Joaquin Sabina en su casa de Madrid.
Ni Malasaña, ni Chueca: así es la espectacular casa de Joaquín Sabina (77 años) en Madrid con una biblioteca de 1.000 libros
El artista abre las puertas de su casa para mostrar cómo es su lado más íntimo y personal, donde tiene hasta un estudio de grabación.
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En el año 2008, la revista AD cruzaba la puerta de la casa de Joaquín Sabina (77 años) en el centro de Madrid y se encontraba con un universo tan literario como musical.
Aquel piso de más de 300 metros cuadrados, ubicado en el barrio en el que el cantante siempre ha vivido, con La Latina y Lavapiés a sus pies, era mucho más que una vivienda: era un autorretrato en tres dimensiones.
"Soy antiminimalista y barroco, compro mucho en los viajes, y he acumulado un buen número de objetos. La mayoría son de Latinoamérica, y cada uno tiene su historia", confesaba entonces Sabina. Y bastaba cruzar el umbral para entender que no exageraba.
La casa era -y sigue siendo- una biografía visual hecha de recuerdos, manuscritos, libros y hallazgos recogidos a lo largo de décadas.
Joaquín Sabina, 76 años
La vivienda creció con el tiempo. A la planta original se sumó el piso superior en una suerte de expansión natural. "Lo nuestro fue una expansión, dejamos el estudio de grabación abajo, unimos las dos plantas mediante una escalera, e iniciamos la reforma de la nueva adquisición", relataba.
Para ello contaron con el arquitecto Miguel Botella, recomendado por su amigo Joan Manuel Serrat (82). El objetivo, compartido con su pareja Jimena, era claro: espacios conectados, circulación fluida y luz. Se tiraron tabiques y se creó una planta casi circular donde salón, cocina, office, dormitorio y hall dialogan entre sí.
Si algo define la casa es la omnipresencia de los libros. Decenas, cientos, miles. En el salón, una librería de suelo a techo diseñada por el estudio de María Prado impone su carácter.
Pero también hay estanterías en el dormitorio y en los rincones más insospechados. El aparente caos responde a una estética arty muy personal, donde los volúmenes se convierten en textura y relato.
Estancia por estancia
El despacho es quizá el espacio más simbólico. Tras la mesa, Sabina expone manuscritos originales de escritores y artistas como si se tratara de un espacio dedicado a la literatura.
El estudio de grabación añade un punto lúdico: un billar en el centro, infinitas estanterías y, al fondo, un caballito de tiovivo antiguo. La creatividad se mezcla con el juego en un espacio donde las pasiones conviven sin jerarquías.
La biblioteca de Joaquín Sabina en su piso de Madrid. RRSS
La cocina, diseñada a medida por Artificio en blanco impoluto, actúa como lienzo neutro. Destacan la mesa sueca del siglo XIX y las sillas de Hans Wegner adquiridas en Mairea, mientras las paredes exhiben reproducciones de maestros contemporáneos españoles.
Incluso el baño de invitados alberga arte: un retrato de Sabina firmado por Juan Vida y una obra de Oswaldo Guayasamín.
En contraste, el baño principal apuesta por la calma minimalista, con blanco y piedra caliza como protagonistas. El dormitorio, en cambio, vuelve al eclecticismo acogedor: una colcha suzani antigua, celosías traídas de viaje y otra librería repleta de recuerdos.
Nada es casual. Desde los ángeles y vírgenes latinoamericanos hasta una jarra comprada en los años 70 en el mercado de Portobello, en Londres, cada objeto encierra una historia.
Revisitar hoy aquella casa que AD retrató en 2008 es reencontrarse con una manera profundamente inspiradora de habitar: libre, heterodoxa y poética. Como sus canciones.