Alberto Núñez Feijóo

Alberto Núñez Feijóo Víctor Fernández Europa Press

Corazón

Feijóo, 65 años: "En mi infancia me lo pasaba bien jugando en las calles del pueblo y ayudando en la tienda de la abuela"

El político gallego y líder del PP muestra su lado más desconocido.

Más información: Marcos Llorente, sobre la felicidad: "No es estar alegre, es levantarte con paz y sintiendo que vives en coherencia".

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Todos estamos acostumbrados a la faceta más seria e institucional de Alberto Núñez Feijóo al frente de su partido, pero detrás del político se esconde una historia de superación, humildad y sueños rotos que rara vez sale a la luz.

Un viaje vital que comenzó en la remota aldea de Os Peares (Ourense) y que, por culpa de un duro golpe económico, estuvo a punto de tomar un rumbo muy distinto.

Para comprender la trayectoria del líder gallego de 65 años, es imprescindible viajar a sus raíces más profundas.

Como él mismo reflexiona, abriendo su corazón: "Solo sabiendo de dónde venimos podemos saber a dónde vamos".

Sus orígenes no podrían ser más austeros, definiéndose a sí mismo en sus primeros años como "un niño que nació en una aldea, como muchos otros, de poco más de 200-300 habitantes como mucho".

Lejos de los privilegios, su infancia transcurrió impregnada de una cautivadora sencillez rural.

Al repasar esos años, desvela detalles entrañables de su día a día.

La infancia de Feijóo

"Me lo pasaba bien jugando en las calles del pueblo, en los ríos, en los puentes y, por supuesto, ayudando en la tienda de la abuela. Era un niño feliz", confiesa con evidente nostalgia.

Sin embargo, aquella burbuja de felicidad se rompió demasiado pronto. La transición a la etapa formativa exigió enormes sacrificios para su humilde familia, dejando una profunda cicatriz emocional: "El hecho de ser humildes y tener que marchar a estudiar a otro sitio me causó dolor".

Durante aquellos años de internado y exigencia, se aferró al gran consejo de sus abuelos y padres, un faro que todavía le guía: "Haz las cosas bien. Sé serio y piensa en los demás".

Llegó a la Universidad de Santiago de Compostela con un propósito firme, pero entonces, la tragedia laboral llamó a su puerta.

Su padre perdió el empleo y todo se vino abajo. "El sueño de ser juez se desvaneció. Entendí que tenía que ponerme a trabajar y lo primero que se me ocurrió fue intentar ser funcionario público de la Xunta de Galicia", relata con asombrosa sinceridad.

Se encerró a estudiar y en apenas cinco meses aprobó la oposición.

Paradójicamente, su desembarco en la política no fue para nada algo deseado. Cuando le ofrecieron su primer alto cargo, su respuesta fue rotunda: "Era un cargo de designación política y eso suponía algo que no quería, meterme en política. Y dije no".

La insistencia pudo más; a los dos meses acabó aceptando ya que "milagrosamente el puesto seguía vacante".

Incluso su llegada al partido estuvo marcada por esa rebeldía silenciosa forjada en la tienda de su abuela.

Su militancia rompe todos los esquemas preconcebidos: "Me afilié al Partido Popular porque nadie me lo exigió. Si lo hubiesen hecho, quizá, no lo hubiese aceptado".