, mucho más fugaz, fue con la productora Wendy Neuss, a la que estuvo unido entre los años 2000 y 2003.

Finalmente, encontró la estabilidad en 2013 junto a la cantante de jazz Sunny Ozell. La boda dejó una de las mejores postales de la crónica social británica: fue oficiada por el mismísimo Sir Ian McKellen, el mítico Gandalf en las sagas de El Señor de los Anillos y El Hobbit.

La rivalidad en la gran pantalla entre el Profesor X y Magneto se transforma, en la realidad, en una de las amistades (bromances) más genuinas y celebradas de la esfera pública.

Es habitual ver a ambos caballeros compartiendo fotos por las calles de Nueva York o Londres, demostrando que son íntimos amigos.

Esa misma sofisticación es la que llevó a la reina Isabel II a nombrarlo Caballero del Imperio Británico en 2010, permitiéndole anteponer el Sir a su nombre de pila. Un honor que el actor ha sabido honrar fuera de los escenarios a través de un firme compromiso social.

Lejos de olvidar el infierno de su infancia, Stewart aprovecha su altavoz para financiar organizaciones contra la violencia de género y liderar campañas de apoyo psicológico para veteranos de guerra que sufren el mismo TEPT que atormentó a su padre.

Hoy, soplando las 86 velas, Patrick Stewart contempla un legado impecable.

Con dos premios Olivier, un Grammy en las estanterías (por su narración de Pedro y el lobo) y el respeto unánime de la crítica, el niño que huía de los gritos en Yorkshire ha conquistado el espacio profundo y los escenarios más exigentes de la Tierra. Larga vida al capitán.