Alaska, 62 años

Alaska, 62 años

Corazón

Alaska, 62 años, sobre la longevidad: "Me levanto a las 6:58 de la mañana, como mal y a las 8 de la tarde ya estoy tonta"

La cantante explica cuál es su mejor rutina diaria para mantenerse en plena forma a su edad.

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Alaska (62 años) se mantiene joven a base de madrugar, controlar todo y aceptar que le encanta comer mal... para luego ponerse a "régimen" y a reconducirse.

Su fórmula no es perfecta, pero sí muy consciente: organización casi obsesiva, dietas fáciles de seguir, algo de gimnasio y una actitud mental lúcida y combativa ante el paso del tiempo.

Alaska no es noctámbula de sofá: "Me despierto a las 6.57 o 7.07", confiesa, con una precisión que muchos identifican como un toque maniática pero que ella asocia al control.

"Lo primero que hago es sentarme en el ordenador con la lista de cosas que tengo que hacer a lo largo del día", cuenta, dejando claro que vive a golpe de planificación.

Tanto es así que, a las 7:30, ya está "desayunada y preparada" para enfrentarse a ensayos, rodajes, entrevistas o viajes.

Después del desayuno llegan ducha, arreglo y recoger la casa: le gusta dejar el entorno ordenado antes de sumergirse en la jornada laboral.

En una conversación con Vanity Fair, la artista también desveló: "A las 8 de la tarde ya estoy tonta y me quedo delante del ordenador sin hacer nada".

La rutina de Alaska

Ella misma reconoce que necesita ese sistema para no perder el control. Si está todo organizado, el día fluye; si no; se siente desbordada.

Su gran batalla está en el plato. "Me gusta comer mal, básicamente", admite sin rodeos. "Para comer bien tengo que estar a dieta, porque si no, no como nada que realmente nutra un cuerpo", añade, describiendo una relación con la comida que ella misma define como una especie de obsesión.

No es la típica famosa que asegura "comer de todo y no engordar"; al contrario, lleva haciendo dietas desde los 12 años.

Alaska se describe como "mala comedora" y "esclava de las dietas": "Mi primera dieta la hice con doce años. Soy como los niños de ahora... Si estoy a régimen es como mejor como porque lo hago de forma equilibrada".

Cuando no está en modo cuidado, tira de bollería, refrescos, patatas y "guarradas" que sabe que no le convienen, pero que le resultan irresistibles.

Su truco más viral para ponerse a punto fue la famosa dieta del chocolate. "He adelgazado dos kilos y 100 gramos en cinco días gracias a la nueva ChocoDiet", explicó al presentar el plan, basado en productos de chocolate bajos en hidratos y cinco comidas al día.

"Mi experiencia ha sido estupenda, se trata de una dieta fácil y cómoda con la que disfrutas de cada una de las cinco comidas y todo sin renunciar a darte un capricho como el chocolate", contó, encantada con poder adelgazar sin renunciar a su debilidad.

Su lógica es clara. Necesita dietas sencillas y cerradas, que le marquen qué desayunar, qué picar y qué cenar, porque si tiene que decidir, caerá el "me gusta comer mal".

Su desayuno depende del momento: "Si estoy a medio dieta me como un biscote con aceite; si no estoy a nada de dieta me puedo comer un bollo o unos churros", detalla.

En los periodos más estrictos recurre a batidos proteicos o productos preparados; cuando se relaja, vuelven los desayunos "de bar" que tanto disfruta.

Por la noche, la cosa se complica. Si la dieta manda, se ajusta el menú; si no, se entrega al placer. "Llamo y que me traigan la mayor guarrada del universo", admite, porque durante un rato quiere "ser feliz" a base de comida reconfortante.

Así, entre madrugones milimétricos y dietas que le permiten seguir comiendo chocolate, Alaska ha construido una forma muy personal de mantenerse joven: no renuncia a lo que le gusta, pero tampoco se engaña sobre lo que necesita cambiar.