Pedro Ruiz, sobre su juventud en los años 70

Pedro Ruiz, sobre su juventud en los años 70

Corazón

Pedro Ruiz, sobre su juventud en los años 70: "Trabajé con mi madre en una tienda de bacalao y verduras para poder estudiar"

El periodista y escritor explica algunos detalles de sus primeros años en Barcelona.

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Hay historias que explican un carácter. Y luego está la de Pedro Ruiz (78 años): una mezcla de tragedia doméstica, ironía heredada y dignidad silenciosa.

El comunicador, que hoy afirma haber "consumido la experiencia de la vida" y que no volvería a nacer, desnudó sus recuerdos en una conversación con José Ramón de la Morena. Lo que emergió no fue solo nostalgia, sino una radiografía emocional de la España de posguerra.

Pedro Ruiz llegó al mundo un domingo 17 de agosto en Barcelona, en plena ola de calor y en su propia casa. Nada de clínicas privadas ni comodidades modernas. Su madre, Juana Céspedes, soportó un parto que se prolongó durante dos días y medio.

La intervención fue tan brusca que el recién nacido quedó con la cabeza deformada. Él lo recuerda, décadas después, con humor ácido: "Nací con una cabeza de pepino".

La reacción de su padre, Federico Ruiz, fue tan cruda como inolvidable: "Si es langostino, hemos de tirarlo". Una sentencia que hoy provoca sonrisa, pero que retrata una época y un tipo de carácter.

Aquel comentario, mitad susto mitad ironía, fue el primer destello del humor punzante que marcaría la personalidad del comunicador.

La familia no tenía dinero. Pero tenía presencia. Federico trabajaba como chófer para la familia del Marqués de Riscal y vestía siempre impecable, trajeado, elegante. Esa imagen, unida a un gesto generoso de su jefe, alimentaba cada verano una pequeña ficción.

Les prestaban un coche de lujo, un "haiga" de 1953, para viajar a pueblos como Elciego o Soria. Cuando llegaban, los vecinos se arremolinaban alrededor del vehículo.

"Parecía que había llegado gente de té", recuerda Ruiz con ironía. Pero al bajar del coche, la fantasía se disolvía: eran unafamilia humilde disfrutando de un lujo prestado, sosteniendo durante unos días la ilusión de pertenecer a otro mundo.

Mientras su padre aportaba elegancia, su madre sostenía la economía familiar. Juana regentaba una tienda de bacalao y verduras. Gracias a ese negocio, Pedro y su hermano pudieron estudiar.

"Mi abuelo vendía pescado y mi madre le ayudaba. Luego, con el tiempo, puso una tienda de bacalao y verduras y gracias a eso pudimos estudiar mi hermano y yo. Al terminar las clases, yo llegaba a la tienda y repartía los pedidos a las casas de las clientas", explicó Ruiz sobre su infancia.

Subía cargado de bolsas a los pisos de las madres de sus propios compañeros. Aquella rutina, lejos de avergonzarle, le enseñó disciplina y orgullo.

En el Instituto Menéndez y Pelayo compartió pupitre con Carles Rexach. "Él me ganó a mí el campeonato de ping-pong y yo le gané el de gimnasia". Dos adolescentes sin saber que uno sería leyenda del Barça y el otro, voz irrepetible de la radio y la televisión.

Y su debut no fue glamuroso. Fue salvaje. Literal. En una radionovela, alguien le pidió: "Aulla tú por mí". Y aulló. Así empezó todo. Entre esfuerzo, humor y una libertad que, quizá, nació el mismo día en que alguien dudó si debía "tirarlo" o no.