La casa de Máximo Huerta (55 años) en Madrid

La casa de Máximo Huerta (55 años) en Madrid

Corazón

Así es la espectacular casa de Máximo Huerta (55 años) en Madrid: edificio clásico, grandes ventanales y de estilo parisino

El periodista y escritor valenciano abre las puertas de su hogar en pleno centro de la capital.

Más información: Mar Flores (56 años), modelo: "Me levanto a las 7 de la mañana, solo duermo 4 horas y ceno a las 8 de la tarde".

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En pleno centro de Madrid, escondido en una cuarta planta de un edificio antiguo, Máximo Huerta (55 años) guarda uno de sus tesoros más personales: un piso pequeño, pero con alma de película francesa y vistas directas al skyline de la capital.

No es una casa ostentosa, sino un refugio íntimo donde cada objeto cuenta algo de su vida, sus novelas y sus obsesiones estéticas.

Al entrar, la sensación es clara: aquí vive alguien que mira mucho, siente mucho y escribe mucho.

El recibidor, adornado con papel pintado y espejos, conecta directamente con un salón abierto y muy luminoso, donde la luz entra a raudales por grandes ventanales que parecen hechos para contemplar la ciudad durante horas.

Desde ahí, Máximo ha confesado que aplaude, observa a los vecinos, se desespera y se reconcilia con el mundo, copa de vino en mano.

El corazón del piso es ese salón de revista, decorado en tonos claros y pastel, con alfombras suaves, plantas, mantas y cojines que crean una atmósfera de calma casi instantánea.

No hay estridencias: muebles sencillos, detalles vintage y una distribución pensada para aprovechar cada metro, sin renunciar al encanto.

En medio, una chimenea francesa de estilo parisino se lleva todas las miradas; fue la única condición que el escritor puso al reformar la casa: que no se tocara.

Sobre la chimenea, un espejo vintage, flores y candelabros refuerzan esa estética de apartamento parisino que tanto le define.

Un pequeño busto de perro vestido de camisa blanca aporta el punto juguetón y ligeramente kitsch que delata a un dueño con sentido del humor y gusto por las piezas peculiares.

No es casualidad, Huerta ha llenado el piso de guiños a sus libros, a París y al mar, sus tres grandes refugios simbólicos.

Máximo Huerta, en el despacho de su casa

Máximo Huerta, en el despacho de su casa

Separado del salón por un arco con vigas de madera, aparece uno de los rincones más deseados por cualquier lector, el despacho.

Allí se mezcla el aire de estudio antiguo con el confort actual: un escritorio de madera, dos butacas retro, una gran estantería llena de libros, velas, cuadros y un espejo que juega con la luz y la sensación de amplitud.

Es el lugar donde escribe, pinta acuarelas y da forma a muchas de las historias que luego llegan a las librerías.

La cocina, integrada en el salón, sigue la misma línea: blanca, minimalista y moderna, con electrodomésticos panelados y una campana en el techo para ganar espacio.

Sobre el lienzo blanco, un cuadro de colores rompe la monotonía y recuerda que en casa de Máximo siempre hay espacio para el arte y el detalle inesperado.

Es una cocina pensada para tanto cocinar como para vivirla, con la ciudad desplegándose al fondo tras los cristales.

Más allá de la estética, lo que atrae de este piso es su narrativa: no es la típica casa de famoso, sino una vivienda clásica del centro transformada en un "pisito" lleno de personalidad, donde lo retro y lo moderno conviven sin esfuerzo.

Un hogar que demuestra que, con luz, buenos libros, algunos objetos con historia y una chimenea con charme, se puede convertir un apartamento pequeño en un escenario perfecto para la vida... y para una novela.