Vuelo sobre la ciudad de Tavertet. Cataluña Central

Vuelo sobre la ciudad de Tavertet. Cataluña Central iStock

Corazón

El pueblo perfecto para recorrer a pie: 128 habitantes, casas de piedra y situado sobre un acantilado

Este es uno de los rincones secretos a los que el diseñador de moda, Juan Avellaneda, acude cuando necesita desconectar.

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Suspendido al borde de un acantilado, donde la tierra parece terminar de forma abrupta, el horizonte se abre inmenso y silencioso.

Desde allí, el paisaje se despliega entre riscos, bosques y el reflejo lejano del agua, creando una sensación de vértigo sereno difícil de describir.

Las calles, tranquilas y de piedra, acompañan esa calma suspendida. El viento recorre el pueblo con suavidad mientras la mirada se pierde en la inmensidad del vacío. Describo Tavertet, un lugar donde la altura y el paisaje son las protagonistas.

Vista panorámica del casco antiguo de Tavertet

Vista panorámica del casco antiguo de Tavertet iStock

Situado al borde de un acantilado en la comarca de Osona, este pueblo de Cataluña emerge como un milagro arquitectónico y natural. Con apenas un centenar de habitantes, este enclave declara su esencia en cada piedra.

Su historia se remonta al siglo XI, con la primera mención documental de su iglesia de Sant Cristòfol en el año 911 o 1070, aunque sus raíces podrían ser más antiguas.

Durante la Edad Media, el pueblo dependió de los vizcondes de Cardona y Osona, pero adquirió personalidad propia en el siglo XII bajo la familia que le dio su nombre, la cual levantó un castillo.

El aislamiento geográfico de Tavertet, encaramado a más de 200 metros sobre el pantano Sau, forjó su carácter: no dispuso de carreteras hasta el siglo XX.

Su casco histórico está declarado Bien Cultural de Interés Nacional. Su corazón late en sus tres calles empedradas flanqueadas por unas 40-50 casas de piedra autóctona pertenecientes a los siglos XVII y XIX.

Estas construcciones sobrias, con fachadas robustas, teja árabe curva, balcones de madera y puertas adinteladas, evocan masías solariegas medievales. Destacan las Viles Florides, donde macetas rebosan geranios y buganvillas en primavera, tiñendo de color este lienzo rústico.

Tampoco puedes perderte la iglesia de Sant Cristòfol, emblema del pueblo. Fusiona el románico y el barroco y alberga en su interior restos arqueológicos.

Los miradores son una parte fundamental de este pueblo en las alturas. El de Tavertet y el de Pla de Castell ofrecen panorámicas impresionantes. También destaca el acantilado del Avenc con sus formas erosionadas.

Para los aventureros, la Cova del Serrat del Vent, la cueva más larga del mundo en terreno de gres excavada por un río subterráneo, espera a espeleólogos.

Tavertet ha sabido esquivar el turismo de masas gracias a su ubicación privilegiada y a una normativa urbanística estricta que ha impedido que el cemento rompa la armonía del ocre de sus piedras.

Hoy, es un destino para quienes buscan reencontrarse con el silencio, ya sea caminando por sus senderos de vértigo o simplemente sentándose a ver cómo la sombra de los riscos se alarga sobre las aguas del Ter. Ejemplo de ello es el diseñador de moda Juan Avellaneda, que recurre a visitarlo siempre que puede.

Visitar Tavertet no es solo ir a un pueblo bonito, es asomarse al borde de la historia.