El pueblo español donde David Bustamante desconecta

El pueblo español donde David Bustamante desconecta

Corazón

El pueblo español donde David Bustamante desconecta: declarado Conjunto Histórico y con un castillo del siglo XIII

El cantante de 44 años elige su lugar de nacimiento para refugiarse de su día a día en la música.

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Hay lugares en el norte donde la fama se queda aparcada a la entrada del pueblo y lo único que importa es si la marea está subiendo o bajando.

Allí, David Bustamante vuelve a ser el chico que creció entre barcas, lluvia fina y saludos de portal en portal, lejos del ruido de los focos y de los escenarios.

San Vicente de la Barquera es el refugio al que el cantante escapa cada vez que necesita bajar el volumen de la fama y volver a la vida de siempre, con olor a salitre, barca y cocido montañés.

Esta villa marinera se ha convertido en un destino fetiche para quienes buscan lo mismo que él: desconexión real, paisajes de postal y un ritmo que va al compás de las mareas, no de la agenda ni del móvil.

Bustamante lo ha dicho muchas veces: sentirse "afortunado" por haber crecido en un pueblo como este y por la diferencia brutal entre la vida de ciudad y la vida de mar. Aquí le llaman por su nombre y puede caminar por las mismas calles de siempre sin más prisa que saludar en cada esquina.

Cuando la fama se desmadra, su desconexión pasa por una residencia de 200 metros cuadrados dentro de una urbanización, pegada a la bahía y al mar, lejos de focos y photocalls. Rodeado de verde y con vistas de cine, es el escenario perfecto para sus regresos más íntimos a Cantabria, muchas veces acompañado de su hija.

San Vicente de la Barquera es, ante todo, una villa marinera auténtica, de esas en las que el puerto sigue marcando la vida diaria y la estampa de barcas de colores no es un decorado para turistas.

San Vicente de la Barquera

San Vicente de la Barquera

El estuario, abrazado por las rías y enmarcado por los Picos de Europa al fondo, regala una de las vistas más fotogénicas del norte de España.

Su casco histórico, declarado Conjunto Histórico-Artístico, concentra siglos de historias de comercio, pesca y peregrinos del Camino de Santiago que aún hoy atraviesan sus calles de piedra.

Sobre todo ese escenario, se alzan el Castillo del Rey (siglo XIII) y la iglesia de Santa María de los Ángeles, dos iconos que recuerdan que aquí el pasado sigue muy presente.

Parte del municipio se integra en el Parque Natural de Oyambre, lo que significa playas salvajes, marismas llenas de vida y atardeceres que parecen filtros de Instagram, pero sin filtro.

Castillo de San Vicente de la Barquera

Castillo de San Vicente de la Barquera

Las arenas infinitas de Merón y Oyambre son el gimnasio al aire libre de muchos viajeros (y del propio Bustamante cuando se deja caer por casa), lugar de paseos eternos, surf y carreras al borde del Cantábrico.

La desconexión aquí también se sirve en plato. Cocina marinera de verdad, con marisco fresco, sorropotún y pescado del día que pasa casi directo del barco a la mesa.

Las terrazas frente a la ría, con el puente de la Maza de fondo, son el lugar ideal para alargar la sobremesa mientras la marea sube y baja a su ritmo.